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Martes, 19 de Noviembre 2019
Jalisco | Por Juan Palomar Verea

La ciudad y los días

La inteligencia de la ciudad

Por: EL INFORMADOR

Inteligir algo es entenderlo. La base de una acción adecuada y eficaz (inteligente) está en la comprensión cabal de la problemática que se enfrenta. Y, para ello, se requiere un mínimo de rigor intelectual, de lucidez y de información suficiente. Para el muy complejo caso de las ciudades estas condiciones se vuelven absolutamente indispensables.

¿Por qué, por ejemplo, adoptar una estrategia y no otra? ¿Por qué impulsar ciertas medidas y proyectos entre las posibilidades existentes? Por supervivencia, en primer lugar. Porque lo peor que puede suceder ante el deterioro urbano que experimentamos es quedarse inertes y permitir que las cosas rueden irresponsablemente. Esta actitud solamente favorece al estatus quo imperante, a las minorías que se ven favorecidas por la situación o se aprovechan de ella. Y perjudica al resto de la población, la inmensa mayoría, que ve deteriorarse su calidad de vida.

La dispersión de las ciudades contemporáneas es uno de los males que con mayor agudeza aquejan su buen funcionamiento. Existe un consenso generalizado entre los estudiosos serios de las problemáticas urbanas acerca de la necesidad de revertir y frenar este fenómeno. La dispersión provoca una serie de trastornos al organismo citadino: se desperdicia el mayor bien físico con el que la comunidad cuenta: su propio territorio. Se provocan y se acentúan las desigualdades y la segregación social. Se genera un grave deterioro ambiental, se alteran los ciclos ecológicos, se arruinan muchos entornos naturales, se pierden valiosísimos terrenos de cultivo en la necesaria proximidad de las ciudades. Además crecen exponencialmente los tiempos de traslado, con lo que se desperdicia el irrecuperable y precioso tiempo de la población.

La dispersión urbana es socialmente injusta, ecológicamente insostenible y económicamente deficitaria. En la Zona Metropolitana de Guadalajara corremos el grave riesgo de ver profundizada esta problemática.

Simplemente un dato: en la periferia urbana están constituidas ya reservas urbanas que representan tres veces más área de la requerida por la ciudad para todo su futuro crecimiento. Esto ha sido propiciado por la especulación y la falta de políticas urbanas adecuadas.

Es preciso densificar racional y adecuadamente la ciudad. Utilizar los grandes baldíos intraurbanos y alentar, cuidadosamente, la utilización de la construcción vertical en términos sustentables y respetuosos de sus contextos.

Es necesario encontrar niveles de densidad habitacional que sostengan adecuadamente los servicios requeridos, aprovechen las infraestructuras y equipamientos de las áreas centrales, posibiliten un mayor grado de conectividad y convivencia para los ciudadanos. En resumen, densificar –siempre adecuada y sosteniblemente– posibilita una mejor calidad de vida para todos los habitantes de la urbe. Nada más lejano al hacinamiento que una densificación adecuada, que permite contar con espacios privados de buena calidad y con mayores y mejores espacios públicos. Y con servicios suficientes y económicos.

Es indispensable entender cabalmente lo que está en juego: el beneficio de la comunidad, la viabilidad de la ciudad como un territorio digno y propicio para sus habitantes.

jpalomar@informador.com.mx

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