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Lunes, 19 de Noviembre 2018
Internacional | La historia se remonta a 2003 cuando Gregoria oyó el testimonio de Juan Pedro, un hombre de 44 años con una insuficiencia renal crónica

Entregará una mujer en vida su riñón a un hombre que conoció por la radio

Unas pruebas de última hora pospusieron unos días la intervención en la que Gregoria perderá un riñón para que Juan Pedro Baños, si todo va bien, tenga una vida normal

Por: EFE

Si la solidaridad y la generosidad tienen un nombre propio es el de Gregoria Ruiz, una mujer española de 60 años que en los próximos días donará en vida uno de sus riñones a un hombre al que conoció a través de un programa de radio.

La operación se iba a realizar esta misma semana en el Hospital Clínic de Barcelona, pero unas pruebas de última hora pospusieron unos días la intervención en la que Gregoria perderá un riñón para que Juan Pedro Baños, si todo va bien, tenga una vida normal.

Ambos coinciden en asumir con naturalidad su vivencia y piden que "sirva fundamentalmente para concienciar a la sociedad de que donar órganos evitará muchos dramas personales".

La historia se remonta a 2003 cuando Gregoria oyó el testimonio de Juan Pedro, un hombre de 44 años con una insuficiencia renal crónica desde que tenía 19 y que durante años ha batallado para concienciar a la población de la necesidad de donar órganos.

El día que Gregoria le escuchó en la radio quedó impresionada, porque Juan Pedro relató lo dura que la enfermedad había sido con un amigo, Diego Fajardo, que estuvo 25 años sometido a diálisis y que murió en 2003 después de un cruel guiño del destino.

Baños recuerda que ambos viajaron a Madrid y que tenían comprado un billete para regresar a sus domicilios en Murcia (sureste de España) en un tren que se incendió el 3 de junio de 2003 tras chocar con otro convoy, causando la muerte de 19 personas, pero que en el último momento decidieron adelantar el viaje para llegar antes a casa.

"Al día siguiente, cuando me enteré de la noticia, llamé a Diego para contárselo. Me contestó su mujer para decirme que había fallecido esa noche a causa de su enfermedad. Se salvó del tren, pero en cambio murió tras 25 años esperando un riñón", afirma.

Ese relato fue lo que decidió a Gregoria a contactar con Juan Pedro para ofrecerle uno de sus riñones, después de hablarlo con su esposo y con sus cuatro hijos -uno de los cuales trabaja en coordinar trasplantes-, que le animaron a seguir adelante.

Gregoria no dudó, pero Juan Pedro sí: "Yo dudé, pero mi mujer me convenció de que no podía renunciar a la esperanza que me ofrecía Gloria (siempre se refiere a Gregoria como Gloria, porque, según explica, "para mí esta mujer es gloria bendita").

Una vez aceptado "este regalo", en palabras de Juan Pedro, llegó "el segundo milagro, el de que tuviéramos una compatibilidad tan alta, una compatibilidad que no tenía ni con mi propia madre".

Cuando habla de Gloria se le agotan los adjetivos y se refiere a ella como "una samaritana y una hermana, que tiene unos valores que demuestran que a veces, como ocurre en este caso, los vínculos familiares pueden quedar por debajo de los vínculos de amistad".

Su deseo es que "cuando el riñón esté funcionando, en mi sangre se incorporen esos valores y esa gratitud", y su compromiso de futuro, si todo sale bien, es "agradecerle públicamente lo que ha hecho, con la esperanza de que otras personas la puedan emular".

Juan Pedro, que preside la Asociación Nacional de Trasplantados, señala que hay 5.000 personas en España en la misma situación que él y que, aunque en este país se registra el mayor índice de donación de órganos del mundo, todavía queda camino por recorrer.

"Ya sé que no se le puede pedir a todos los ciudadanos gestos como el de Gloria, pero sí se les puede decir que entregando los órganos una vez que se ha fallecido se emula su gesto", dice.

Juan Pedro sigue en Barcelona hasta que los médicos den luz verde definitiva a la operación y el retraso de estos días no ha hecho mella en su ánimo: "Gloria merece que no baje la guardia en ningún momento y que muestre la alegría que tengo por su regalo".

Gregoria regresó ayer a su casa en Torrellano, en la provincia de Alicante, a 550 kilómetros de Barcelona, a la espera "de que me avisen en una o dos semanas, cuando los médicos tengan la seguridad al cien por cien de que todo va a salir perfectamente".

Asegura que no está nerviosa -"no, nervios no, estoy igual que el primer día y de nervios nada", y que lo único que puede hacer ahora "es esperar a que llegue el día de la operación y nada más".

Mientras, le envía ánimos a Juan Pedro desde la distancia: "Somos una piña, somos más que una familia y yo siempre le digo que ya somos hermanos; que se tiene que espabilar y curarse".

EFE 10-04-08 IJALH

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