Martes, 21 de Octubre 2025
Internacional | Los expertos califican de “terrorismo” el ataque a las escuelas en Pakistán

Talibanes ven a Malala como ejemplo de ''mala'' influencia occidental

Activistas y defensores de los derechos de la niñez analizan la posición de este grupo ante la educación de las niñas

Por: EL INFORMADOR

ÍDOLO. Malala se ha convertido en un ícono para las niñas de Pakistán. AP  /

ÍDOLO. Malala se ha convertido en un ícono para las niñas de Pakistán. AP /

KABUL, AFGANISTÁN (26/OCT72012).- Cuando estuvieron en el poder en Afganistán, los talibanes prohibieron la escolarización y el trabajo de las mujeres, encajonándolas a las tareas domésticas. Derribado su régimen, se han dedicado a quemar escuelas de niñas y a amedrentar a quienes defienden la educación.

Este grupo ha matado a sangre fría a maestras, funcionarias y policías. Su más reciente caso de crueldad fue el ataque contra Malala Yousafzai, la adolescente que defendía en público el derecho de las niñas a ir a la escuela. ¿Qué hay detrás de la oposición talibán a la educación de las mujeres?

El ex ministro de educación afgano y actual director de un centro de formación profesional privado en Kabul, Sardar Roshan, lo atribuye a “una combinación de ignorancia y prejuicios muy arraigados”. Manifiesta que el analfabetismo y el atraso hacen que se vea la escolarización de las niñas como fruto de la influencia occidental. De ahí, asegura, que aunque sólo los más extremistas se opongan a la educación femenina, el resto tema defenderla abiertamente o criticar a quienes la sabotean quemando algunos colegios.

Para Zeenia Shaukat, experta en desarrollo y activista de los derechos humanos paquistaní, hay algo más: una sociedad patriarcal en la que “la mayoría de los padres considera las funciones reproductivas y domésticas de las niñas más importantes que formarlas intelectual y profesionalmente”. En ese contexto, “cualquier intento de excluirlas del sistema educativo, por parte de los talibanes o de otros grupos extremistas, encuentra menos resistencia”.

Shaukat afirma que la religión es sólo una excusa. “Ni el islam ni ninguna otra imponen límites a la educación de las niñas. Muchas comunidades manipulan la religión en ese sentido”. Esta activista recuerda que “hay muchas zonas del mundo en las que se limita la escolarización de las niñas debido a la pobreza, los matrimonios tempranos o porque, de tener que elegir, los padres prefieren educar a los hijos”.

Isobel Coleman, investigadora en el Council of Foreign Relations y autora de Paradise beneath her feet (Randon House, 2010), define la oposición de los talibanes (a la educación de las niñas) como parte de su identidad, de su ideología. Indica que las mujeres están transformando Oriente Próximo. “Si nos atenemos a lo que decían cuando estaban en el poder en Afganistán, no se oponen a que las niñas vayan a la escuela, pero quieren que lo hagan según sus normas, con sus profesoras, su programa, algo que nunca pusieron en práctica”, añade.

Coleman, ve el ataque a Malala como “terrorismo, un intento de sembrar el miedo entre la gente, de decirles que ni siquiera una niña de 15 años está fuera de su alcance” (aunque hasta ahora se había dicho que tenía 14, cumplió 15 el pasado julio).

“No conozco ningún otro caso, aparte de Afganistán y Pakistán, en el que se niegue el derecho a la educación de las niñas”, refuta Coleman que visitó esos países para escribir Paradise beneath her feet.

La investigadora explica que en otras partes del mundo no es una prioridad, pero salvo algún grupo extremista como los Al Shabab en Somalia y últimamente en Malí, no se trata de un rechazo institucionalizado.

Lieke van de Wiel, consejero de educación de Unicef para Asia del Sur, confirma que “tanto en Afganistán como en Pakistán, la predisposición de los padres a enviar a sus hijas a la escuela es menor que otros países, donde también se dan casos de rechazo en algunas zonas, pero menos”. Además el experto señala que los ataques a escuelas femeninas o a niñas que van a clase son más frecuentes en ambos.

La esperanza de los observadores es que el atentado contra Malala sirva para que tanto los ciudadanos como las autoridades de Pakistán reflexionen sobre la grave situación en la que se encuentra el país y cambien sus prioridades. “Debería ayudar a que la gente diera la espalda a los talibanes y a su ideología; se presentan como defensores de los valores auténticos y sobre todo como adalides frente a Estados Unidos y Occidente, pero eso no puede justificar su brutalidad’, concluye Coleman.

Con información de El País

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Durante los oscuros años del régimen talibán, las risas despreocupadas de los infantes mientras corretean alrededor de sus madres o hermanos de vuelta a casa, hacen olvidar el silencio sepulcral que entonces oprimía a los afganos.

Con 30 millones de habitantes y 12 de ellos entre los 7 y los 12 años, Afganistán tiene una de las proporciones más altas del mundo de niños en edad escolar. Aunque todavía cinco millones no están escolarizados, de los que van a alguna de las 12 mil500 escuelas, un 37% son niñas. Hace 10 años apenas había un millón de escolares, todos niños, y tres mil 400 escuelas repartidas por todo el país. A pesar de ese considerable avance, siguen existiendo importantes limitaciones para el acceso de las niñas a la educación.

Mientras que un niño afgano permanece en la escuela 10.1 años, una niña sólo está 6.1 años (la media global es de 11.6 y 11.3), según el informe del programa Educación para Todos de la ONU. Además, los avances realizados durante la última década penden de un hilo debido a la persistencia del conflicto civil. La insurgencia talibán y el peso de la tradición impiden que las niñas vayan a clase en 200 de los 412 distritos en que se divide el país.

Según el Banco Mundial, ‘educar a las niñas es una de las mejores formas no solo de avanzar en la igualdad de género, sino de promover el crecimiento económico y elevar el bienestar general’. El conocimiento tiene un efecto multiplicador porque las mujeres tienden a invertir en sus comunidades. Así, por cada año más de escolarización, aumenta su salario un 10%, se reduce la mortalidad infantil al menos un 5% y también se extiende la permanencia de sus hijos en la escuela.

FRASE

"
Pakistán, como nación, no ha hecho suficiente por la educación de sus mujeres. No conozco ningún otro caso, en el que se niegue el derecho a la educación de las niñas "

Isobel Coleman,
Investigadora del Council of Foreign Relations

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