Jalisco | María Graciela Espinosa Rivera es una trabajadora de la UdeG La “Maestra Chelito”: 32 años como orientadora profesional Pertenece a un grupo de formadores vocacionales que desde la reforma de los años setenta al bachillerato de la UdeG Por: EL INFORMADOR 21 de diciembre de 2008 - 21:25 hs GUADALAJARA, JALISCO.- Cuando María Graciela Espinosa Rivera, “La maestra Chelito” arriba a la preparatoria número 6 de la Universidad de Guadalajara (UdeG), en donde labora desde hace 32 años, es saludada con afecto por los alumnos y profesores que la encuentran por el camino. Desde la entrada principal, recorre tres edificios, en el último de éstos, se encuentra su oficina: la Coordinación Académica. Autonombrada de la “vieja guardia”, la “Maestra Chelito” pertenece a un grupo de formadores vocacionales que desde la reforma de los años setenta al bachillerato de la UdeG, han planeado un sistema que permita el mejor desarrollo de los alumnos, en los ámbitos académicos pero también humanos. Llegar hasta su lugar no fue tarea fácil. La “maestra” es en realidad doctora. Trabajadora social, médico cirujano, con maestría y doctorado en psicología, “pero también madre de familia”, Graciela Espinosa Rivera es uno de los personajes que más han contribuido al desarrollo académico de la máxima casa de estudios en Jalisco en su historia contemporánea, por lo que semanas atrás, recibió de la UdeG la Presea a la Vocación del Orientador Educativo. — ¿Por qué es orientadora educativa? — Desde joven acompañé en mi pueblo de origen, Ahuacatlán, Nayarit, a un par de religiosas a hacer trabajo comunitario. Quería ser socióloga, pero la UdeG no tenía esa carrera. Yo tengo 32 años de antigüedad aquí, soy de la “vieja guardia”, y entonces me decidí por el trabajo social. — ¿Y por qué la orientación educativa? — Bueno, me motivó ayudar a los jóvenes a elegir una carrera, mi primer trabajo en la universidad hace 32 años fue ése. En ese tiempo los orientadores vocacionales nos llamábamos médicos psicotécnicos, y estuve en la preparatoria número 6 en los dos turnos. Desde entonces estoy aquí, sólo que ahora con más salidas porque tengo otras comisiones en la UdeG, como miembro del Consejo General Universitario (CGU), y del Consejo del Sistema de Educación Media Superior (SEMS), laboro ahí en algunos trabajos de planeación. — ¿Contribuye con Ruth Padilla Muñoz (directora del SEMS) en la reforma al bachillerato? — Sí, ella tiene toda la intención de hacer definitivas las plazas de orientadores educativos. Cuando yo entré había cuatro plazas en cada preparatoria: dos para el turno matutino y dos para el vespertino, pero cuando se creó la red universitaria, muchas plazas fueron sacrificadas porque el recurso económico se debía reorientar. Para el SEMS es esencial, no es suficiente con que los alumnos reciban solamente materias culturales, que los preparan a nivel superior, hay mucho de la formación de la personalidad y necesitan ser acompañados en este proceso. Ahora sólo hay una plaza por prepa, se trata a veces de maestros de asignatura que quieren colaborar en esto, y es complicado porque se integra la asesoría psicológica para los jóvenes, tienen orientación académica, hay tutorías, se les manda llamar, se les ayuda, se solicitan asesorías académicas, la orientación familiar y desarrollo humano son ejes del trabajo. Es bastante amplio, es un trabajo de equipos. — Es médico cirujano también, ¿qué tiene que ver con el trabajo social? — Yo trabajaba en el bufete psicopedagógico, y era médico psicotécnico. De médico no tenía nada, y de psicoténico, pues trabajo social me cubría esa necesidad. Yo quería estudiar psicología para complementar el perfil, pero resulta que no había esta carrera en la UdeG, sino en el ITESO, y antes no había becas ahí; además, ya estaba casada, tenía hijos, y me vislumbré como psiquiatra. Cuando terminé vi tristemente que no era mi perfil la psiquiatría, sino la psicología, de hecho tengo maestría y doctorado en psicología. — Es una mujer preparada… — Sí. Me ha gustado estudiar, creo que por eso me ha gustado trabajar con los jóvenes. -¿Cómo percibe el cambio generacional de los alumnos, desde que entró hasta este momento? — A mí me encantaba el programa antiguo. Antes existían los centros vocacionales y para los jóvenes era muy adecuado ese tipo de organización. Ellos podían visualizar más fácilmente un perfil vocacional. Te hablo del 76 hasta el 92. Ahí cambió la reforma y se quitaron todos los centros vocacionales; y eran muy útiles porque los jóvenes adquirían un conocimiento vivencial y tomaban una mejor decisión sobre su futuro profesional. Extraño una orientación llamada Desarrollo de la Comunidad, porque eso te pone en contacto con la realidad social. Para mí si estudias y te encierras en un lugar, no sirve de mucho. Lo que he notado, es que como que se está cayendo mucho en el desinterés, como que viven más en el presente y proyectan poco hacia el futuro. No hay una seriedad de querer estudiar y hacer carrera. En todos los grupos que veo, es mucha la vida social, que debe tener su parte positiva, pero como que se pierde el respeto por pensar en prepararse. Aquí es donde yo creo que tiene que integrarse la familia, si la familia los motiva a que se desarrollen como personas sería muy práctico para el desarrollo de los alumnos. — En este sentido, qué es más difícil, ¿trabajar con los alumnos o con sus padres? — A muchos papás que invitamos a la escuela de padres no vienen. El problema que ellos presentan es la incapacidad que tienen para entenderse con sus hijos, la falta de comunicación. No saben cómo comunicarse con ellos, por ende sus hijos tampoco se comunican con sus padres, es una realidad que debemos atender. — Y usted, ¿tiene hijos? — Sí, tengo tres: dos hijas, una es médico y la otra psicóloga, entonces me identifico con ellas y ellas conmigo, son carreras afines. Y tengo un hijo que estudió dos años de ingeniería y dos años de medicina, y curiosamente yo siendo orientadora educativa me costó mucho trabajo respetar su decisión de parar de momento de estudiar. Porque no encuentra, le gusta más todo lo que es artístico, pero no ha querido comprometerse con una escuela; y sí que me ha costado trabajo respetar esa decisión de él, porque pues es su vida también. Yo qué quisiera verlo realizadísimo profesionalmente… — ¿Le ha costado trabajo combinar la familia con el quehacer profesional? — La historia personal y familiar tienen que ver con una historia social. Yo estaba estudiando la carrera de trabajo social, y fui presidenta de la sociedad de alumnos, y en ese año surgió el año internacional de la mujer. Era 1974, y afortunadamente tengo un esposo que me apoyó mucho. Él es maestro también de aquí, y entre los dos atendimos nuestro hogar. No puedo negar que hay descuidos con la familia, pero les dimos lo mejor que pudimos en cuanto atención. Perfil María Graciela Espinosa Rivera, originaria de Ahuacatlán Nayarit, trabaja desde hace 32 años en la UdeG como orientadora vocacional. Estudió la licenciatura en Trabajo Social en la máxima casa de estudios de Jalisco, al igual que médico cirujano, una maestría y un doctorado en psicología. Actualmente es miembro del CGU, y consejera del SEMS en la formulación de la reforma al bachillerato. Recibió este año la Presea a la Vocación del Orientador Educativo. Temas Educación local UdeG Lee También Beca Rita Cetina: ¿Quiénes reciben su pago HOY viernes 10 de octubre? 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