Martes, 21 de Octubre 2025
Internacional | Hay tres muertos y 25 heridos a raíz del nuevo ataque

Siria sufre tercer atentado en dos días

El Observatorio Sirio de los Derechos Humanos afirma que hay tres muertos y 25 heridos a raíz del nuevo ataque

Por: EL INFORMADOR

DAMASCO, SIRIA (19/MAR/2012).- La violencia en Siria va en aumento. Ayer, el país sufrió el tercer atentado en dos días.

El hecho tiene lugar a unas horas de que Kofi Annan, emisario de la ONU y de la Liga Árabe, envíe expertos al país para negociar una misión de observación destinada a poner fin a un año de derramamiento de sangre.

El atentado fue cometido en Alepo, una ciudad norteña contagiada recientemente por la revuelta contra el régimen del presidente Bashar al Assad. Antes, un doble atentado mató a decenas de personas en Damasco.

“El atentado con coche bomba fue perpetrado en el barrio de Suleimaniya, en  Alepo, cerca de la sede de la seguridad política, y causó tres muertos y 25  heridos”, informó el opositor Observatorio Sirio de los Derechos Humanos  (OSDH), radicado en Gran Bretaña.

La televisión estatal dio cuenta de dos muertos y “una treintena de  heridos” en esta explosión terrorista.

Como ha sucedido con los atentados anteriores, la oposición y el régimen se  han acusado mutuamente de ellos.

“El régimen sirio intenta aterrorizar a las grandes regiones, en particular a Damasco y Alepo, donde hubo importantes manifestaciones durante las últimas  semanas”, afirmó Samir Nachar, miembro del opositor Consejo Nacional Sirio (CNS), y añadió que dos de los ataques tuvieron lugar en barrios con fuerte  población cristiana.

En Damasco, decenas de sirios se congregaron en el barrio de Qasa, donde  acusaron a Qatar y a Arabia Saudí, favorables a armar a los rebeldes, de ser  responsables de “la sangre derramada” en el país. La prensa oficial también arremetió contra estos dos países.

El sábado, un diplomático árabe afirmó que Riad enviaba, a través de Jordania, material militar para equipar a los desertores del Ejército Sirio Libre (ESL), una información “categóricamente desmentida” por Jordania.

En el plano diplomático, expertos enviados por Kofi Annan partirán hoy de Ginebra y de Nueva York hacia Siria. Tienen el encargo –según Ahmad Fawzi, portavoz de Annan– de negociar el envío de una misión de observación para poner fin a las matanzas.

El OSDH estima que la violencia ha causado más de ocho mil muertos desde el comienzo hace un año de una revolución popular reprimida cruentamente por el régimen, que la atribuye a “bandas terroristas armadas”.

La ONU también debía participar este fin de semana en una misión de evaluación de las necesidades humanitarias en Siria bajo la supervisión del Gobierno.

El presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja, Jakob Kellenberger, abordará hoy en Rusia, aliada de Damasco, la “situación humanitaria que se agrava en Siria”.

La plataforma opositora Comités de Coordinación Local dio cuenta de al menos 22 muertos el día de ayer.

Insurgentes se reagrupan


Los insurgentes sirios se están reagrupando, a pesar de haber sufrido algunas amargas derrotas a manos del régimen del presidente Bashar al Assad, y una de sus mayores prioridades es hacerse de armas y municiones para reforzar su poder de fuego, dijo un hombre que se identificó como un comandante rebelde de bajo rango.

Ahmad Mihbzt, un sargento de 25 años que desertó del Ejército sirio, es uno de cientos, posiblemente miles, de rebeldes que han huido a Turquía, donde muchos esperan poder cambiar el rumbo de la lucha.


ANÁLISIS

Punto muerto   


Ignacio Cembrero (periodista de El País)

La reconquista por el Ejército de las ciudades sublevadas de Homs e Idlib puede dar la impresión de que, al cumplirse ayer un año del estallido de la revolución siria, el régimen del presidente Bashar al Assad está ganando la partida.

Nada más lejos de la realidad. No hay dudas sobre si los cientos de miles de sirios que se han echado a las calles harán caer a Al Assad, como sucedió con otros tres dictadores árabes, sino sobre cuándo se producirá su derrocamiento.

La primavera con mayores consecuencias geopolíticas –ya tiene repercusiones sobre todo Oriente Próximo– está siendo también la más larga. Si se prolonga aún más será además la más sangrienta, por delante de la Libia.

Tras 12 meses de enfrentamientos, más de ocho mil muertos (en su mayoría civiles indefensos), varios miles de desaparecidos, algunas ciudades destrozadas, una economía asfixiada por las sanciones, una población empobrecida y un régimen aislado diplomáticamente, la rebelión no tiene marcha atrás. Al año de su arranque se encuentra, no obstante, en una especie de punto muerto tanto dentro como fuera de Siria.

El año transcurrido ha deparado algunas sorpresas. El régimen ha resistido los embates mejor de lo previsto. Sólo un miembro del Gobierno, el viceministro de petróleo, Abdo Hussameddine, dimitió mientras que un pequeño grupo de oficiales de alto rango ha desertado. Las unidades de élite del Ejército, las que se encargan de la represión, no se han resquebrajado.

La comunidad internacional está paralizada. Escaldadas por la actuación de la OTAN en Libia, China y Rusia vetan en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier condena al régimen que abra la vía a una intervención militar occidental o árabe.

No se vislumbra, por tanto, la creación de una zona de exclusión aérea o de seguridad donde puedan refugiarse los civiles, como preconiza el ministro turco de Exteriores, Ahmet Davutoglu. Ni siquiera se entrevén esos corredores humanitarios, que su homólogo francés, Alain Juppé, reclama para hacer llegar ayuda a la población.

La oposición política en el exilio está fragmentada y esta semana se han acentuado sus divisiones con la dimisión del Consejo Nacional Sirio (CNS) de varias figuras de prestigio, empezando por el octogenario Haitham el Maleh. Occidente y los árabes consideran al CNS, que aglutina al grueso de los adversarios del régimen, como su interlocutor.

La resistencia militar, que dirige el Ejército Sirio Libre (ESL), consiste en un rosario de jefes locales mal armados con escasa coordinación entre ellos. Ante la superioridad del Ejército regular, no ha logrado controlar permanentemente ninguna parcela del territorio.

La negociación para buscar una salida, que ha tanteado esta semana en Damasco el enviado de la ONU, Kofi Annan, tampoco tiene visos de prosperar.

Aunque esté aparentemente en punto muerto, aunque la toma del Palacio de Invierno de los Assad no sea inminente, algo se mueve bajo cuerda. Arabia Saudí, Qatar y Libia están haciendo llegar armas al ESL o dándole fondos para que las adquiera y las introduzca a través de las fronteras turca y libanesa.

Lo dicen en voz baja algunos diplomáticos y, abiertamente, académicos como Simon Henderson, del Instituto de Oriente Próximo en Washington. Eso significa que, cuando las armas hayan sido distribuidas, la guerra civil se recrudecerá.

Algunos gobiernos occidentales se esfuerzan, en cambio, con discreción por contactar con destacados miembros de la camarilla alauí de Al Assad. Les quieren animar a deshacerse del presidente y pactar una rápida transición a cambio de salvar su pellejo y el de su familia para poder gozar de un exilio dorado. Así neutralizó, en 2003, Estados Unidos a algunos generales iraquíes que no opusieron resistencia a la invasión de su país.

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