Jueves, 16 de Octubre 2025
México | Doña Concha, ''La Samaritana'' de Querétaro

Una vida destinada a ayudar

Agentes de la AFI la detuvieron por ser “pollera”, salió libre al no comprobársele el delito

Por: SUN

Los centroamericanos recomiendan a sus compatriotas llegar a El Ahorcado. EL UNIVERSAL  /

Los centroamericanos recomiendan a sus compatriotas llegar a El Ahorcado. EL UNIVERSAL /

PEDRO ESCOBEDO, QUERÉTARO (05/DIC/2011).- Dos años y medio en la cárcel  acusada de ser “pollera” no quebrantaron la fe y la determinación de María Concepción Moreno Arteaga, conocida como “La Samaritana” entre los migrantes centroamericanos que pasan por territorio queretano, a quienes ella sigue ayudando con comida y, cuando tiene, con ropa.

Desde hace siete años, doña Conchita dedica gran parte de la tarde y noche en ayudar a quienes viajan hacia a Estados Unidos “montados” en el tren, cuyas vías pasan a 500 metros de su casa, en la comunidad de El Ahorcado, en el municipio de Pedro Escobedo.

Fue detenida el 9 de marzo de 2005 en su casa por una docena de elementos de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), precisamente cuando estaba dándole de comer a unos hondureños. La acusaron por el delito de tráfico de personas.

Recobró su libertad el 31 de septiembre de 2007 al demostrarse su inocencia, y en cuanto pudo reanudó sus acciones de apoyo a los centroamericanos en su paso por el pueblo, rumbo a la Unión Americana.

En Guatemala, Honduras y El Salvador, los que han viajado a Estados Unidos saben por experiencia que si el indocumentado llega a esta comunidad queretana y logra salir rumbo al Norte, “ya la hizo” y seguramente llegará al país del Norte.

En la delegación municipal tienen la estadística de que llegan a este pueblo alrededor de 70 centroamericanos en el transcurso de una semana, lo que no sucede ni en otras comunidades de la zona ni del Estado. Saben que ahí vive “La Samaritana”, frente a la telesecundaria.

“Hay aquí viviendo dos o tres muchachos centroamericanos que decidieron nacionalizarse mexicanos; platican que allá, en los pueblos centroamericanos, la recomendación es llegar siempre a El Ahorcado, porque dicen que la gente les ayuda mucho”, refiere un auxiliar municipal. La versión también la confirma Érika González, encargada de la tienda de abarrotes Súper Ahorros, quien dice que atiende, en promedio, a 100 migrantes a la semana.

Acusada por la PGR

Un día después de su detención, el 10 de marzo de 2005, la Procuraduría General de la República (PGR), mediante un comunicado, informaba de la detención y presentación de María Concepción Moreno Arteaga y de otras tres personas, “en cumplimiento al oficio 2593/2005 que giró el agente del Ministerio Público de la Federación, dentro de la Averiguación Previa PGR/QRO/QRO-I/201/2005, por violación a la Ley General de Población”.

“La Samaritana” —recuerda— no sabe cómo es que la relacionaron con esos detenidos en otro municipio queretano (El Marqués); el hecho es que elementos de la AFI llegaron a su casa, ubicada en la comunidad de Epigmenio González, conocida como El Ahorcado, en Pedro Escobedo.

Frente a la telesecundaria y en la puerta de su domicilio, María Concepción fue notificada y detenida.

La PGR consignó en su comunicado que “afuera del domicilio se encontraban seis personas de origen hondureño, las cuales no acreditaron su legal estancia en el país, por lo que fueron puestos a disposición del Instituto Nacional de Migración”.

El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, AC, promovió una campaña por su liberación, además de asumir la defensa jurídica de doña Concha, quien fuera sentenciada a seis años de prisión.

Salió de la prisión el viernes 31 de agosto de 2007 a las 19:00 horas, trasladándose de inmediato al Distrito Federal, de donde regresó el lunes 3 de septiembre alrededor de las 20:00 horas. El 4 de septiembre fue el primer día que pasó en su casa después de estar 29 meses en prisión.

“Seguiré apoyándolos”

“Gracias a Dios yo no tengo miedo y voy a seguir apoyándolos con lo poco que a mí me da, porque yo tampoco tengo; soy muy pobre, pero de lo poco que tengo se los voy a dar. Ropa y comida y que sigan su camino”.

Mamá de cinco hijos, abuela de ocho nietos y madre soltera “desde hace 23 años”, Concepción Moreno dice que el paso de migrantes rumbo al norte ha bajado últimamente. Sin embargo, lo único que le preocupa es poder atender a quienes pasen, sin importar la cantidad.

“Hace como un mes tuve 22 (centroamericanos) y apenas el sábado tuve cinco aquí (en su casa). Les di algunas camisas y zapatos”.

La casa de “La Samaritana” está construida dentro de un terreno familiar; en el cual también están las viviendas de dos de sus hijos que, a diferencia de la de ella, están construidas con ladrillo.

La suya es de cartón y láminas y se ubica hasta el fondo del predio familiar. Explica que no necesita nada más. Junto a un árbol que está a la entrada del terreno, se acumulan una veintena de bicicletas.

