Domingo, 12 de Octubre 2025
Deportes | A propósito por Jaime García Elías

* Impotencia

A propósito por Jaime García Elías

Por: EL INFORMADOR

La estupidez de Javier Aguirre, la noche del jueves, resiste muchas explicaciones... pero no admite ninguna justificación.

Es cierto que, humano al fin, el “Vasco” no está exento de perder la cabeza en un momento de crisis. Es igualmente comprensible que, tan mexicano como sus críticos, aunque en sus declaraciones se cuide de decirlo abiertamente para no destruir lo poco que queda en la moral de sus jugadores, atrapados en un espiral de desempeños, en general, menos que mediocres y de resultados más negativos que positivos, Javier esté permanentemente a un paso de saltar de la frustración a la violencia, entendida esta última como manifestación de impotencia.
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Sin embargo, nada puede justificar la reacción que tuvo en la recta final (minuto 79, para ser exactos) del partido del jueves en Houston.
Más allá del afán de algunos valedores oficiosos que, puestos a tratar de defender lo indefendible, hicieron la intentona de justificarlo, aduciendo que Aguirre nunca tuvo la intención de patear a un jugador panameño (Philips) sino únicamente la de parar, a un paso de la línea de banda, el balón que ya se le había escapado, el propio Javier tuvo, al menos, la dosis de hombría suficiente para dar la cara al final del partido, el mínimo de decencia necesario para disculparse públicamente por su tontería, y la cuota de profesionalismo suficiente para reconocer que la decisión del silbante, al expulsarlo, fue irreprochable, y para admitir que su arrebato fue gravísimo.
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Todos sus antecesores en el puente de mando de la Selección Nacional han merecido censuras. Casi todos han salido del cargo con cajas destempladas, porque sus resultados se quedaron por debajo de las expectativas de los aficionados y de las exigencias de los críticos. Todos han tenido decisiones discutibles en cuanto a criterios para la elección de jugadores, métodos de trabajo, manejo de partidos, etc.

Ninguno, en cambio --hasta donde se recuerda, al menos-- hizo nada que unificara criterios en contra suya por la falta de respeto al futbol, al adversario y a su propio cargo, como hizo Javier en esta ocasión.

Sin embargo, puesto que tampoco es cuestión de crucificarlo, sin más, vale decir que el perdón de la opinión pública está condicionado, primero, a que la Selección mejore, y, segundo, a que la conducta de su técnico, en lo sucesivo, pase a ser ejemplar.

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