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Martes, 20 de Noviembre 2018
Entretenimiento | Según la gente de los pueblos circunvecinos, las primeras parvadas se vieron hace más de 30 años

TEXTO INVITADO: ¡Buen viaje,pelícanos borregones!

Se dice que el regreso de los “borregones” a sus lagos de origen es también un espectáculo extraordinario. Esto sucede a las primeras horas de la mañana, en medio de un cielo matizado de rosa y naranja.

Por: EL INFORMADOR

Texto y fotos: Susy y John Pint

Año tras año, a fines de octubre, la rivera de Chapala se engalana con la llegada de parvadas impresionantes de pelícanos blancos (Pelecanus erythrorhynchos) que recorren cerca de cuatro mil kilómetros dejando su hábitat en unos de los lagos de Canadá para pasar el frío invierno en distintos humedales de la parte Sur de Estados Unidos, México y América Central. Una de las estancias  favoritas de miles de estas hermosísimas aves es nuestra laguna, y muchos se quedan hasta mediados de abril. Este año no nos perdimos este espectáculo. Seguirlos con la vista, surcando el cielo como listones blancos con finísimos bordes negros, que serpentean grácilmente por encima de las aguas del lago, es algo que te deja atónito. Y acercarte luego a donde, pacientemente, esperan a los pescadores que llegan a darles abundantes sobras de pescado fileteado, simplemente te deja con el deseo de quedarte entre ellos para siempre. También se nos había comentado que cuando llegan los pescadores a dejarles alimento, cada uno va por lo que le corresponde en forma muy ordenada. “¡Qué broma!”, dijimos, imaginándolos armando tremenda alharaca, peleándose por el bocado del otro... y querer más. Pues... ¡no! Cuando llegan los pescadores, cada uno va por su bocado dejando al de al lado tomar el suyo. ¿De dónde sacarían tal disciplina? Se pregunta uno.

Otro espectáculo que nunca se olvida es cuando están todos en grupo esperando su comida y, de pronto, algún lanchero decide arrancar su nave muy cerca de donde ellos están: cuando levantan el vuelo en desbandada, es fantástico escuchar el lento y ruidoso batir de sus alas. (Estas aves enormes llegan a pesar siete kilos y su envergadura puede llegar a tres metros).

Hace varios años, tuvimos la suerte de descubrir un grupo de estos pelícanos en un pequeño humedal en la laguna de Sayula —que es otro de los sitios en donde algunos de ellos se quedan— y tuvimos que regresar días después con binoculares para poder verlos mejor. ¡Imaginen entonces la impresión que tuvimos al verlos a sólo unos cuantos metros de distancia!

Según la gente de los pueblos circunvecinos, las primeras parvadas se vieron hace más de 30 años, por lo que resulta imposible creer que sean tan pocos los estudios que se han hecho de estas aves durante su estancia en la rivera de Chapala. De los pocos datos que se tienen,  se supone que la llegada de las maquiladoras a pueblos como Petetán y Cojumatlán de Régules —en donde se filetea pescado proveniente de Guanajuato y el Estado de México— fue un hecho que definió la decisión de estas aves de adoptar nuestro lago durante estos cinco meses. El origen del nombre popular con el que se les conoce (“pelícanos borregones”) es también algo que se deconoce, aunque muchos suponen que es por su color blanco y por el hecho de andar siempre juntos. Interesante también sería saber cuántos arriban cada año, ya que las cifras que se dieron para este año son muy diversas. Mientras unos aseguran que fueron 10 mil, otros piensan que fueron cuatro mil. Tampoco se sabe nada de los que, por diversas razones, prefieren quedarse.
Aparentemente, éstos se adentran en la laguna y se quedan ahí hasta el siguiente invierno, cuando poco a poco se unen a las parvadas que van llegando. Y como es una pena que no se les estudie debidamente, también lo es el hecho de que las áreas en donde hibernan aún no han sido declaradas reservas protegidas, lo cual es una falla terrible por parte de los gobiernos de Michoacán y Jalisco, ya que es una especie protegida por el Tratado de Protección Ambiental de América del Norte.

Se dice que el regreso de los “borregones” a sus lagos de origen es también un espectáculo extraordinario. Esto sucede a las primeras horas de la mañana, en medio de un cielo matizado de rosa y naranja. Después de haber comido como nunca, se juntan en grupos de unos 500 ó más y, siguiendo a un líder, forman una hilera perfecta que sube en forma de espiral que poco a poco se pierde en el infinito. (Se supone que vuelan unos 500 metros por encima de las nubes y llegan a su lugar de origen sin hacer escala alguna. Al llegar a su destino comienzan su ciclo reproductivo.)

Y como es fantástico tenerlos entre nosotros, será también importante ver que muy pronto, estos maravillosos amigos viajeros, lleguen a nuestra laguna a hibernar en un lugar tranquilo y seguro.

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