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Martes, 26 de Marzo 2019

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Una película de ayer

Por: EL INFORMADOR

Sabiendo mis preferencias, una sobrina me regaló el otro día una película que yo ya había visto hace muchos años, "Algo para recordar", por Gary Grant y Deborah Kerr.

Anoche, en vez de perder el tiempo aguantando el noticiario de las nueve de la noche —asesinatos, robos, secuestros, petróleo, líos políticos—, me dediqué a ver tal película, cuyo argumento no había olvidado, aunque sí muchos detalles.

Bien, pues tuve la sensación de haberme trasladado a otro mundo. ¡Cómo nos hemos transformado! La historia transcurre, en su mayor parte, en un barco que va hasta Nueva York. Gente rica, elegante, educada, aparentemente feliz. Y allí, un hombre —Gary Grant— y una mujer —Deborah Kerr— que viajan solos, se conocen, hablan, se simpatizan y se sienten enamorados tranquilamente uno del otro.

Lo curioso es que ambos van a Nueva York a casarse. A él le espera su prometida. A ella, su novio. Pero ninguno de los dos protagonistas siente ya el deseo de convertirse en el cónyuge pensado y deseado antes de conocer a la nueva pareja.

Lo que me llamó mucho la atención es la manera romántica y pacífica de amarse. Ese mismo argumento, expuesto con las características de las películas de hoy, se habría convertido en otra función. En el fondo latiría la misma preocupación, pero en la superficie del espectáculo, la expresión de ese amor habría sido diferente: brusco, apasionado, feroz.

¿Cómo es posible que así se haya transformado el lenguaje del cine? Ahora todo se presenta bruscamente, sin adorno poético, y generalmente ver una película actual resulta trabajoso y muchas veces desagradable.

Ésta de "Algo para recordar" termina bien. El espectador queda satisfecho. Apaga le televisión y se va a dormir. ¡Y duerme! La pacífica y agradable sensación que le ha dejado la película lo arrulla, vence el insomnio, mientras que las noches que se acuesta después del noticiario lleno de crímenes y mil delitos, son noches sin sueños. De ahí que se me ocurra recomendar a mis amigos que, antes de irse a descansar, elijan un programa de risa o romántico, sin tremendas tragedias, que vean cómo en el mundo también suceden buenas aventuras, y el recuerdo de las mismas les ayudará a dormir y soñar que viven episodios románticos y graciosos. ¡Qué bueno que es un buen sueño!, porque a pesar de la realidad que nos asusta, también tenemos cerca a gente buena y educada, lo que sucede es que nos aterra oír lo que nos cuentan a diario y nos desagradan muchos burdos espectáculos del cine y la televisión. Todo eso nos ha hecho desconfiados.

Nos aterroriza que nuestras esperanzas descansen sobre alguien; aunque lo conozcamos, tememos que nuestro conocimiento sea un error, tanto nos han modificado los horrores que oímos y vemos. Regresemos, si podemos, a la risa y a la paz.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com

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