Son de los niños que vienen de la escuela de varios ranchos y comunidades cercanas. Doña Concha les permite dejarlas en su terreno que emplean como estacionamiento para evitar que se las roben.

“El Cristo de los Inmigrantes”

María Concepción Moreno Arteaga se ha encomendado a la imagen del “Cristo de los Inmigrantes” para seguir con su labor de auxiliar a quienes buscan el sueño americana. Concepción Moreno asegura que amparada en ese Cristo seguirá dándole la mano a la gente que pasa por su pueblo, además de entregarles la oración a la imagen protectora.

“Me lo trajo un señor sin conocerlo. Me dijo que él sufrió mucho como migrante allá en Estados Unidos; no podía conseguir trabajo, dormía en las calles. Lo llevó hasta allá y andaba cargando su Cristo por todos lados. Me dijo: ‘Es para usted especialmente’ y me lo dejó porque supo que ayudaba a los que van para allá”.

Moreno Arteaga expresa que es feliz con lo mucho que puede ayudar,  a pesar de sus carencias.

—¿Va a seguir dándole de comer a los migrantes centroamericanos, como lo hacía hace dos años y medio antes de ser detenida?

—Sí, dándoles su taquito, allá afuera, para que después sigan son su camino hacia Estados Unidos.

—¿Y si la vuelven a detener?


—Me sacarán otra vez de ahí; pero seguiré dándoles un taco, no creo que sea delito. Dijeran: “tiene cuartos para tenerlos ahí llenos de gente”, pues ¿dónde los meto?

El 23 de noviembre, el obispo de Querétaro de la iglesia católica, Faustino Armendáriz, inauguró y bendijo la primera Casa del Migrante que formalmente se instala en el Estado.

Afirmó que su labor como iglesia “es la de ser buenos samaritanos, de tal manera que atendamos al hermano que sufre. Queremos compartirles un pan, ropa, un techo donde puedan descansar, pero también queremos compartirles la palabra de Dios”; es decir, harán la misma labor que doña Concha, aunque a ella le costó pasar dos años y medio en la cárcel.

En México todos nos discriminan
Menor nicaragüense espera volver a su país

TAPACHULA, CHIAPAS.-
No quiere decirlo. Pero al final lo admite. Tiene 15 años. Dice que se quiere ir cuanto antes de México “porque todos los mexicanos son unos desgraciados”.

No le importa si unos lo son y otros no. Lo que sabe es que perdió a sus padres, y luego murió su abuela y por eso decidió migrar hacia México. Salió de Nicaragua en septiembre pasado.

Después una señora, ya en México, lo invitó para que trabajara en su comedor. Le dijo que lo iba a ayudar a llegar a Estados Unidos. A su padre lo mataron en una finca, a su mamá en un bar. Tenía dos años cuando asesinaron a su padre, y 13, a la muerte de su madre.

Actualmente permanece en el Módulo de Atención del DIF, en la Estación Migratoria de Alta Seguridad. Su situación está por resolverse. Es posible que pida refugio, pero en México no quiere quedarse. No cuenta con papeles de identificación. Asegura que la señora del comedor se los robó. Tampoco hay familiares que lo reconozcan. Sabe que tiene otros hermanos pero no los conoce.

“Yo tenía hambre. Llegué a México pero no encontraba trabajo. Pasé mucho frío. Esta señora, la dueña del comedor, me dijo que la ayudara con los trastes. Me iba a pagar 30 pesos diarios; pero al segundo día comenzó a golpearme”, dice mientras mira y limpia sus uñas todo el tiempo.

A su madre la mataron cuando él tenía 13 años, pocas semanas después murió la abuela con la que vivía. Tenía cáncer.

Después le entregó 10 mil pesos a unos “amigos” para que “lo trajeran” a México. Éstos se fueron. Desaparecieron. Lo dejaron en Ciudad Hidalgo, Chiapas. No tiene estudios. Pasó 15 días con la mujer del comedor, hasta que una tarde ella le pidió unas fotocopias.

“Me tardé en regresar, ella me tenía amenazado de muerte, y cuando llegué al comedor me aventó una pedrada y me rompió el brazo. Después otros me llevaron al hospital, y ahí fue cuando dije todo lo que me hacía esta mujer. Le hablaron a una patrulla. Me llevaron con la mujer para que declarara. Ella les decía: ‘A ustedes no les tengo miedo y háganle como quieran con ese catracho’”.

“En México me discriminan. Mejor me regreso a Nicaragua. Si sigo para adelante me va a tocar gente mala como los mexicanos”, concluye mientras toma un papel blanco y comienza a dibujar la bandera de Nicaragua, con la mano en la quijada. Indispuesto. Malhumorado. Sin hablar con ninguno de sus compañeros.

Juan José Moreno Razgado, director del módulo del DIF, de la Estación Migratoria Siglo XXI, en Tapachula, asegura que es fundamental dar contención emocional a este joven cuyo nombre se omite para su protección. “Ellos sólo cometieron una falta administrativa. No debe considerárseles como ilegales. Solo han viajado de manera informal y sin papeles; y lo único que el Estado mexicano procura es que estos niños, niñas y adolescentes que migran solos tengan una repatriación segura”.

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