Internacional | Mercado mundial Denuncian tráfico de bebés en España ''Mis padres me compraron por dos mil dólares'', dice Antonio Barroso, víctima del mercado negro de recién nacidos en Barcelona Por: SUN 11 de julio de 2011 - 05:09 hs Desde niño, Antonio Barroso siempre sospechó que era adoptado, hasta que descubrió que era un ''hijo comprado''. EL UNIVERSAL / MADRID, ESPAÑA (11/JUL/2011).- Desde que era niño Antonio Barroso pensó que era adoptado. En el colegio sus compañeros de salón con apenas cinco años ya se lo decían, y el que no se pareciera físicamente a sus padres y en su casa no hubiera fotografías de su madre embarazada le hicieron desconfiar, aunque ellos siempre se lo negaron. Con 18 años acudió al registro civil y pidió una partida de nacimiento. Figuraba que había nacido en Barcelona, que era hijo biológico y el nombre de sus padres y su fecha de nacimiento. El funcionario le explicó que era imposible que fuera hijo adoptivo así que dio carpetazo al asunto. Veinte años después un día le llamó su amigo Juan Luis Moreno desde el hospital. Le dijo que su padre, que se estaba muriendo de cáncer, le acababa de reconocer que el mismo día de sus nacimientos ambos habían sido comprados a una monja por 150 mil pesetas cada uno (unos dos mil dólares). Que no habían nacido en Barcelona sino en Zaragoza, que sus partidas de nacimiento eran falsas, que sus respectivos padres no podían tener hijos, y que la “Tita” Monserrat a la que iban a visitar una vez al año en Zaragoza, era en realidad la monja que había hecho de intermediaria en su venta desde que nació en el Hospital Miguel Servet de dicha ciudad. Tanto Antonio como Juan Luis habían sido dos de los más de 300 mil niños que durante la década de los 60, los 70 y los 80 fueron robados al nacer en hospitales de toda España y vendidos a través de distintas “organizaciones mafiosas” formadas por médicos, enfermeros, sacerdotes, monjas y otros intermediarios a familias que no podían tener hijos. “Me quedé muy sorprendido al conocer la noticia”, relata en entrevista. “No me lo podía creer así que al día siguiente los dos fuimos al hospital de Barcelona (Norte de España) en el que supuestamente habíamos nacido, y vimos que en el registro no figurábamos. Luego nos hicimos una prueba de ADN con nuestras respectivas madres y dieron negativas, así que pusimos una denuncia contra la monja y contra el hospital”. Sorprendentemente varios tribunales las archivaron alegando que el delito había prescrito. Desesperado Antonio decidió hacer pública su historia. Acudió a los medios de comunicación, creó la Asociación Nacional de Adopciones Irregulares (Anadir) que ahora preside y pronto descubrió que había miles de casos de bebés robados como el suyo. “Cada día recibo llamadas de madres que me dicen que creen que sus hijos están vivos porque los médicos se negaron a enseñarles el cadáver, otras que lo único que recuerdan es haber dado un beso frío a un bebé muerto que los médicos habían guardado en una nevera para enseñar a varias de ellas, padres e hijos que se hacen la prueba de ADN y no coinciden, madres que han abierto la tumba de sus hijos 30 años después y la han encontrado vacía o con muñecas. Somos cientos de miles los bebés que fuimos robados”. Y no sólo en España. “Tenemos casos de niños nacidos aquí que fueron ‘adoptados’ por familias que vivían en Texas, en Perú, en Alemania, Suiza, Inglaterra e Italia”, cuenta. “¿Cómo hace 40 años sin internet y sin los medios de comunicación que hay ahora, en muchos países se sabía que en España se vendían niños?”, se pregunta. “Pues porque había varias redes que se encargaban de todo y que demuestra que no somos 300 mil los que fuimos robados, sino muchos más”. Barroso recuerda que en los años 60 y 70, finales de la dictadura de Francisco Franco, las mujeres pasaron de dar a luz en casa a hacerlo en los hospitales. “Y ahí empezó todo. A mí por ejemplo me vendieron por dos mil euros cuando una casa costaba mil 500, y mis padres como eran pobres tardaron 10 años en pagarme”. A sus 42 años el joven relata que el mismo día que nació, sus padres viajaron de Barcelona a Zaragoza para recogerlo, y que el pago se hizo a plazos a través de la supuesta tía Monserrat. “Mi madre me lo confesó poco antes de morir hace un mes, aunque no me pudo decir quién era mi madre biológica porque nunca lo supo. Aun así yo la seguiré buscando porque necesito saber la verdad”. Barroso ya se ha