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Martes, 18 de Diciembre 2018
Entretenimiento | La revista Luvina nació en la Universidad de Guadalajara y ha crecido desde ella.

TEXTO INVITADO: Luvina alcanza el número dorado

En cada número aparece una sección dedicada a las artes plásticas, en la que a lo largo de los años se ha hecho una revisión de la obra creada por múltiples artistas.

Por: EL INFORMADOR

En 12 años de circular sin interrupción, la revista Luvina ha creado un mundo literario a partir de poemas, narraciones, reflexiones e imágenes.

Un nombre es evocación del paisaje de Juan Rulfo: “De los cerros altos del sur, el de Luvina es el más alto y el más pedregoso. [...] ...Y la tierra es empinada. Se desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un fondo que se pierde tan lejano. Dicen los de Luvina que de aquellas barrancas suben los sueños”.
Doce años. Eso quiere decir que Luvina, la revista, llegó en esta primavera al número 50, un número de oro, se puede decir, pero que no deslumbra tanto como para dejar de preguntarse en la página de presentación: “¿Para qué publicar una revista literaria en este mundo globalizado y convulso?”.

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También se ofrece una respuesta a esta pregunta: “Ahora más que nunca el imperativo es dar forma a lo disperso para ofrecer a los lectores una suerte de mapa que permita transitar por ciertas voces que se vuelven mundo y —dentro de la construcción de este espacio que es Luvina— aristas de una nueva realidad”.

La revista Luvina nació en la Universidad de Guadalajara y ha crecido desde ella. Se desprendió de las páginas de la revista que llevaba el nombre de esta institución y con esas raíces ha ido creando su propio paisaje: geografía literaria que acoge a múltiples autores bajo las frondas de la lengua española, principalmente, pero otras lenguas también tienen presencia.

En cada número, en una sección principal, la revista agrupa textos en torno a un tema: el viaje, la traducción, la forma, el poder, lo fantástico, la crítica, el mar o el exilio, por ejemplo; y con este punto de partida se adentra en las labores literarias de autores de México, otros países de América Latina y España, pero también de otras latitudes lingüísticas como la inglesa y la francesa.

Cuatro números de Luvina aparecen al año, con las estaciones. El número de invierno se dedica al país invitado de honor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara: Perú, en 2005; Andalucía, en 2006; Colombia, en 2007, y, este 2008, Italia.

En cada número aparece una sección dedicada a las artes plásticas, en la que a lo largo de los años se ha hecho una revisión de la obra creada por múltiples artistas. También existe una sección, “Páramo”,  en la que se reseñan libros, películas, exposiciones, música y otras producciones culturales de actualidad.

La revista Luvina tiene sus oficinas en la Casa Hidalgo II (Hidalgo 919), muy cerca del centro histórico de Guadalajara. El equipo está encabezado por la directora, la poeta Silvia Eugenia Castillero, y el editor, el narrador y ensayista José Israel Carranza. Como apoyo a las labores editoriales existen dos consejos: el editorial y el consultivo, formado, principalmente, por escritores y expertos en literatura y arte. Además, se promueve la lectura entre los estudiantes de preparatoria  por medio del programa Luvina Joven, coordinado por Sofía Rodríguez.

La nueva Luvina

Luvina llegó al número 50 con un formato nuevo: pasó de ser tamaño carta a ser “un espacio más entrañable, donde la palabra recupere su sentido mediador original y su vocación”. Esto quiere decir que ahora la revista está más cercana al lector.

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Peggy Espinosa, nueva diseñadora de la revista, y el equipo de producción de Luvina, discutieron durante varias semanas el cambio de formato, que incluye nuevo logotipo y otro tipo de fuente tipográfica, más amable. El resultado es una publicación a la que el lector se acerca de manera más cómoda y en la que se adentra mucho más fácilmente para crear esa esfera de paciencia y desconexión del mundo que envuelve a una persona cuando lee.

“Un misil que cae y estalla/ Un difuso mercado desbaratado/ Una mesa de ventas/ Carnes animales/ Una mancha de sangre en el asfalto/ ¿Era una mancha humana?/ Y al decir humana.../ ¿Humana qué?/ ¿La sangre o derramarla de esa asesina manera?/ Quizás una madre entretenida con las compras del día/ O peor aún./ Una niña chiíta o sunnita haciendo los mandados.../ ¿Era la mancha de una sangre?/ ¿De cuántas sangres era esa mancha?/ Diseminados los cortes de la venta llenos de metralla”.

Este poema del argentino Gabriel Cosoy, titulado La misma noticia de Bagdad es un ejemplo de los textos publicados en el número 50 de Luvina, que explora “El pulso de la ira”, es decir, el tema de la violencia.

Con tinta roja, que parece sangre, se va desgranando la violencia en textos literarios y de reflexión sobre autores que la abordan en su obra: como Cormac McCarthy, en cuya novela No es país para viejos, los hermanos Coen se basaron para hacer su reciente y galardonada película; o Rubem Fonseca, escritor brasileño cuyos cuentos “oscilan entre la realidad asesina y la crueldad extrema, entre la opulenta agresión de la burguesía y la afilada violencia de la miseria”, a decir del ensayista Rafael Toriz.

Otros autores que escriben o sobre los que se escribe en este número 50 son Horacio Castellanos Moya, Julio Trujillo, Alonso Cueto, Antonio Ortuño, Élmer Mendoza, René Girard, Ida Vitale, Guadalupe Nettel e Ignacio Padilla.

Cada número de Luvina contribuye al mundo literario que se ha creado a lo largo de 12 años, una aventura de 50 números que continúa, que sigue en circulación, tanto en librerías y puestos de periódicos como en internet: www.luvina.com.mx.

Presentación de Luvina 50

Luvina, la revista literaria de la Universidad de Guadalajara, presenta su número 50 y su nuevo formato, el jueves 8 de mayo próximo. La poeta Myriam Moscona y el narrador Ignacio Padilla conversarán sobre Luvina y sus contenidos, moderados por el músico y locutor Alfredo Sánchez. La cita es a las 20:30 horas en el Archivo Histórico – Casa Zuno: Guadalupe Zuno 2226 esquina Unión, colonia Americana.

El cadáver es el mensaje. Apuntes personales sobre literatura y violencia (Fragmento)

Por Horacio Castellanos Moya

Yo publiqué una novela cuyo personaje central era un ex sargento de un batallón contrainsurgente que, después de ser desmovilizado por el fin de la guerra civil, se dedica a la delincuencia y sobrevive gracias a su fría y eficiente capacidad de matar. Era un personaje de ficción, construido a partir de la información y las vivencias que acumulé como periodista en la postguerra, un personaje a través del cual reflejaba uno de los problemas fundamentales de la transición democrática en El Salvador: el reciclamiento de la violencia. Se trata de la conversión de la violencia política en violencia criminal, y en términos humanos, de la imposibilidad que tienen los jóvenes educados como feroces máquinas de guerra para reincoporarse a la vida civil, no sólo por la falta de una política y de incentivos para su reinserción, sino por la profunda deformación psíquica y emocional a la que han sido sometidos; es un fenómeno común a otras sociedades que salieron de intensos conflictos armados, como Guatemala o Sudáfrica, y que en el caso salvadoreño adquiere tintes dramáticos, ya que la tasa diaria de asesinatos por la criminalidad ha llegado a alcanzar el mismo nivel que durante la guerra civil. Otro de los aspectos que mi novela dejaba al descubierto era la estrecha relación entre el crimen organizado y poderosos grupos políticos y empresariales, una relación que está en el centro de los procesos de corrupción que afectan a las instituciones del Estado en varios países de Latinoamérica. Y un tercer aspecto que para el lector resultaba evidente era que, en la postguerra, las filas del crimen organizado se llenaban con ex combatientes procedentes de los bandos que antes eran enemigos.

Yo no era, por supuesto, una golondrina haciendo verano. Mi libro formaba parte de una corriente literaria que en esa misma época florecía en Colombia, México y Brasil: la novela del sicario, del ex policía convertido en asesino a sueldo, del ex combatiente reciclado en mercenario, del pistolero narcotraficante. Algunas novelas de Fernando Vallejo y de Jorge

Franco en Colombia, las ficciones de Élmer Mendoza en México y la obra de Rubem Fonseca en Brasil son excelentes muestras de esta expresión extrema de la cultura de la violencia en las ciudades latinoamericanas.

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