Lunes, 13 de Octubre 2025
Jalisco | La ruta 622 es escenario de acoso físico y exhibicionismo

Testigos guardan silencio ante acoso sexual

La ruta 622 es escenario de acoso físico y exhibicionismo

Por: EL INFORMADOR

Los pasajeros de la ruta 622 hacen gestos de desaprobación ante el exhibicionismo, pero nadie hace nada. ARCHIVO /

Los pasajeros de la ruta 622 hacen gestos de desaprobación ante el exhibicionismo, pero nadie hace nada. ARCHIVO /

GUADALAJARA, JALISCO (03/JUN/2013).- Su reacción fue impredecible. Difícilmente se calcula cómo va a actuar una cuando un hombre le aprieta el trasero con fuerza. Perla se quería bajar de la ruta 622 cerca de la Avenida Washington y al pararse a timbrar recibió el agarrón. Se le fue a gritos y golpes, y el resto de las personas que estaban ahí lo único que hicieron fue mover los ojos para ver mejor el acto.

El hombre era alto, rubio y de talla grande. Estaba sentado en la fila de atrás y junto de él los asientos estaban ocupados por jóvenes que se dedicaron a ver en silencio.

Los gritos de Perla hicieron que el hombre se pusiera colorado. Respondía con insistencia que él no había hecho nada; luego ella empuñó sus manos y se le dejó ir con golpes en la cara. El hombre dejó las palabras por la fuerza física y le levantó la mano como preámbulo de una bofetada.

La joven de 21 años se retiró rápidamente sobre el pasillo y fue con el conductor. La única respuesta que obtuvo, lejos de las palabras, fue de unos hombros encogidos. Al momento le pidió bajar, a ella le urgía retirarse de ese lugar.

Era más el coraje que cualquier sensación de asco o repulsión. Tanto fue el enojo que Perla lloró en su casa. De ese episodio dos recuerdos le hacían presionar los puños: no alcanzó a darle su merecido a ese hombre, y nadie alrededor dijo ni hizo algo.

Todos vieron al exhibicionista, nadie reclamó


El exhibicionista tenía rutina: prefería la ruta 622 con dirección a la Glorieta La Minerva alrededor de las 4:00 de la tarde. Se subía como cualquier usuario. De su pantalón de mezclilla sacaba los seis pesos exactos y desde el momento de pagar buscaba asientos en los que estuvieran desocupados los dos lugares. Se sentaba. Ahí se bajaba el pantalón y buscaba miradas.

Fátima también tenía rutina: de lunes a viernes, después de la preparatoria, tomaba la ruta 622 para llegar a sus clases de francés. Subía sola al camión y se sentaba lo menos atrás posible. A la cuadra siguiente subía el exhibicionista. Siempre a la misma hora.

El hombre procuraba asientos en puntos medios de la unidad, con vista al mayor número de personas. Se sentaba. Esta posición le facilitaba deslizar sus prendas de la cintura para para abajo, cuando decidía que era el momento de mostrar todo lo demás. Usaba camisetas sin mangas que dejaban ver sus músculos marcados mientras movía infatigablemente su mano derecha.

Quienes iban con acompañante hacían gestos y comentarios de complicidad y desaprobación. Fátima nunca tuvo con quien compartir esa sensación de terror combinado con asco cuando de sorpresa, al girar su cabeza, veía al exhibicionista. Se volteaba rápido. Trataba que su mirada fuera ignorante de esa imagen. Como lo hicieron el resto de los pasajeros las dos ocasiones que Fátima coincidió en el camión con el exhibicionista. El conductor en turno nunca se dio cuenta y nunca nadie hizo algún reclamo.

EL INFORMADOR / ALEJANDRA PEDROZA

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