hecho cuatro pruebas de ADN con cuatro personas a los que también robaron a su hijo, pero todas han dado negativas. No le importa. Piensa seguir buscando. “Necesito encontrar a mi verdadera madre, necesito saber quién soy”. Acusan a la Iglesia católica de obstaculizar reencuentros Enrique Vila también lleva algunos años buscando a su madre biológica. Abogado y presidente de la organización “SOS Bebés robados”, Vila fue uno de los letrados que el pasado 27 de enero junto con la asociación “Añadir” redactó y presentó una denuncia colectiva firmada por 267 personas contra hospitales, médicos, enfermeras, sacerdotes, curas y otros intermediarios que participaron en la compra y venta de bebés. Una denuncia que sí ha sido aceptada por el ministerio fiscal que tiene abiertas actualmente 849 investigaciones de las cuales 162 ya han sido trasladadas a los juzgados correspondientes al haberse apreciado indicios de delito. Nacido el 18 de mayo de 1965 en una casa-cuna de Valencia (Este de España), Enrique Vila fue dado en adopción. Pero tal y como explica, en aquella época las adopciones se llevaban a cabo mediante un contrato privado y no intervenía la administración en el control del origen del menor abandonado. Es decir, el médico que asistía al parto y el director del establecimiento donde se producía el alumbramiento, que normalmente era una religiosa porque nacían en casas-cuna, eran los que certificaban que el menor había sido abandonado. Y aunque intervenía un juez y un notario en la adopción, la administración no vigilaba el origen de ese niño y eran el médico y la monja los únicos que certificaban que el niño se podía adoptar y que los padres adoptantes eran aptos. “Con una ley tan laxa lo tengo claro, es que de todas las madres con las que he hablado de la Casa-Cuna Santa Isabel en Valencia que es en la que yo nací, es que fueron tremendamente presionadas y coaccionadas para que entregaran a sus hijos, por eso hay una cierta ilegalidad en el proceso. Aunque mientras no aparezca mi madre biológica y diga que fue coaccionada, mi adopción es legal”. Vila ha conocido a muchas de esas madres e incluso se ha hecho la prueba de ADN con dos de ellas sin éxito. “La mayoría de las mujeres embarazadas que ingresaban en las casas-cuna eran jóvenes y muchas habían sido abandonadas por sus familias. Para sus padres era un escándalo así que las mandaban allí hasta el parto y luego las obligaban a dar el bebé en adopción. Incluso en los nueve meses no las dejaban salir a la calle y les cambiaban el nombre para que luego no pudieran encontrarse”. Desde que hace más de una década se enteró de que era adoptado Enrique busca a su madre biológica. Incluso ha ido al Vaticano (Roma) a pedir ayuda al Papa. Quiere que intervenga en las instituciones religiosas para que les entreguen los archivos de las casas-cunas y así poder encontrar a sus progenitoras. “Pero la respuesta ha sido tan absurda como que recemos mucho y que si la Divina Providencia quiere que la encontremos la encontraremos”, cuenta. Vila denuncia que los archivos religiosos son muy difíciles de acceder. “Las monjas saben quiénes son nuestras madres. Ellas eran las que tomaban los datos cuando las jóvenes llegaban a las casas-cunas. La religiosa que atendió mi parto vive y he hablado con ella muchas veces, pero me miente, me dice que no me puede decir nada”. El letrado cuenta que son muchos los que, como él, han ido a visitar esa y otra congregación religiosa “y a cada uno nos dicen una cosa: que no tienen los papeles, que los han destruido, que no los pueden dar, que las mujeres entraban con datos falsos”. “Los vicarios me han dicho que si las monjas hicieron un juramento religioso de no decirlo preferirán ir a la cárcel antes que confesar”. En su opinión la Iglesia católica va “en paralelo y riéndose de los derechos constitucionales”. “La Constitución dice que tengo derecho a saber quién es mi madre pero a esas monjas les da igual. Ha ido una madre buscando a su hija, una hija buscando a su madre y no las han puesto en contacto sabiendo por la fecha de nacimiento que eran madre e hija. No quieren que nos encontremos”. Temas Europa España Lee También Activistas lanzan pintura a un cuadro de Cristóbal Colón en museo de Madrid España consigue su boleto a los cuartos de final del Mundial Sub-20 Derrumbe de edificio en Madrid deja cuatro desaparecidos y tres heridos Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones