Domingo, 26 de Octubre 2025
Jalisco | Los que quieren ser fotografiados, es porque se quieren y van a durar muchos años juntos

Medio siglo mirando por una lente en crisis

Anastasio casi adivina el futuro de las parejas que retrata. Ha visto evolucionar los rostros de los visitantes al Centro tapatío, y seguirá ahí hasta que la fuerza le alcance

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Son tantas las parejas y familias que ha fotografiado en cincuenta años, que dice saber con seguridad cuáles envejecerán juntos, tendrán un buen fin, o sencillamente se separarán o pelearán encarnizadamente por intereses particulares como los bienes domésticos. “Se les nota al instante. Los gestos, las prendas, la conversación”, aunque “por lo regular, los que quieren ser fotografiados, es porque se quieren y van a durar muchos años juntos”.

De igual modo, a él ni le va ni le viene, “sólo tomo las fotos que me piden los turistas y ya”. Algunas son monótonas, ordinarias, como las miles de personas que todos los días visitan la plaza Tapatía; otras exóticas, como las de una mujer besándose con una persona de su mismo sexo, y que al ser escudriñada por la mirada de Anastasio González Flores, resultó ser “una artista de la televisión de cuyo nombre no puedo acordarme”.

Fue el mejor trabajo que encontró al llegar a Guadalajara, proveniente de la Ciudad de México a sus 17 años, en 1956; y que hasta ahora lo ha mantenido para sustentar la casa que forjó con su esposa y seis hijos, “los cuales ya son independientes, cada uno por su lado, haciendo lo que les gusta”.

Las opciones reales, “además de bailarín de mambo” para dar un sustento al hogar, son “trabajar como vigilante o velador, pero prefiero andar acá en la calle, tener mi autonomía y ser dueño de mi fuerza de trabajo”; no obstante, la cantidad que puede obtener varía, y tiene la presión diaria de “darle a mi vieja 200 pesos pal’ chivo; ya ves como son… por fortuna, pues es buena para estirar la feria, hace de comer económico pero sabroso, a veces carne con chile, o chile con carne”.

“Flores González Anastasio”, responde al preguntarle su nombre. Primero el apellido paterno, como aprendió en el Colegio Militar, y después la cortesía y el humor que le ha legado la vida. No siempre se dedicó a la fotografía. Antes, se profesionalizó en el uso de la imprenta, la prensa y el torno, pero “caí en esto de la foto por una borrachera, llegando aquí a Guadalajara, conocí el barrio de San Juan de Dios, y una noche, un gringo me prestó su cámara para tomar fotos instantáneas, vi que se podía sacar dinero de eso, y acá ando”.

Desde esa noche de 1956 y hasta hoy, Anastasio atestigua el cambio en los rostros de los visitantes del Mercado Libertad, y años después en la plaza Tapatía, uno de los fenómenos urbanísticos más caprichosos del Gobierno de ese momento. Todas las mañanas, después de acompañar a su esposa al mandado, Anastasio prepara su mochila con su cámara digital “comprada con el esfuerzo de años”, se prepara un lonche de carne con chile (el platillo que más le gusta) y sale del empedrado barrio de Las Juntas, al Sur de la ciudad, en donde comienza la avenida Gobernador Curiel, para abordar con descontento el Macrobús, porque “nos están cobrando más de lo que antes pagábamos los adultos mayores”, y llega a la plaza Tapatía.

En un fin de semana, Anastasio puede tomar con suerte 15 fotografías a 30.00 pesos cada una, aunque lamenta que entre semana, a veces no logra retratar a cuatro personas.

“La ventaja es mi jornada, esa yo la defino. Llego al mediodía y me voy a las siete de la tarde, o hasta donde alcanza la luz del sol para poder tomar una buena foto. Una buena foto es importante, porque es el legado que le vas a dar al turista, la pondrán en la sala de su casa o recámara, algunos la archivarán junto a las fotos de otros viajes, pero no por eso deja de ser importante. Por 30.00 pesos, la gente que se toma aquí una foto, se quedará con un recuerdo vivo que lo acompañará toda la vida, ¿cómo la ves?”

Así de serio toma su digna profesión, y por eso muestra un permiso otorgado por el Ayuntamiento de Guadalajara, para dedicarse a ella en la plaza por un pago de 140.00 pesos al mes; aunque lamenta que “hay abusivos que vienen y no pagan y no es justo pues porque tenemos ya muchos años aquí utilizando la plaza y con papeles en regla como para que venga gente oportunista”.

A sus 70 años de edad, Anastasio padece de una hernia y dolores en la columna, pero no lo suficiente para seguir desempeñando la profesión por la que ha sacado adelante a sus hijos y a su esposa Claudia; “hasta que la  fuerza me alcance, no hay de otra”.

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