Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | Hemos llegado a extremos verdaderamente inauditos, que rayan en paradójicos

¿A dónde iremos a parar?

Desorientación y confusión que suscitan desconfianza, incluso en aquellos que son cristianos activos y practicantes

Por: EL INFORMADOR

    Hoy queremos hacer una reflexión, mas no desde nuestras propias ideas, principios o valores, sino de los que la Biblia --que es la Palabra de Dios y en la que está plasmado el plan de Dios para la humanidad-- enseña, los cuales son perennes.

     Hemos llegado a extremos verdaderamente inauditos, que rayan en paradójicos: por un lado exigimos al gobierno seguridad, combate efectivo a la delincuencia, especialmente a la organización, y por otro toleramos pasiva, indiferente e irresponsablemente un estado de cosas que no sólo la suscitan, sino que la multiplican exponencialmente.

     Cuánta tinta se ha gastado en periódicos, revistas, etc.; cuánto tiempo se ha dedicado en los medios electrónicos de comunicación, para tratar el asunto de la inseguridad, del incremento acelerado de delitos de todo tipo: extorsiones, secuestros, asesinatos, asaltos, etc. Lo mismo dígase de cuestiones tales como el aborto, la eutanasia, los “matrimonios” entre personas del mismo sexo y la adopción de infantes por éstos.

     Realmente hemos sido “bombardeados” con noticias de estos asuntos, y sin embargo pareciera que los cristianos fuéramos insensibles a todo ello. Y ¿lo somos? Y si es así, ¿por qué? Yo estoy seguro de que los verdaderos cristianos, los que realmente creen en Jesucristo y le creen a Él, a su Palabra, a su doctrina, al plan de Dios que Él vino a revelarnos --ese plan que incluye la visión antropológica cristiana--, no solamente lo son, sino que algo o mucho están haciendo al respecto. Los que dicen ser cristianos, pero lo son únicamente de nombre, están en el grupo de los insensibles; aparte de no hacer nada, se la viven criticando al gobierno, a la Iglesia y a sus pastores y a todos los que sí actúan.

     Existe un tercer sector: los que --aunque tienen una fe desarrollada, incipiente, debido a que no han tenido un encuentro con Jesucristo vivo, desconociendo su pensamiento, su Palabra y a su Persona, y llevando en su corazón la semilla divina-- sienten inquietud y hasta se preocupan por todo lo que sucede en este sentido, mas no se ocupan por hacer algo, entre otras razones, por la gran desorientación y confusión en que llegan a caer, ante las contradicciones que día a día se ven.

Desorientación y confusión que suscitan desconfianza, incluso en aquellos que son cristianos activos y practicantes, no digamos a este sector, dados los acontecimientos que resultan verdaderamente increíbles: Se hacen operativos de mucho revuelo para perseguir a peligrosos delincuentes, y resulta que entre los perseguidores están elementos aliados con los narcotraficantes, los secuestradores, etc. Se denosta a los criminales que le quitan la vida a sus semejantes, pero se aprueban leyes que van contra la vida y promueven la “Cultura de la Muerte”, como son el aborto y la eutanasia; o en contra de la ley de Dios y la ley natural; acciones que llevan a otro tipo de muerte, como es la de la dignidad humana, y sobre todo la muerte del espíritu, fruto de negar o rechazar a Dios y a su plan y sus designios. Entre ellas destacan las tan sobadas leyes que aprueban las uniones --mal llamadas “matrimonios”-- entre personas del mismo sexo, que pretenden que son normales y las han convertido en “derechos humanos”, cuando son actos totalmente inhumanos y por lo tanto inmorales.

     Y así cada día somos testigos de las más grandes incongruencias, que rayan en la brutalidad y nos hacen preguntar: ¿A dónde iremos a parar?

La historia nos puede decir mucho acerca de ello. Bástenos mirar cómo países enteros fueron destruidos por su propia corrupción, su pérdida de valores, su autodegradación y deshumanización, ya no digamos la pérdida de lo más valioso; su fe en Dios.

     Hoy Jesús --lo leemos en el Evangelio de la liturgia eucarística-- nos vuelve a decir: “Esfuércense por entrar por la puerta que es angosta”. ¡Ya basta, entonces, de transitar por tantas puertas anchas que llevan a la perdición!   

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx    

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