Suplementos | Los amas o los odias; son inmuebles que dan identidad a la ciudad Arquitectura, para mirar con otros ojos Los amas o los odias; son inmuebles que dan identidad a la ciudad y son puntos de referencia Por: EL INFORMADOR 28 de diciembre de 2014 - 07:06 hs Quizá el santuario chino sea el manifiesto arquitectónico más extravagante de Guadalajara y el más lejano a la cultura mexicana. EL INFORMADOR / GUADALAJARA, JALISCO (28/DIC/2014).- Rompen con la monotonía visual del panorama urbano. No se trata de los más modernos edificios minimalistas colmados de tecnología, sino de inmuebles que han sobrevivido —en algunos casos— a la ausencia humana, a la humedad que se cuela por los ladrillos y al transcurso del tiempo. O los amas, los odias o te son indiferentes. Pero por más exóticos que luzcan, siempre logran seducir a la vista por sus fachadas que inmediatamente trasladan a otra época, a la Guadalajara tradicional o incluso a aquella que sueña con ser vanguardista. Hay que estar atentos mientras se camina por la ciudad para encontrarse con esas gigantescas paredes que no tienen un estilo ni decoración común, pero sí el asombro y curiosidad que despiertan en las personas que deambulan por ahí. Los inmuebles hablan por sí solos de caprichos arquitectónicos que se transforman en palacios chinos, cúpulas abismales que retan a la gravedad, de legados familiares que decoran el exterior con barro quemado, o de fantasías que se construyeron bajo la inspiración de un castillo medieval. Algunas edificaciones no lograron ser culminadas con plenitud y se han quedado como cascarones de proyectos ambiciosos. Otras son rescatadas del olvido y revividas con pintura y cemento fresco en busca de oportunidad para ser habitadas nuevamente. Algunas simplemente ven pasar el tiempo. Cual sea el motivo para romper con el contexto habitacional de la ciudad, el arquitecto Fernando Brizuela explica que algunos de estos inmuebles han logrado mantenerse como referentes urbanos de la metrópoli, conservando intacta la rebeldía y aspiración a marcar diferentes parámetros en el legado arquitectónico de Guadalajara. Arte volcánico También conocida como Casa José Guadalupe Zuno —en honor a su original habitante, quien fuera gobernador de Jalisco a principios de los años 20—, esta finca de estilo neocolonial fue ideada por el arquitecto Arnulfo Villaseñor Carrillo, justo en los cruces de Av. Unión y con número 2226 en la calle Guadalupe Zuno, antes llamada Avenida del Bosque. Su peculiaridad radica en el forrado de tezontle, piedra volcánica jalisciense que cubre la totalidad del terreno que representa un cuarto de la manzana (dos mil 200 metros, aproximadamente). El acento artístico de su fachada recuerda la historia indígena de la metrópoli. Alternadamente, la estampa rojiza y volcánica se mezcla a intervenciones de cantera natural que ayuda a brindar un aspecto místico, gracias también a los frondosos árboles que rodean a la casa desde el exterior. Las sobresalientes columnas que levantan a la construcción juegan con las colocadas estratégicamente en el porche y las adosas en casa esquina de la casa. La cúpula infinita El Templo de la Divina Providencia demostró que el ingenio arquitectónico no está peleado con la religión. Lejos de apegarse al estilo gótico de las antiguas catedrales, este inmueble se aventuró al futurismo, a la transparencia y al minimalismo. Fue en 1952 cuando en el entonces barrio llamado Lomas Altas, se emprendió la construcción de una pequeña capilla —a cargo del cura Ledezma— que ahora goza de popularidad más allá de la devoción con la que sus feligreses acuden a misa diariamente al número 109 de la calle Corregidora, en la colonia La Loma. Su estilo arquitectónico modernista acapara la mirada de propios y extraños. El bautizado popularmente como el ''Templo del huevo'', aunque no lo parezca, está inspirado en las casonas europeas al reproducir idénticamente los arcos de cemento que elevan cuatro ventanales de vitrales de vidrio esmerilado y emplomados como se hacía en el siglo XIII. La intención es clara, dar la impresión de infinidad, porque se está ante un ser supremo. Aunque el proyecto nunca ha sido concluido, los marcos de carácter religioso que constituyen su base ofrecen un panorama exquisito a la vista con nitidez y colorido, dando por resultado un efecto óptico de elevación. La cúpula mayor que retoma las curvas de un huevo, alcanza una altura de 57 metros desde su centro, lo que genera que la peculiar construcción sea visible desde distintos ángulos de Guadalajara. Después de 10 años de iniciar la obra de cemento, el templo de la Divina Providencia fue nombrado parroquia el 25 de marzo de 1960, siendo Salvador Barba Adame el primer párroco a cargo. ¿En honor al Führer? En la calle de Francia, esquina con Av. Federalismo, las leyendas no descansan: hay quienes aseguran que en la casa de este lugar vivió un alemán que tras culminar la Segunda Guerra Mundial llegó a Guadalajara como refugiado en compañía de sus hijas. Su lealtad al llamado ''Führer'' sería la causa por la que la fachada del inmueble —marcado con el número 1333— fuera inmortalizada con una veintena de esvásticas que recuerdan el ideal político de Adolf Hitler. Las famosas cruces de brazos doblados en ángulo