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Miércoles, 20 de Noviembre 2019
México | Procuraduría General de la República

Corrupción y narco vulnera centro de arraigos

Ni la llamada Operación Limpieza del año pasado detuvo a los policías federales para aceptar los sobornos y compra de favores de los capos del narcotráfico

Por: SUN

CIUDAD DE MÉXICO.- Desde bombones y chocolates para la Miss Sinaloa hasta servicios de prostitutas por 20 mil pesos se podían tener en lo que fue el Centro Nacional de Arraigo de la Procuraduría General de la República (PGR), actualmente denominado Centro de Investigaciones Federales.

Ni la llamada Operación Limpieza del año pasado detuvo a los policías federales para aceptar, por lo menos hasta abril pasado, los sobornos y compra de favores de los capos del narcotráfico que llegaron ahí para cumplir sus arraigos e incluso planear su fuga.

Un testigo protegido de la PGR y cuya clave es “Guadalupe” reveló que cuando fue trasladado en un vehículo al centro de arraigo, un agente federal se le acercó para proponerle: “Si se te ofrece comida de la calle, cigarros, una llamada por celular o lo que sea, avísame a mí o al jefe del piso de donde estoy, que es el tercero”. El colaborador de las autoridades aseguró que a él no se le ofreció nada ni compró favores, “pero podía ver que otros arraigados como el novio de la Miss Sinaloa mandaba a pedir para ella dulces, palomitas, chocolates, paletas, chicles y por eso pagaba una cantidad que nunca supe cuánto era”.

Otro testigo protegido, identificado como “Conde”, dijo a los fiscales que cuando compartió en el Centro Nacional de Arraigo la habitación 306 con Gerardo González Benavides, “Tony la mentira” o “La Bitch”, éste le avisó que había forma de ingresar teléfonos celulares o radios Nextel si pagaba una cuota de 20 mil pesos. Incluso, el primo hermano de Édgar Valdés Villarreal, “La Barbie”, explicó al ahora colaborador de la PGR que existían tarifas para ingresar cualquier objeto a ese lugar, según consta en el expediente PGR/SIEDO/UEIDCS/144/2009 al que tuvo acceso EL UNIVERSAL.

Los precios fijados a cada artículo que era introducido ilegalmente variaban y sólo estaban disponibles para los arraigados con poder económico. Por ejemplo, si se quería que la visita de los familiares fuera fluida, para acelerarla se pagaba una cuota de mil pesos a los agentes que recibían las identificaciones en el puesto de acceso a ese centro. Así, según le diría el cómplice de los Beltrán Leyva a “Conde”, la familia no batalla en ingresar y pueden entrar entre los primeros para alcanzar sillas en la sala de espera.

Para meter alimentos como el pollo frito o hamburguesas de marca, refrescos o hasta tacos de arrachera cada vez que se quería, los precios que pedían los comandantes o “Ecos”, como también se les identificaba a los jefes de cada piso, variaba de 12 mil a 20 mil pesos.

Mujeres y alcohol, con horario


Sin embargo, la compra fuerte de “favores” a los agentes federales estaba con el ingreso de bebidas alcohólicas y mujeres, para lo cual incluso se habían fijado horarios. Por pasar una botella de licor se pagaban 5 mil pesos y para sostener relaciones sexuales la cuota era de 20 mil pesos, lo cual se podía realizar entre las 22:00 horas y la medianoche.

Las mujeres y las botellas se ingresaban hasta la habitación de quien hizo el “arreglo”, según el testigo “Conde”.

Para no caer en indiscreciones o provocar alguna fuga de información, los mismos agentes que metían las bebidas alcohólicas en bolsas de plástico, a la hora que terminaban las “reuniones”, también retiraban la basura del lugar, dijo el testigo. Incluso, tenían una zona “VIP” en el cuarto piso que no se utilizaba para arraigados, pero si se presentaba la ocasión y se quería privacidad, se podía acceder con el pago de 20 mil pesos.

Así y aún cuando no se pasaba el efecto de la investigación llamada Operación Limpieza, la cual provocó en octubre de 2008 uno de los mayores escándalos de corrupción al poner al descubierto la infiltración del cártel de los hermanos Beltrán Leyva en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), nuevamente se puso en evidencia que el Centro Nacional de Arraigo padecía mismo mal.

La corrupción llegó a tal punto que en ese mismo sitio se planeó la fuga que pretendió realizar Gerónimo Gámez García, “El Primo”, familiar de los hermanos Beltrán Leyva y operador logístico y financiero de ese grupo criminal en el que desarrollaba funciones de trasiego de droga de Colombia hacia México y a Estados Unidos. Del plan para liberarlo supo el colaborador de la PGR unas horas antes del 18 de abril, cuando se le trasladó y se frustró su rescate en Nayarit, acción en la que murieron ocho servidores públicos, dos estatales y seis de nivel federal.

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