Suplementos | Punto de encuentro y al mismo tiempo, divino remanso urbano Alameda Juan Sarabia Punto de encuentro y al mismo tiempo, divino remanso urbano Por: EL INFORMADOR 30 de enero de 2016 - 23:59 hs Paz. La alameda Juan Sarabia, hermosa belleza tradicional. EL INFORMADOR / V. García Remus GUADALAJARA, JALISCO (31/ENE/2016).- Las avenidas potosinas: Constitución, Universidad, Manuel José Othón y la calle Guillermo Prieto, delimitan la regocijante “Alameda Juan Sarabia”. Juan Sarabia Díaz de León (1882-1920), desde su temprana edad percibió la injusticia que reinaba en el ámbito obrero y campesino, protestó por ello a través de la pluma, manifestándose en los periódicos, en 1899 fue director de “El Porvenir”. Después fue secretario del Club Liberal Ponciano Arriaga. Se sumó con Ricardo Flores Magón para fomentar el lema: “Tierra y libertad”. En 1902 fue hecho preso junto con Arriaga, después tuvo que exiliarse. Se solidarizó con Madero, en 1912 fue electo diputado y en 1920 senador, luchó por superar las condiciones infrahumanas de los trabajadores. Luego de mirar la imagen de la Virgen Morena, en su bonito Santuario, regresamos al centro por la Calzada de Guadalupe. Federico Monjaras Romo evocó: El capellán Agustín Arreola Moreno, desde el púlpito del Santuario de Guadalupe, se convirtió en elocuente conquistador de almas, como orador sacro. Nació en Unión de Tula, Jal. Formó en el Santuario, la congregación Mariana de jóvenes y la Adoración Nocturna en todo el Estado”. Por la Caja de Agua, un letrero de piedra dice: “ESTA CALZADA FUE CONSTRUIDA POR DISPOSICIÓN DEL EXMO. GRAL. DON ANASTASIO PARRODI, GOBERNADOR Y COMAN. GRAL. DEL DEPARTAMENTO. SE COMENZÓ EN ACTO. DE 1834 Y FUE TERMINADA EN MAYO DE 1855”. Por el Jardín Colón, una bizarra finca de dos pisos nos guiñó el ojo, sus corredores y habitaciones estaban animadas por hermosas artesanías: muebles, cuadros, rebozos, cerámicas, flores, máscaras, bolsas, tortilleros, morrales, talegas, huaraches, carteras, cinturones, crucifijos de caoba, baúles, estanterías, collares, pendientes, brazaletes, sombreros, cuchillos, jarapas, cestas, dulces, campechanas, mieles, mezcales y bastantes piezas más, nos encontrábamos en la fantástica “Casa del Artesano”. Detrás de cada pieza, la entrega de manos talentosas, creativas y entusiastas. Después de haber apreciado preciosas formas, adquirimos unas y luego caminamos por la calle 1º de Mayo hasta Constitución, la cual seguimos con dirección norte, una pintoresca finca nos detuvo para que la observáramos, su esquina de tres niveles, el primero con ventana arqueada, el segundo con balcón, donde dos altas puertas abren y el tercero con una ventana vertical, comprendida por una verdadera pirámide formada por los techos para nieve, donde sale un alto tiro. Le sigue una reja y la puerta, de forja, unas ventanas arqueadas miran al pequeño jardín, las de arriba con similar techo. Del costado izquierdo, sobresale una torre de planta cuadrada con alto techo piramidal, coronado por una veleta que apuntaba al oeste. Al acercarnos a la Alameda, otra atractiva construcción nos cautivó, con torre circular en su esquina, con dos miradores octagonales, con un vano arqueado por lado, el primero de mayor tamaño y el segundo fue cubierto por cúpula, con almenas en su desplante. La fachada que se asoma a la Alameda anuncia sobre una cornisa: TEATRO ALAMEDA. Inaugurado en 1941, la sala decorada por fachadas de diferentes estilos. Nos adentramos a la sombreada y agradable Alameda, de planta rectangular, dividida por cuatro rectángulos, en su centro una glorieta con el monumento de Hidalgo, cada rectángulo fraccionado con cortes diagonales a través de pasillos, que convergen con glorietas en su centro. Miramos el monumento a Hidalgo, que antes estuvo en la Plaza Hidalgo, hoy de Armas, trasladado en 1889. El pedestal de planta cuadrada, cubierto por mármol blanco, con guirnaldas y laureles, en su cara frontal con el año 1810 inscrito, el libertador de pie, con saco y capa, con el brazo derecho extendido y la mano izquierda con la abolición de la esclavitud. Ocupamos una banca y percibimos el sosiego del sitio, brindado por diversos árboles. Luego un pasillo nos llevó al kiosco, y a unos pasos vimos otro monumento, un busto sobre un pedestal curveado, donde se lee: Manuel José Othón 1858-1906, el poeta bien trajeado, mirando las formas de los follajes y de sus pajarillos, recordando, “Idilio salvaje”. Por Vicente García Remus Temas Pasaporte Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones