México | Organizaciones siembran el terror en los caminos de Tamaulipas Cárteles vuelven a reclutar a gente que viaja en camiones Tanto Los Zetas como el cártel del Golfo retoman los 'levantones' Por: EL INFORMADOR 5 de octubre de 2014 - 01:18 hs La masacre de San Fernando, cuatro años después, aún no está esclarecida del todo. Todavía hay cuerpos sin identificar. EFE / CIUDAD DE MÉXICO (05/OCT/2014).- Las poblaciones ganaderas de Estación-Manuel y Aldama distan 37.5 kilómetros. El recorrido en carretera requiere, por término medio, 27 minutos. Es un trayecto corto y un poco tortuoso pero que, con los nuevos autobuses de línea (internet, sanitario…), resulta sumamente cómodo, a no ser que el viajero vea interrumpida su cabezadita por el asalto de un grupo de encapuchados dispuesto a darle un billete al infierno. Tres veces, según la Policía Federal, ha ocurrido esto en dicha vía en las últimas tres semanas. Y lo que ha desatado la alarma no ha sido que ocurriese en la convulsa Tamaulipas, donde el narco tiene en jaque al propio Ejército, ni que en ocasiones se desvalijase milimétricamente a los ocupantes de los autobuses, sino que el objetivo final del ataque fuese reclutar por la fuerza a pasajeros para engrosar las filas de los cárteles. La espeluznante práctica ha empezado a extenderse por todo el Estado, fronterizo con Texas. “No son robos. Estamos ante grupos delincuenciales que quieren hacerse con gente”, ha resumido ante los medios el coordinador estatal de la Policía Federal, Luis Norberto Montoya. Las víctimas suelen ser inmigrantes centroamericanos sin papeles que buscan alcanzar la frontera con Estados Unidos. La autoría de los asaltos se la reparten los Zetas, antiguos desertores de las tropas de élite mexicanas, y el antaño todopoderoso cártel del Golfo. En esta feroz guerra, el control de las carreteras, principal paso de droga e inmigrantes, es un elemento básico. Cientos de sicarios las vigilan. Salvo en los esporádicos y brutales enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, se mueven por el asfalto sin problemas. A veces se visten de policías y despliegan falsos retenes, otras secuestran a plena luz del día, con tranquilidad, sin alharacas. Este fue el caso registrado hace tres semanas con un autobús que cubría el trayecto Ciudad Victoria-Matamoros. Sobre las cinco de la tarde, según la reconstrucción que dieron los pasajeros posteriormente, el vehículo sufrió una avería en una llanta. Cuando el conductor estaba reparándola, una pick-up paró con suavidad y su sonriente conductor se ofreció a echar una mano. El chófer se negó a dejarse ayudar. A los 10 minutos, el amable joven regresó, acompañado de otros dos pick-ups y una decena de hombres armados y menos sonrientes que su guía. Para algunos viajeros la vida tomó un desvío inesperado. Dos sicarios subieron al vehículo. De la veintena de ocupantes seleccionaron a seis jóvenes y los hicieron bajar. Al resto, les conminaron a quedarse quietos. Los secuestrados fueron obligados a arrodillarse sobre el asfalto y les taparon las caras con sus propias camisetas. Luego, les subieron a las pick-ups y se los llevaron a su nuevo destino. Cuando se perdieron de vista, como recuerda un testigo presencial, nadie dijo nada. En silencio, el chófer arregló la avería. El viaje siguió hacia su destino. “Estábamos aterrorizados y enmudecidos”, relató un viajero. Paradójicamente, esta escalofriante modalidad de reclutamiento ha sido interpretada por la Policía de forma positiva: como el reflejo de la progresiva debilidad de las organizaciones criminales. “Indica que les estamos ganando el terreno”, señaló el comandante Montoya. Bajo este planteamiento, los cárteles, exhaustos por años de combate frontal con el Ejército, y desangrados por sus propias luchas fratricidas, estarían recurriendo a todo tipo tácticas para reabastecerse de personal. En la primera semana de septiembre, se reportaron al menos tres asaltos a autobuses en el tramo Aldama-Manuel. Sin embargo Montoya afirmó: “(En las redes sociales) se manejó como asalto, “pero en realidad no asaltaron a la población. “Son de los grupos delincuenciales que quieren hacerse de gente”. Las cifras de abducidos en las últimas semanas no se han hecho públicas, aunque fuentes cercanas a la Policía las sitúan en una veintena. Su destino, ir a campos de entrenamiento y acabar como sicarios o guardaespaldas. Con información de El País La Entidad fue militarizada en mayo El rebrote de esta modalidad de reclutamiento forzoso está estrechamente relacionado con la descomposición que carcome Tamaulipas, un Estado que apenas suma el 3% de la población mexicana, pero donde se concentran cerca del 30% de los secuestros. Ubicado en la frontera con Texas, el territorio es un paso natural para el intercambio de mercancías con Estados Unidos, pero también, por esa misma razón, uno de los campos de batalla más cruentos del narcotráfico, especialmente entre el cártel del Golfo y Los Zetas. El resultado de esta guerra sin cuartel ha sido la casi completa destrucción de la autoridad local. Ante este deterioro, el Presidente Enrique Peña Nieto, ordenó en mayo la militarización de la seguridad en el Estado, y el desmantelamiento de sus más de 40 cuerpos policiales por sospechas de connivencia con el narco. Desde entonces, se ha mantenido un soterrado combate, del que apenas informa el Gobierno, pero que aún no ha logrado erradicar el terror. O como dice un chófer de autobús que cubre una línea desde el Distrito Federal hasta Tamaulipas: “Aquí cada quien cuida su propio pellejo; la verdad es que yo no voy a hacer de héroe. A fin de cuentas ellos tienen las de ganar”. Con información de El País La historia se repitió en 2011 A menos de año de la matanza de 72 inmigrantes en San Fernando la historia se repitió, sólo que esta vez los cuerpos fueron enterrados. Desde el6 de abril en los medios de comunicación comenzaron a publicarse noticias sobre la localización de cuerpos en el tristemente célebre San Fernando. Los días pasaron y la cantidad de cadáveres extraídos también fueron en aumento. El conteo oficial fue de 193 muertos en al menos 50 fosas clandestinas. En los primeros días, Morelos Canseco Gómez, entonces funcionario de la Secretaría de Gobernación estatal, manifestó que estas personas fueron presuntamente secuestradas de un autobús de pasajeros. La empresa Ómnibus de México había levantado una denuncia de los hechos el 24 de marzo. El temor se volvió a apoderar de la gente, lo que provocó que todas las líneas de autobuses suspendieron sus rutas nocturnas sobre Tamaulipas. “Han estado modificando nada más los horarios de corridas, desprotegiendo un poco el horario nocturno, pero acomodando todo en la mañana para seguir brindando un servicio”, dijo el 12 de abril de 2011 Francisco Efraín Navarro Uribe, administrador de la Central de Autobuses de Reynosa. “Querían que trabajáramos para ellos” En la masacre de San Fernando ocurrida el 21 de agosto de 2010 dos personas sobrevivieron. Una de ellas fue un inmigrante ecuatoriano de sólo 17 años que contó lo sucedido. El joven dijo que los amarraron de cuatro en cuatro, y que les comenzaron a disparar. Sus amigos, cinco de la misma nacionalidad, murieron, él resultó herido, pero se hizo pasar por muerto. “Cuando se fueron, esperé dos minutos y me levanté. Salí de la casa. Caminé toda la noche. Pedí ayuda a dos hombres, pero no me quisieron ayudar”, contó el sobreviviente a la cadena GamaTV de su país. Asegura que siguió caminando hasta las siete de la mañana, cuando se encontró a los marinos, a quienes les pidió ayuda y les contó lo sucedido. Los elementos se trasladaron a la bodega mencionada por el sobreviviente, estaba dentro de un rancho abandonado, ahí encontraron 72 cuerpos (58 hombres y 14 mujeres), todos de inmigrantes centro y sudamericanos que pretendían llegar a Estados Unidos. El joven ecuatoriano de 17 años contó a la televisión de su país que no les pidieron dinero. “Sólo nos preguntaron si queríamos trabajar para ellos y nadie quiso”. Dice que ante la negativa Los Zetas comenzaron a matarlos. El menor narró que hubo otro sobreviviente, un hondureño que se escondió entre los matorrales, y que no resultó herido. “Se fue por otro lado porque pensaba que (yo) no iba a sobrevivir”. El 15 de octubre de ese año, el entonces vicecanciller hondureño, Alden Rivera, confirmó que uno de sus compatriotas también sobrevivió a aquella matanza, y que ya estaba bajo protección gubernamental en su país. Su identidad, como era de esperarse, se mantuvo bajo sigilo para evitar represalias. Un inmigrante ecuatoriano narra como fue la matanza de agosto de 2010 Temas Crimen Organizado Tamaulipas Lee También ¿Qué representa el amparo de Bermúdez Requena para la FGR? 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