recto —girando hacia la izquierda— no dejan de llamar la atención al levantarse distribuidamente sobre las marquesinas de la pintoresca casa. Para el arquitecto Fernando Brizuela estas esvásticas no son necesariamente una referencia nazi, dado que este símbolo —para diversas culturas— está vinculado a una cosmovisión sobre la rotación del mundo y las estaciones del año. ''En la esvástica nazi, Hitler la giró entre 30 y 45 grados (girando hacia la derecha). Esta casa se construyó en la ciudad mucho antes de la Segunda Guerra Mundial, por el año de 1920'', explica Brizuela. Actualmente, la casa se encuentra en remodelación, y según informan los trabajadores que reparan el cuarteto de dormitorios y patios exteriores, el inmueble tiene ''su manita de gato'' para ser abierta al público bajo la modalidad, posiblemente, de un restaurante-bar. Artesanía viva (Casa Tlaquepaque) En 1934 inició la tradición de colgar todo tipo de artesanía en la fachada de la casa de la familia Mena Acosta. Fue el señor Isaac quien llegó hasta el corazón de Tlaquepaque para emprender el legado de alfarería que heredó a sus 18 hijos, que se dieron a la tarea de rendir homenaje a su fallecido padre colgando piezas de barro en los muros. Gloria Luisa, quien habita esta casa-galería, presume orgullosa el centenar de platos, floreros, gallos, vasijas, tazas, cazuelas, ollas y hasta nacimientos completos que luce la finca de la calle Juárez y Alfareros. Gloria asegura que las artesanías son hechas por miembros de la familia que han seguido el oficio, aunque han llegado visitantes, principalmente extranjeros, que se suman a la decoración regalando objetos. El castillo bohemio Sobre la calle de Libertad luce la pasión de Guillermo de Alba, afamado arquitecto que llevó a Guadalajara a la imaginación y evolución del cemento y el ladrillo. Fue en los años 20 cuando el creativo se adueñó de aquella arteria que hoy destaca por un estilo que va desde lo americano hasta lo medieval. Es justamente ''el castillo'' —de 1910— uno de los inmuebles que más llaman la atención. La casa no tiene nada de mexicano; de hecho, parece la victoriosa morada de un rey. Se trata del castillo, bañado por un bohemio tono ámbar, que se eleva entre columnas presumiendo las características torrecillas que durante la Edad Media se empleaban como cercos defensivos y como símbolo de la monarquía ahí habitante. Se dice que fue un regalo que el arquitecto hizo a su hija. El pastel multicolor(Templo de la Luz del Mundo) La imaginación no conoce límites, y eso probablemente lo constató Leopoldo Fernández Font. El arquitecto no tiene un ''no'' como respuesta cuando los retos urbanos tocan a su mente. Así es como ideó la construcción de la sede mundial de La Luz del Mundo, un templo que explora las curvas como símbolo de infinidad. El Templo de la Luz del Mundo, enclavado en el inicio de la calle Esteban Alatorre, en la colonia Hermosa Provincia, de Guadalajara, es de esos panoramas que son dignos de inmortalizarse en la memoria y en el asombro. Independientemente de la devoción y fe con la que sus ministros asisten a celebrar sus creencias, la arquitectura modernista y ecléctica del recinto es un referente indiscutible del avance urbano del hombre. Son 83 metros de altura lo que se erigen sobre el suelo, con una capacidad de albergar a más de 12 mil personas. Las leyendas sobre el significado del también llamado ''pastel'' —por su similitud al postre— son muchas, pero lo cierto es que la estructura blanquecina de sus muros exteriores representan un espectáculo cuando la noche cae y las paredes son iluminadas de tonalidades multicolor alternadamente entre sus siete niveles de elevación. Fue en 1983 cuando se colocó la primera piedra de este monumental recinto diseñado por Fernández Font, proyecto que sería terminado nueve años después, en 1992. El hecho de que el recinto no tenga una fachada ni orientación definida corresponde a la idea de ''eternidad e infinitud''. Es todo un capricho arquitectónico basado en la matemática perfecta, pues el templo tiene una cubierta trazada en ocho elipses concéntricas que desplazan progresivamente, además de tener cuerpos piramidales que van conformando la cúpula. El santuario chino Quizá sea el manifiesto arquitectónico más extravagante de Guadalajara, y por mucho, el más lejano a la cultura mexicana. La casa de estilo chino no necesita mayor presentación. Situada en el número 2150 de la calle José Guadalupe Zuno, la casa es obra de Juan José Barragán Morfín —hermano de Luis Barragán—, quien no dudó en dotar con un acento asiático a la entonces llamada colonia West End, ahora Americana, y que fue apropiada originalmente por Javier Aviña Bátiz, distinguido político que fue gobernador interino de Jalisco en 1939. La casa que simula la silueta de una pagoda rompe con las fachadas coloniales, americanas y europeas que Guadalajara construía a finales de los años 20. Este recinto que ahora da albergue a oficinas, tiene una ocupación de aproximadamente dos mil metros cuadrados, con 50 metros de frente a Guadalupe Zuno y 40 hacia la vecina ruta General San Martín, rescatando la antigua idea de proveer de amplios jardines en su exterior, y es protegida por una cerca baja. Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones