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Viernes, 16 de Noviembre 2018
Entretenimiento | Para el chileno ésta es una oportunidad “increíble y bastante única”

ROSTROS VILLA PANAMERICANA: Edificio Baeza Alzaga, de Mathias Klotz

La Villa Panamericana fue el pretexto perfecto para que Klotz trace por primera vez en México, pese a que en años anteriores ya había estado en el país como catedrático en algunas universidades.

Por: EL INFORMADOR

Por: Eduardo Sánchez.   Foto: Alfredo García

De la llamada nueva generación de arquitectos chilenos, hay un miembro en especial que ha logrado figurar más allá de sus fronteras por la calidad de su obra. Todavía no pasaba las primeras cuatro décadas de vida –regularmente, es después de esta edad cuando los geniecillos más destacados de cualquier disciplina comienzan a atiborrar vitrinas y vitrinas con galardones- cuando a Mathias Klotz Germain (Villa del Mar, Chile, 1965) le llegó el reconocimiento internacional: en 2001 fue distinguido con el Premio Borromini de Arquitectura (por su Colegio de Altamira) dentro de la categoría de arquitectos menores de 40 años.

La presea se le entregó en virtud de “la gran energía y una espacialidad sugerente concretada con una extraordinaria simplicidad de medios. Se trata aquí de un ejemplo de arquitectura de gran calidad pensada para la ciudad real y las necesidades reales interpretadas con elegancia y sin arrogancia”, le atribuyeron los jueces.

Pero Klotz es modesto y no dice mucho con respecto a su trabajo. “No tengo una definición acerca de lo que hago, pero trato de hacer una arquitectura que sea adecuada a la situación, al lugar, al contexto completo y que sea vivible. El que me interesa es el cliente usuario principalmente”, apunta el arquitecto.

La Villa Panamericana fue el pretexto perfecto para que Klotz trace por primera vez en México, pese a que en años anteriores ya había estado en el país como catedrático en algunas universidades (e incluso en la ciudad como tallerista, el año pasado).

Según él, no tiene entendido cuál es la razón por la cual fue solicitado como arquitecto invitado, pero de igual forma se muestra entusiasta y gustoso por trabajar en Guadalajara. Así que, a partir de 2001, la sobriedad y trascendencia de la labor de Klotz podrá ser vivida por los tapatíos.

“Me muevo generalmente bastante en los proyectos, sobre todo en los particulares, como las casas; me gusta conocer al cliente, hacerme amigo de él. Y me interesa el tiempo. En cosas más abstractas, como ésta, por ejemplo, me interesa que, al final, tanto los deportistas que vengan como los futuros habitantes del lugar, vivan felices: que se apropien del edificio, que la gente del barrio sienta que esto al final fue un buen cambio. Que ni siquiera echen de menos lo que había antes: un barrio difícil en un contexto que está muy machacado”.

Definición del proyecto

Klotz es corto al hablar en lo que concierne a su trabajo para la Villa Panamericana. No abunda en términos y es conciso. Acepta que estuvo gustoso por ser parte de las juntas de arquitectos celebradas a finales de marzo, pues, debido a la premura de su estancia en la ciudad, son pocas las oportunidades que tendrá para compartir con los otros profesionales ganadores y designados que planearán el futuro de la zona del Parque Morelos.

Y aunque la traza de su edificio se encuentra en la etapa de anteproyecto –“pues habrá que resolver toda la exagerada polémica que se ha despertado al saber que será en este sitio donde se construya la Villa”, afirma-, después de conocer el barrio y tomar en cuenta los antecedentes -“encargos”, como él los llama- que le habían sido encomendados por la Comisión de Planeación Urbana, trató, dice, “de resolverlo de la mejor manera haciendo los mejores departamentos para la gente que habitará en ellos a futuro. Lo mismo que tratar de hacer una aportación para todos los que no vivirán ahí, pero pasarán cerca de él y lo harán parte de su cotidianidad. Que disfruten del espacio público. Se trata, también, de que mi edificio sea parte de un todo y no una pieza única en el entorno”.

Para el chileno ésta es una oportunidad “increíble y bastante única”, ya que, debido a los cuatro años que tienen que transcurrir para que sucedan los Panamericanos, son pocas las probabilidades de acción arquitectónica en las ciudades sede. Y aunque no niega que le parece excesiva la controversia en Guadalajara, considera que la opción que tomó el Estado de construir en una zona preexistente es acertada y compleja a la vez.

“Es tributar a la ciudad un beneficio que en corto y largo plazo le será útil. Lo que estamos haciendo no es sólo para el beneficio de los posibles habitantes, sino para el beneficio directo del barrio y de la ciudad entera. Tener un centro histórico nuevo y revitalizado le hace bien a cualquier sitio del mundo. Eso genera vida, inversión, intercambio. Es lo que las ciudades requieren, en lugar de llevarlas a las periferias”.

Destacado: “En cosas más abstractas, como ésta, por ejemplo, me interesa que, al final, tanto los deportistas que vengan como los futuros habitantes del lugar, vivan felices: que se apropien del edificio, que la gente del barrio sienta que esto al final fue un buen cambio. Que ni siquiera echen de menos lo que había antes: un barrio difícil en un contexto que está muy machacado”

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