Domingo, 19 de Mayo 2024
México | TRIGO SIN PAJA POR FLAVIO ROMERO DE VELASCO

Temas para reflexionar

Los Estados Unidos y México saben y entienden que están condenados a vivir uno junto al otro

Por: EL INFORMADOR

Flavio Romero de Velasco.  /

Flavio Romero de Velasco. /

En una carta de Abraham Lincoln a un senador colega suyo, critica acertadamente la guerra contra México por considerarla injusta, y hace un llamado a la conciencia del legislador instándolo a oponerse a que se siguieran aprobando fondos a campaña tan inicua.

Decía Lincoln: “Aquél que diga que esta guerra no es de agresión expansionista, me hace recordar al hacendado de mi Estado que siempre andaba en pleitos para quitar la tierra a los vecinos.

Decía que no era cierto que quisiera tener unas tierras, sino únicamente las que colindan con su propiedad”. Hace ya 160 años que el insigne estadista hizo esta crítica a su país, y sigue teniendo vigencia para los mexicanos este reproche sensato de uno de los hombre más esclarecidos de Norteamérica.

Los Estados Unidos y México saben y entienden que están condenados a vivir uno junto al otro.

Es de preguntarse qué sentido tiene la democracia nacional, si las grandes decisiones económicas y financieras tienen un carácter trasnacional.

Estas trascendentes decisiones se toman en latitudes distintas y lejanas de donde se van a aplicar y, como valor agregado, las toman personajes no electos, sino designados.

La mera prolongación de la vida resulta inútil, cuando la sola pretensión de agregar más años a la existencia es empeño vano y propósito absurdo con un cuerpo debilitado por la enfermedad y el dolor, el desánimo y la desesperanza.

En situación tal, se aspira más a la paz del sepulcro que a las dichas de la vida.

En la retina de la memoria debemos retener estampas e imágenes dignas de ser recordadas para alivio de las tristezas de la vejez.

Los Estados Unidos de motu proprio, al margen de la comunidad internacional representada en la ONU, decidieron emprender contra Iraq una guerra con la sola compañía de sus adláteres británicos y españoles.

La soberbia imperial fincada en un armamentismo inimaginable los ha conducido a una aventura cuyas consecuencias están a la vista.

No les ha bastado la amarga experiencia en Vietnam, de donde salieron con su orgullo a rastras. Quien crea pantanos se hunde en ellos.

Cuántos ensoberbecidos funcionarios de ayer y hoy harían suyas las palabras de su Alteza Serenísima Antonio López de Santa Anna, supremo comediante de nuestra historia: “Mexicanos, no me merecisteis”.

Uno de los grandes enajenados de la historia, Adolfo Hitler, dijo, y no sin razón, que la inteligencia de las masas es pequeña, y grande su capacidad de olvido.

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