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Lunes, 21 de Octubre 2019
Jalisco | Las casi 500 personas de la población de Bancos de San Hipólito viven a más de dos mil metros de altura

Bancos de San Hipólito sufre problema agrario por 40 años

Para los indígenas, Tatiekari –el territorio, el universo, el todo- “está enfermo”, principalmente por el despojo de tierras que han sufrido desde la década de los 50

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.-   “Vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, (…) y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”. Esto escribió Jorge Luis Borges en su cuento El Aleph, en 1945. El autor argentino aclara que es probable que existan otros Aleph. Siguiendo la lógica de que en su literatura recoge la mística de algunos pueblos, uno de esos “otros” Aleph podría ser el Tatiekari, palabra con la que los indígenas wixáritari (huicholes) engloban su cosmovisión del universo en ellos, de ellos en el universo. En concreto: del todo. Por ello, es que la defensa del territorio y de los recursos naturales es un asunto prioritario en su cultura.

Actualmente, los wixáritari se lamentan porque Takiekari está enfermo. En Bancos de San Hipólito (El Mezquital, Durango), el principal padecimiento es que desde 1968 fueron separados de su comunidad madre San Andrés Cohamiata (Mezquitic, Jalisco) y hasta la fecha pelean por la propiedad de las 10 mil 720 hectáreas que en 1981 fueron anexadas a la población de San Lucas.

“El problema quedó en el limbo. Bancos está como tierra de nadie”, explica Nora Lorenzano Aguilar, abogada de la Asociación Jalisciense de Apoyo al Indígena Migrante (AJAGI), pues a pesar de que el año pasado el Programa de Atención a Conflictos Sociales en el Medio Rural (Cosomer) consideró este asunto como uno de los “focos rojos” del país, hasta el momento no han nombrado a un responsable para dar seguimiento al caso.

Carlos Chávez de AJAGI explica que “a pesar de que los técnicos señalaron entre la década de los 50 y de los 70 que en esa zona (Norte de Jalisco) había asentamientos indígenas, no les importó y recortaron los límites del Estado y segregaron miles de hectáreas de los huicholes en Nayarit, Durango y Zacatecas. Entonces, subyugaron la lógica de los asentamientos de identidades culturales, incluso de ecosistemas, a pesar de que la materia agraria es federal y la división política no debería afectar los temas territoriales”.

El origen del conflicto

“Nuestra lucha es más que sólo una reclamación agraria, es por nuestra madre que está viva, Takiekari Peyeniere”, repiten los viejos en las asambleas de la comunidad autónoma de Bancos de San Hipólito, relata Maurilio Ramírez, comisariado autónomo de bienes comunales.

Las casi 500 personas de la población viven a más de dos mil metros de altura, rodeados de selva baja caducifolia. No hay camión que suba y solo un habitante tiene vehículo. Para salir o entrar tienen que atravesar un poblado que los discrimina (cuentan que hará unos 10 años atrás, los mestizos se divertían lazando “indios” en caballo).

Cultivan maíz, frijol y calabaza. Algunas mujeres no saben cuándo nacieron. No todas leen y escriben. Pero saben cómo defender su territorio, razón por la cual se organizaron hace más de dos años y pusieron una panadería para obtener recursos que entregan a la comunidad. El Gobierno de Fox les construyó un Centro Comunitario de Aprendizaje (con 10 computadoras y supuesto enlace a internet), aunque no tienen luz eléctrica. Y actualmente les instalan drenaje, a pesar de que no tienen agua potable.

El problema de Bancos de Calitique radica de 1968, cuando a San Andrés Cohamiata se le dio la resolución presidencial, en la cual segregaron cerca de 170 mil hectáreas, quedando fuera tres comunidades, entre ellas, Bancos de San Hipólito, que en ese momento dejó de pertenecer a Jalisco y pasó a la jurisdicción de Durango.

Años después –cuando se enteraron- pidieron la dotación ejidal de las 10 mil 720 hectáreas que hasta la fecha ocupan, pero en 1981, San Lucas de Jalpa solicitó el anexo del poblado indígena y le reconocieron y titularon más de 33 mil 456 hectáreas, incluidas las de Bancos.

Sin decir directamente que un problema de fondo fue el racismo de las autoridades agrarias y las poblaciones mestizas, Nora Lorenzano explica que “San Lucas no permitió que hicieron las mediciones, porque decían que los huicholes no querían ser censados por ignorantes. Ahí es donde el Gobierno dio el visto bueno”.

En 2002, Bancos de Calitique interpone la demanda para que les reconozcan su territorio. Pero el Tribunal Agrario de Durango resolvió que los wixáritari de Bancos tenían que restituir las tierras a los mestizos de San Lucas, sentencia que reiteró el Tribunal Superior Agrario en la ciudad de México.

En noviembre de 1998, la OIT emitió una resolución dirigida al Estado mexicano por el incumplimiento del Convenio 169. En 2006, volvió a pronunciarse, ya que las autoridades no han presentado ningún avance en la materia y la organización considera este caso como “emblemático” en la exigencia de los derechos ancestrales de los indígenas, lo cual podría sentar un precedente para el respeto de la cosmovisión de los pueblos originarios.

En 2008, el décimo quinto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa reconoce a los huicholes la posesión, pero no la propiedad. En esas mismas fechas, dos relatores de la Organización de las Naciones Unidas se pronunciaron para que el Gobierno resuelva este conflicto.

En el mismo tenor, la oficina del Alto Comisionado de la ONU se ha comprometido para presentar su opinión al Tribunal Colegiado que lleva el caso.
“En lo práctico son los dueños de las tierras. Ese no es el problema, sino que lo necesitan es la propiedad para poderse manejar como quieran, porque para todo tienen que pasar a través de San Lucas”, puntualiza Lorenzano Aguilar.

Carlos Chávez, quien asesora a la comunidad desde los 90, relata que en la legislación mexicana no existe un procedimiento para acreditar los derechos históricos y culturales, por lo cual, se tendría que aplicar lo más avanzado de la legislación internacional. “Políticamente no lo quieren hacer porque son centenares de pueblos que quedaron en esta situación, y al momento de sentar precedentes de este tipo, darían serios dolores de cabeza en todo el país e incluso fuera de México”.

Para Maurilio y para el resto de los wixáritari, el asunto es claro: Tateikie no sanará hasta que a ellos y al resto de comunidades wixáritari les reconozcan sus montes, sus tierras, su agua, que protegerán como lo han hecho milenariamente, porque ellos son parte del universo y el universo está en ellos.

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