Domingo, 19 de Enero 2020
Deportes | Por Héctor Huerta

Atuendo futbolero

“El césped. Desde la tribuna es un tapete verde. Liso, regular, aterciopelado, estimulante...”. Mario Benedetti, El césped, Cuentos de Valdano.

Por: EL INFORMADOR

Mientras el Toluca abdicaba a su trono por una grave enfermedad ofensiva (carencia de gol, diagnosticaron los médicos-brujos del futbol), en Montevideo los ojos del poeta Mario Benedetti se cerraron para siempre.

La posibilidad de bicampeonato para el Toluca murió en su propio estadio, al no poder dominar al denominado caballo negro de la Liguilla, cuya sangre briosa, indómita, hirviente, surgió con los glóbulos rojos y blancos que son el ADN de una Ciudad Juárez que vive en permanente estado de alerta.

Aquel equipo toluqueño que hacía goles por racimos en el campo del Nemesio Díez, de repente se quedó anémico. Fueron tantas las oportunidades de gol falladas por el Diablo Rojo, que ni el mismo Dios con toda su misericordia se hubiese atrevido a firmar el acta para certificar el milagro.

Los Indios de Ciudad Juárez soportaron fieles a su filosofía de remar a contracorriente. Hace unas semanas por poco se los lleva el diablo del descenso. Y este domingo asistieron al mismísimo infierno del Toluca para quemar cualquier posibilidad de rendición. Fieles a su estilo, los Indios de Juárez están en semifinales demostrando que en el futbol no existen los enemigos pequeños. Y se despidió del infierno evocando el título de una de las obras cumbres de Benedetti: “Gracias por el fuego”.

El escenario final en la antigua Bombonera pintó este cuadro: asombro general, unas cuentas lágrimas de los aficionados, incredulidad de propios y extraños y el triste lamento de los futbolistas del Toluca, que no se dieron cuenta que salieron al campo con los zapatos al revés.

Una tentativa más de bicampeonato en la historia de los torneos cortos ha muerto. Contra la voluntad de los confesos anti-huguistas, los Pumas de Hugo Sánchez son los únicos que consiguieron el “bi” en México.

Y mientras moría el campeón del futbol mexicano, en Montevideo los años y los dolores se llevaron al maestro de la poesía, con el irrespetuoso destino que no permitió que llegara septiembre, para celebrar los 89 años de Benedetti, releyendo alguna de sus obras ordenadas con la pasión del bibliotecario en el archivo personal.

Novelas siempre presentes como La Tregua, Gracias por el Fuego o Andamios; o los cuentos de futbol, de amor y de vida, como El césped, Montevideanos, Despistes y franquezas, Con y sin nostalgia; o sus poemas inmortales, Cuando éramos niños, Quemar las naves, La casa y el ladrillo, Viento del exilio o Las soledades de Babel. O varias de sus obras hechas canciones para apaciguar el alma en voz de Serrat o de Milanés.

Benedetti sufrió cuatro comparecencias involuntarias pero necesarias al hospital en el 2008. Otras más este año, una en marzo y la última en este mayo, hace unos días, para tratar problemas diversos propios de una enfermedad intestinal crónica. Hasta que el fuego se apagó y quedaron las cenizas de la inmortalidad.

Deja el maestro Benedetti un legado de más de ochenta libros de poesía, novelas, cuentos, ensayos y guiones de cine. Su última obra publicada fue el poemario Testigo de uno mismo, presentada en agosto del 2008. Aún con sus terribles dolores, seguía escribiendo la obra que ya no presentará, que llevaba por título provisional premonitorio, “Biografía para encontrarme”.

Acá en México, los jugadores del Toluca se agruparon para poder cargar entre todos la pesada losa de la frustración. Nadie puede explicar la muerte del olfato goleador de sus jugadores, contundentes en el ayer, ineficaces en el hoy ante los Indios.

La noticia de la muerte de Benedetti nos permite mandar un abrazo, donde quiera que se encuentren, a uruguayos entrañables del futbol, como don Carlos Miloc, Luis Garisto o Robert Dante Siboldi. Y sobre todo en este momento al profesor Héctor Hugo Eugui, quien, para recordar al maestro Benedetti, pudo haber puesto como música de fondo en el autobús de los Indios de Ciudad Juárez, su equipo-consagración, el poema del maestro en boca del cantor cubano Pablo Milanés:

“Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.

“Sigue llenando este minuto
de razones para respirar
no me complazcas no te niegues
no hables por hablar”.

Como epitafio de lo ocurrido en el partido Toluca-Indios quedará otra bella prosa del maestro Benedetti, escrita en el cuento, El Césped: “Lo bueno es treparse unos sobre otros mientras los rivales regresan a sus puestos, taciturnos, amargos, cabizbajos, cada uno con su barata soledad a cuestas. Desde la tribuna es tan disfrutable el racimo humano de los vencedores como el drama particular de cada vencido”.

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