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Miércoles, 20 de Noviembre 2019
Entretenimiento | Kinetos

Ejercicio de intensidad

Kinetos

Por: EL INFORMADOR

Es opinión generalizada que Ridley Scott es uno de los artífices sobresalientes de lo que podríamos llamar la estética del cine hollywoodense actual. Sus películas se caracterizan por algunas audacias en el uso de trucos fotográficos, en la creación de personajes protagónicos, en el tipo de historias que selecciona, y en la manera en que soluciona producciones que prometen ser difíciles. De su filmografía bastaría destacar cuatro títulos –Alien, Blade Runner, Thelma y Louise, Gladiador- para tener claro la posición tan influyente que ocupa en el desarrollo del espectáculo cinematográfico de los últimos 30 años. Red de mentiras es su largometraje número 18, y en él se observa la habitual destreza del director solo que aplicada en zurcir y renovar un calcetín viejo.
La trama de agentes secretos parece digna de James Bond, Jasón Bourne o cualquier otro paladín del espionaje internacional. La acción se mueve de un país a otro, interviene tecnología que opera maravillas, la figura central sufre heridas graves y, por supuesto, se repone sin mayor problema de ellas, y además, entre tanto ajetreo, se da tiempo de tener algo así como un ligero amorío con una joven doctora musulmana. Lo asombroso es que todo eso no hace recordar de inmediato una típica película de género, más bien consigue suscitar la impresión de estar observando un relato de corte periodístico, sobre el violento clima político que según las noticias priva en medio oriente. Incluso el romance adquiere un tono realista al mostrar las dificultades que tiene una mujer árabe al ser cortejada por un hombre occidental. Quizá en ese elemento, como en ningún otro, se despliega la astucia de Scott para montar algo que sirve al mismo tiempo a varios fines. Ejemplifica una conducta cultural verosímil, pues se conoce que por lo general un extranjero causa desconfianza en una comunidad, y además adquiere un valor de suspenso pues contribuye a remarcar el ambiente acosador y de peligro en que se desenvuelve el protagonista.     

Si se quiere otra prueba de la buena imaginación del director, habría que fijarse en la personalidad  y comportamiento atribuido al jefe de los servicios de inteligencia de Jordania. El hombre es un ejemplo de refinamiento: enciende con elegancia y naturalidad un puro mientras discurre sobre las complejidades de una operación terrorista, utiliza de oficina una residencia sofisticada, se distrae en un restaurante caro en compañía de una mujer bella y distinguida, pero siempre mantiene el control absoluto de las situaciones.

Aunque hay segmentos cargados de actividad, la mayor parte del tiempo la película tiende a elaborar castillos en el aire, que en apariencia van rizando la tensión; eso se traduce en imágenes de personas mirando las pantallas de la computadora con mucho interés, gráficos que se despliegan enlistando textos o descargas de archivos, y gente hablando por teléfono móvil en lugares públicos muy concurridos.
 
Red de mentiras (Body of Lies), EUA, 2008; Dirección: Ridley Scott; Guión: Wiliam Monahan a partir de una novela de David Ignatius; Actuación: Leonardo DiCaprio, Russell Crowe.

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