Deportes | La reacción del técnico tras el partido con el Sevilla causa perplejidad El Madrid descubre lo peor de Mourinho La intempestiva reacción del técnico tras el partido con el Sevilla causa perplejidad a los dirigentes del club Por: EL INFORMADOR 22 de diciembre de 2010 - 05:08 hs José Mourinho llegó al Real Madrid en el verano pasado, procedente del Inter de Milán. EFE / ESPAÑA, MADRID (22/DIC/2010).- Dicen que la imagen de Agustín Herrerín cayendo de espaldas sobre el césped se quedó clavada en la retina de Florentino Pérez como un recuerdo obstinado de una noche desagradable. El presidente del Madrid se fue a la cama el lunes de madrugada en estado de perplejidad y solo empezó a recuperarse cuando comprobó de primera mano que el hombre con quien compartía mesa era un actor y no un verdadero neurótico. Era José Mourinho en persona, alegremente dispuesto a devorar su faisán a las uvas con cebolletas caramelizadas. Ése fue el plato fuerte que sirvieron el lunes en la comida de Navidad de la plantilla y la directiva en el palco del “Bernabéu”. Durante el acto, Pérez recibió las disculpas de Mourinho de parte de Silvino Louro, su ayudante, responsable de provocar el altercado con el banquillo del Sevilla que dio por tierra con Herrerín, el delegado de campo. La conversación se produjo horas después de que, en el mismo escenario, Pérez asistiera a una de las veladas más inconcebibles desde que asumió el cargo hace un año y medio. Al cabo de la jornada, el desencuentro se había superado. Pero los dirigentes madridistas afirmaron haber descubierto lo peor de Mourinho, al que ven nervioso tras la goleada del Barça. “Hemos fichado a un gran general”, dijo un directivo, celebrando la contratación del entrenador más famoso, el pasado verano; “Mourinho es Alejandro Magno”. Pero debieron sospechar que la ley marcial no suele coincidir con la del futbol ni con las costumbres más arraigadas en Chamartín. No imaginaron que, tras completar un partido desapacible y conseguir una victoria sufrida ante el Sevilla (1-0), y después de que Louro montara una trifulca cuyo máximo perjudicado fue Herrerín, de 74 años y que lleva más de cuatro décadas cumpliendo su servicio con discreción, el luso se presentaría en la sala de prensa denunciando una improbable conspiración arbitral y lamentándose del mal funcionamiento de una institución que le deja solo, expuesto a peligros oscuros. “Quiero pedir una reunión con el presidente”, repitió como si estuviese harto de todo. “Si el presidente es el número uno, yo quiero reunirme con el número uno”, insistió como si no hablase casi a diario con Pérez, como si fuese un empleado marginado. A Pérez le alarmó la reacción porque percibió que aquello, más allá de representar un choque contra el director general, Jorge Valdano, escondía un extraño desafío a su autoridad. Mourinho es consciente de que el poder no lo tiene Valdano, con quien mantiene una relación fría y cordial, sino el presidente. En el club saben que Mourinho quiere fichar un delantero centro y está molesto porque cree que no obedecen a sus exigencias. Saben que quiere más poder. Saben que pretende cambiar hasta las costumbres más viejas para ajustarlo todo a su método. Quiere ser duro con los árbitros. Como hacía en el Inter si el equipo jugaba mal, perdía o empataba: les declaraba una guerra institucional. “El Barça se quejó de los colegiados durante 80 años”, decían ayer los directivos, “y fueron sus peores años”. En el Calcio, Mourinho aplicó todo su arsenal interpretativo. En Italia, donde la teatralidad es parte de la cultura, sus despliegues resultaron incluso eficaces. En España a la audiencia le resulta más complicado asumir que todo es una actuación. Le resultó difícil incluso a Pérez, que habla frecuentemente con Mourinho y el domingo se sintió incómodo, asombrado al descubrir que su relación con el entrenador con el que soñó será más tortuosa de lo que pensaba. En los seis meses que lleva al frente del Madrid, Mourinho ha desplegado todo su talento como técnico. Los dirigentes y los jugadores han descubierto lo mejor de su repertorio, pero también lo peor, sobre todo tras el 5-0 del Camp Nou (estadio del Barcelona). Hoy no son pocos los que perciben que, además de un excelente entrenador, es un hombre que busca ante todo sus propios intereses, que detrás de su apasionada promesa de protección se esconde un intento de manipulación y que, si no se andan con cuidado, cualquier día se quedarán a la intemperie. Así les pasó a Canales y Pedro León. Y a Valdano. Y quién sabe si a Pérez. ANÁLISISQue el Madrid se defienda de Mou Hay ególatras infinitos. Uno de ellos es José Mourinho, que, de tanto puntuarse ante el espejo, ha llegado a creerse por encima de la institución que le emplea. Por muy especial que se considere, nada justifica que tenga derecho a pedir en público el amparo presidencial para su histeria. Con ello pone en entredicho no sólo una supuesta debilidad de un superior, Jorge Valdano, sino la de un club cuya dimensión está fuera de la órbita hasta de quienes se sienten elegidos por los dioses. Por su vocación absolutista, este portugués se ve legitimado para que el heráldico Real Madrid actúe al antojo de sus caprichos mientras él lo mismo interpreta al mesías que se concede un papel victimista. Poco le importa, al parecer, la imagen del club. Durante más de 100 años, el Madrid se ha defendido a sí mismo como pocos y lo ha hecho a partir de sus éxitos universales y la defensa de un estilo y unos valores, más o menos acentuados según la época, pero que para la mayor parte de su hinchada siguen en vigor. Por ahora, que se sepa, Mourinho en nada ha contribuido a forjar la maravillosa leyenda de este club. Por el contrario, la institución, apremiada por las urgencias, se ha entregado a él de forma desproporcionada: es el entrenador mejor pagado del mundo, transita por Madrid con toda una corte de auxiliares que se han visto involucrados en más de un episodio de matonismo, su representante también ha hecho caja con otros jugadores, le han permitido que manosee todas las estructuras del club y hasta la decoración de algún despacho. Tanta cobertura le ha dado el club que se atrevió a flirtear con Portugal tras un ataque de repentino patriotismo. La realidad es que, hasta la fecha, con Mourinho el Madrid solo ha logrado multiplicar sus enemigos, distorsionar su marca caballerosa, mostrar una debilidad extrema ante el Barça (5-0) y, para sonrojo institucional, ver a su septuagenario delegado de campo por los suelos por un ataque de furia de uno de sus ayudantes. En su teatrillo posterior al duelo con el Sevilla, Mourinho no solo pasó por alto el incidente de Silvino Louro con el histórico Agustín Herrerín. En su esperpento mediático, Mou olvidó que, tras su fichaje, fue precisamente Valdano el primero en tender una mano a la mutua reconciliación, y mandar al limbo sus críticas precedentes al estilo futbolístico de los equipos del luso. También fue su director general quien salió al quite durante el incendio con Preciado. En definitiva, Mourinho, cuyo divismo quedó muy tocado tras el varapalo del Camp Nou, ha querido saltarse la cadena de mando y buscar el hombro del presidente para fabular una supuesta conspiración arbitral que le sirva de tapadera a otros males. Pura y nada ingeniosa demagogia para enmascarar un 5-0 y las bienaventuranzas de su máximo adversario. Su ridícula intervención tras el partido con el Sevilla revela a un técnico simplista cuya única argumentación para la presunta trama es un papel que le ha dado no se sabe quién al término de un encuentro mal dirigido por Clos Gómez. Por cierto, el mismo árbitro que tuvo un conflicto con Pep Guardiola cuando este le llamó mentiroso, secuencia que Mou, tan estudiado cuando le interesa, obvió ante los medios. Eso sí, Howard Webb, ese policía inglés que dio cuartelillo a la violencia holandesa en Sudáfrica y en esta Liga de Campeones avaló un gol de Inzaghi en fuera de juego al Madrid, le parece un gran árbitro. Así es la irrealidad de Mou, que se parapeta en su papel de defensor de la plantilla para pedir una defensa superior. ¿No necesitaron esa defensa Canales, Pedro León, Alonso, Benzema y otros a los que puso en la diana pública? Pese a lo que diga Butragueño, en el Madrid no hay seres superiores, sino un presidente legitimado por los socios entre otras cosas para preservar la imagen de la sociedad. Pero ni él está por encima de la institución. Ni mucho menos Mourinho, que ya debería saber, por ejemplo, quién fue Miguel Muñoz, qué es y qué significa el Madrid. Él, por ahora, no es más que un transeúnte y no el verdadero ser superior que se cree y le hacen creer. Es el Madrid el que debería defenderse de Mou. Temas Futbol Internacional Real Madrid José Mourinho Lee También Congreso de Perú destituye como presidenta a Dina Boluarte Naasón, Covarrubias, Omar… Premio Nobel de la Paz es para María Corina Machado, líder opositora de Venezuela Ulises Dávila se declara culpable por amaño de partidos; recibirá sentencia en diciembre Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones