Suplementos | Los fumadores decimos: el café y la comida ya no saben igual A fumar a su casa Los no fumadores dicen: es cierto que desde que la norma entró en vigencia a Guadalajara, las emisiones de humo se han restringido sólo a las fábricas y a los autos que carecen de afinación Por: EL INFORMADOR 20 de septiembre de 2008 - 04:01 hs Los fumadores relativamente noveles de Guadalajara -los que tenemos menos de 25, o algo así- en más de una ocasión hemos escuchado a los adictos al tabaco ya entrados en años -los que rebasan los 40, o algo así- cómo cuentan que en antaño cualquier sitio era prácticamente bueno para fumar, salvo que, a juicio propio -cuando estaban cerca de algún quisquilloso, niño o enfermo, recuerdan-, consideraran que el echar humo no era lo correcto. Lo hacían en las oficinas, en los hospitales, en las plazas públicas, comerciales, en el transporte público, en el foráneo, sin ninguna ridícula orden que les restringiera el llevar un cigarro encendido entre los dedos. Qué tiempos aquellos. Sin embargo, a nosotros los noveles nos tocó la era de las campañas escolares para mantener a los jóvenes alejados de la nicotina, la del incremento al producto hasta dos veces por año -había quienes aseguraban que cuando costaran 20 pesos lo dejarían, y aun costando 25 siguen con el vicio-, la de las madres neuróticas que hacían revisión olfatoria a sus críos al llegar a casa; y, por supuesto, la de la malévola Ley Antitabaco, así en altas. Porque así de grande y castigadora es. Los no fumadores dicen: es cierto que desde que la norma entró en vigencia a Guadalajara, las emisiones de humo se han restringido sólo a las fábricas y a los autos que carecen de afinación; que -según eso- la comida en lugares públicos es más pura -como si sólo dependiera del cigarro-, y que la apuesta de la Secretaría de Salud por mantener a raya a los viciosos con el fin de que abandonen el cigarro de una vez por todas, probablemente se cumpla. Y que si quieren fumar, que se vayan a sus respectivas casas o a la banqueta. Los fumadores decimos: el café y la comida ya no saben igual, que ahí viene el invierno y será duro no tener un techo bajo el cual socializar cigarro en mano, y en general, una gran lista de quejas desde que nos tratan como apestados a donde vayamos. En fin. Todo sea por la salud pública. Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones