Viernes, 17 de Enero 2020
Internacional | La presidenta argentina, Cristina Fernández, fue la primera en anunciar que Molina ya podía viajar tras 15 años de pedirlo

La disidente Hilda Molina viaja a Argentina

Molina, de 66 años, declaró espera llegar a tiempo para ver “lúcida” a su madre

Por: EFE

LA HABANA, CUBA.- La neurocirujana Hilda Molina, a quien el Gobierno cubano negaba la salida del país desde 1994, verá de nuevo a su hijo y a su madre en Buenos Aires mañana, y abrazará a dos nietos que no conoce, tras recibir el permiso para viajar y el visado argentino.

Molina, de 66 años, declaró espera llegar a tiempo para ver “lúcida” a su madre, Hilda Morejón, de 90 años, que está “muy grave”.

La médica no tuvo conocimiento de la decisión del Gobierno hasta la mañana de ayer, cuando recibió un aviso de la oficina de migración para recoger su pasaporte.

“Llegué y me dieron el pasaporte, y pensé que sería sólo eso, pero me entregaron también inmediatamente el permiso de salida”.

La presidenta argentina, Cristina Fernández, fue la primera en anunciar que Molina ya podía viajar tras 15 años de pedirlo.

La neurocirujana buscaba desde 1994 el permiso para viajar a Buenos Aires, donde residen su hijo Roberto Quiñones, también médico y nacionalizado argentino en 1996, y sus nietos de 13 y siete años, a los que no ha visto nunca.

Influyente y polémica Hilda Molina

Pasó de ser una influyente figura en la isla, en los años 80, a convertirse en un personaje polémico y molesto para el régimen comunista cubano por sus revelaciones sobre cuestionables prácticas médicas y sus reclamos para salir del país.

Hilda Molina, de 66 años, la más prestigiosa neuróloga cubana en los años 80, fue la primera mujer que realizó intervenciones para curar el mal de Parkinson, en Cuba.

Eran los tiempos en que Molina, militante del Partido Comunista, diputada de la Asamblea Nacional y miembro de la directiva de la Federación de Mujeres Cubanas, gozaba de la confianza gubernamental y divulgaba los logros de la medicina cubana como directora del Centro Internacional de Restauración Neurológica.

Su relación con Fidel Castro era tan estrecha que, a principios de los años 90, la opositora Unión Liberal Cubana (ULC), con sede en Madrid, implicó a Molina en el encarcelamiento del neurólogo Julio Bientz Saap, que había trabajado para la seguridad cubana y terminó denunciando el uso de sustancias extraídas de fetos humanos para trasplantes neurológicos realizados a extranjeros.

En 1994, tras la salida de la isla de su hijo, Roberto Quiñones, Molina renunció a la dirección del centro, rompió con el régimen y pasó a ser considerada una "traidora" por el Gobierno de La Habana.

A partir de entonces, la neuróloga comenzó a revelar polémicas prácticas médicas que se habían realizado en la isla y declaró que su ruptura con el Gobierno de Castro se debía a que había recuperado la fe católica.

Temas

Lee También