Entretenimiento | La universidad nos regala otra inesperada etapa de felicidad: la jubilación, a la cual tenía tanto terror y en la que me siento feliz. TEXTO INVITADO: Lo mejor de la vida viene de la profesión elegida Recordando aquellos años extraordinarios de la facultad desaparecida, ubicada en la también desaparecida calle de Tolsa, ahora Enrique Díaz de León, esquina con Juárez Por: EL INFORMADOR 29 de mayo de 2008 - 17:12 hs Gigantesca y gratísima sorpresa fue para mí descubrirme en Tapatío a partir de una entrevista que me hizo, hace un par de años, David del Toro; encantador, por cierto. Quiero agradecer, también, a Silvia Quezada por lograr mi petición dominical. En el artículo del 17 de mayo hay dos cosas que quiero rectificar: mi padre no fue notario, pero sí fue hijo, nieto y bisnieto de notarios. Otra: Muriá estudió Historia y no Letras en la antigua Facultad de de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara; en el texto parecería que estuve en Filosofía... Y recordando aquellos años extraordinarios de la facultad desaparecida, ubicada en la también desaparecida calle de Tolsa, ahora Enrique Díaz de León, esquina con Juárez; vecina de la Escuela de Trabajo Social y de la Música, que se ubicaba en Pedro Moreno y es la que siempre se menciona, quiero decirles lo que nos brindó. Ingresé como estudiante en 1961, cuando la dirigía el ingeniero Edmundo Ponce Adame, quien falleció el 12 de junio de 2006. Entre los maestros que más profundas huellas dejaron, estuvieron Arturo Rivas Sainz y Adalberto Navarro Sánchez, en Letras; José Luis Razo Zaragoza y Alberto Ladrón de Guevara, en Historia; y Ponce Adame y Salvador Echavarría, en Filosofía. José Guadalupe Zuno impartió Historia del Arte y donó los libros que conformaron la biblioteca inicial de la Facultad. De la UNAM y el Colegio de México tuvimos el honor y el placer de escuchar las cátedras magníficas de Luis Villoro, José Gaos, Ricardo Guerra, Sánchez Vázquez, Sergio Fernández y ¡Rosario Castellanos!, entre otros genios míticos hoy. El ambiente era cordial y las amistades entre nosotros, estrechas. Muchos de mis compañeros se han ido ya: Hugo Ibarra Farah, Manuel Fernández del Valle, Pedro González Madrid, Blas Nuño, Jesús Villalobos y José Donato Ruiz Sánchez, entre muchos más, incluidas mujeres como Carmen Castañeda, Lucía Arévalo y María Casparius, lo que duele de verdad. Pero si fascinante fue la universidad para la juventud estudiantil, con comidas y paseos de vacaciones con algunos de los maestros, acceso a sus bibliotecas y amistades, la vida profesional de nosotros ya adultos, convertidos en profesores e investigadores, fue de una riqueza inimaginable: ver textos nuestros convertidos en artículos (por ejemplo, en la sección de cultura de EL INFORMADOR por más de 20 años), en memorias de congresos nacionales e internacionales, en capítulos de libros hechos por varios coautores y en otros elaborados tras ardua y pródiga investigación en diversidad de archivos. También fue un placer la relación con los alumnos, muchos conocidos en temprana adolescencia y actualmente ya abuelos, igual que yo. Las asignaturas impartidas a partir de nuestras preferencias y conocimientos... ¡Y Francia! Una experiencia insospechable en L’Université Paul Valery, en Montpellier, capital del departamento de Herault, donde se hablaba la lengua de Oc y no la parisina de oïl; donde nació la Inquisición Pontificia en 1183 para acabar con los abligenses o cátaros, mientras que la Inquisición Monárquica inició en España en 1480. Ahí existió la primera escuela de medicina del mundo entero, hoy convertida en museo. Desde Montpellier pude viajar a lugares cercanos como Fanjeaux, un pueblo diminuto en el valle de l’Aude, cerca de los Pirineos Orientales. Allí se encuentra el convento en el cual Domingo de Guzmán ( 1170-1221) tuvo dos visiones: la del rezo del rosario, objeto que los moros llevaron a España desde el 711, que consta de 99 cuentas y se repite como letanía con los adjetivos de Alá; y lo que condujo a crear la Inquisición, que a lo largo de su existencia –siglos XII al XIX- provocó alrededor de 12 millones de muertes, en tanto que las Cruzadas produjeron cinco millones de víctimas. El Languedoc entero tardó 300 años en recuperarse tras la quema de pueblos enteros, con toda su población encerrada entre las murallas y las llamas. Carcassone se reestructuró como una auténtica joya del Medioevo y ahí contemplé, horrorizada, los instrumentos de tortura de la Santa Inquisición, misterios que llegaron años después a la Ciudad de México y a Tlaquepaque, aunque en menor número. Ese viaje lo hice en compañía del doctor Louis Cardaillac, especialista en el tema e investigador minucioso de los archivos correspondientes tanto en Francia como en España. Pero la universidad nos regala otra inesperada etapa de felicidad: la jubilación, a la cual tenía tanto terror y en la que me siento feliz. Cuando inicié trámites en el sindicato, me comentó uno de los directivos: “Nos preocupa profundamente que nuestros jubilados caigan en la depresión y, por tanto, en el alcoholismo” . Para evitarlo, nos prodigan un mar de placenteras actividades: desayunos el primer viernes de cada mes; deliciosas cenas en el Círculo Francés o en La O; viajes al mar y viajes culturales tres veces al año; para el Día del Maestro nos llevaron a pasear y a comer a Los Guachimontones; hay círculos para platicar en inglés o francés con colegas, lo que mantiene la mente activa y las horas ocupadas... En fin, estoy convencida de que lo mejor que la vida me dio fue la profesión elegida en el manto sagrado que se llama, desde 1925, Universidad de Guadalajara y que en 1792 llevó como nombre Real y Literaria Universidad de Guadalajara, sinónimo auténtico de Divina Providencia, ya que incluso tras nuestra muerte lega a quienes amamos y nos sobreviven, un decente seguro de vida... ¡De la juventud temprana a la vida de ultratumba nos protege y da felicidad! ¡Gracias por existir, UdeG! Destacado: Estoy convencida de que lo mejor que la vida me dio fue la profesión elegida en el manto sagrado que se llama, desde 1925, Universidad de Guadalajara. por: Magdalena González Casillas Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones