Miércoles, 22 de Enero 2020
Deportes | Por Héctor Huerta

Atuendo futbolero

“Cada ser humano comete errores. La hazaña radica en cometer errores cuando nadie observa”. Peter Ustinov.

Por: EL INFORMADOR

Este torneo recordará, sin duda alguna, el par de hazañas realizadas por dos equipos pequeños, habituados a los sinsabores de la tabla porcentual baja, como fueron Puebla (ya eliminado) e Indios (con una labor casi imposible por realizar hoy ante Pachuca).

Puebla estuvo a un minuto y un descuido de la hazaña. Soportó casi estoicamente una presión asfixiante de Pumas durante 89 minutos, hasta que finalmente pesaron el castigo del central Alejandro Acosta y del otro defensa central Duilio Davino (quien se había lesionado minutos antes) y un centro al área poblana más o menos de trámite se convirtió en el gol de Verón, con certero frentazo.

Ahí parecía morir la ilusión poblana, que entonces ganaba 2-0 y se acercaba al ritual donde la historia sólo recuerda aquel Celaya de Emilio Butragueño que llegó hasta la final contra todos los pronósticos, aunque ahí perdió con el mañoso Necaxa de Manuel Lapuente, que con dos empates en la batalla decisiva se coronó gracias al reglamento.

Este Puebla se pareció mucho a aquel Celaya porque había dejado como sello de identidad una fe inquebrantable en la hombría de sus jugadores, en el qué hacer táctico muy aseado en la cancha y en poseer un líder carismático, muy singular y de gran impacto mediático como José Luis Sánchez Solá, quien como buen profeta poblano anticipó que el partido contra Pumas sería de los mejores del torneo, de ida y vuelta, y en el cual lo más fácil era hacerles dos goles a los universitarios en su propio campo.

De hecho, Puebla no vencía a Pumas desde 1999, pero ahora les ganó y en el mismísimo estadio de C.U., pero gracias al reglamento de competencia, aunque el global terminó 3-3, los universitarios avanzaron por su mejor posición en la tabla.

Queda ahí, en esta eliminación del Puebla, un buen modelo de muestra para comprobar que en el futbol mundial muchas veces el azar o la cantera son más valiosos que la cartera.

Equipos de los llamados “grandes” se gastaron millonadas (América 20 millones de dólares, Cruz Azul diez y Chivas seis), sin que tuvieron los resultados del modesto Puebla, que apenas dispuso de 450 mil dólares para conseguir muchos refuerzos prestados en condiciones, que ni el mismo Ripley creería, porque confiaron más en la palabra de “Chelís” que en un contrato debidamente protocolizado y registrado ante la Federación Mexicana de Futbol.

El Puebla ha dado un ejemplo al futbol de entereza anímica ante la adversidad. Su fuerza emocional interna fue tan grande, que al orden táctico le agregaron hasta jugadas de lucimiento personal, como los remates de Acosta que se convirtieron en goles, la gran campaña de Duilio Davino que debió catapultarlo a la Selección de Aguirre o la confirmación de que Luis Miguel Noriega y Sergio Pérez son dos grandes futbolistas que están muy cerca de ser firmados por otro club de mayor arraigo popular.

También el “Chelís” deja un extraño botón de muestra de un hombre extrañísimo y pocas veces aceptado en el medio porque no tiene antecedentes de haber sido jugador profesional. Era un joyero de tradición, apasionado del futbol simplemente y que pidió una oportunidad y tras tacharlo de “loco”, le brindaron la “chance” de mostrar sus locuras con el ascenso del Puebla hace dos años, la salvación el torneo pasado y la llegada a las semifinales en el actual.

Puebla se quedó a un minuto del milagro, pero dejó un ejemplo para el futbol mexicano, tan confuso de valores, en el que la filosofía de “Chelís” (por primera vez en muchos años) puso por encima del futbolista al ser humano.

“Chelís” se la jugó por sus futbolistas contra los rivales, contra sus propias limitaciones, contra la directiva y contra la incredulidad general.

Puebla apostó por la hazaña. Y se quedó a un minuto del milagro.

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