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Jueves, 15 de Noviembre 2018
Cultura | Considera que es obligación del literato plasmar en sus textos parte de su persona

Tras una peregrinación Paulo Cohelo plasmó su sueño

Es uno de los autores contemporáneos más leídos y cuyos libros han sido traducidos a más de 60 lenguas

Por: EFE

Cinco fueron los años necesarios para comprender sus experiencias místicas.EFE  /

Cinco fueron los años necesarios para comprender sus experiencias místicas.EFE /

SANTIAGO DE COMPOSTELA, ESPAÑA (23/JUL/2010).-  El escritor brasileño Paulo Coelho confiesa que su primera peregrinación, en 1986, a Santiago de Compostela, etapa final del Camino de Santiago, le sirvió para materializar su "sueño" de ser escritor.

Por ello, Coelho, uno de los autores contemporáneos más leídos y cuyos libros han sido traducidos a más de 60 lenguas, considera que la ciudad del Apóstol, en el norte español, "no es el final del Camino", sino "el principio".

Coelho recuerda, en una entrevista, que fue al llegar a la capital de la región de Galicia cuando se dio cuenta de que "o dejaba el sueño" de ser escritor u optaba por seguir adelante "a partir de aquí".

Entonces comprendió que debía "correr los riesgos" de comenzar su andadura como narrador, pese a considerar que no era un "crío", para alcanzar, finalmente, el "sueño de todo escritor", el de ser "leído".

Nacido en Río de Janeiro, en 1947, Coelho considera que es una "obligación" del literato plasmar en sus textos sus propios "miedos, esperanzas, ilusiones y momentos de depresión" a fin de compartir estas experiencias, y se muestra convencido de que todos los escritores basan sus historias en sus vidas personales de un modo u otro.

"Siempre un libro", así como "un cuadro" es un "espejo de ti mismo", asegura el autor de "Diario de un mago", editado en España como "El peregrino de Compostela".

Precisamente Coelho materializa este pensamiento en su nueva propuesta literaria, "El Aleph", que saldrá a la venta mañana, sábado 24 de julio, y que narra sus experiencias autobiográficas durante un viaje de varios meses en el Transiberiano.

En ese famoso tren conoció a una joven, de 21 años, que le indujo a una vuelta al pasado y a un encuentro consigo mismo, es decir, descubre el "aleph", un punto de encuentro donde todo confluye, explica el escritor.

A diferencia de otras obras, su nuevo libro sale a la luz cinco años después de su viaje, pues es una vez transcurrido ese tiempo cuando comprende "totalmente" lo vivido durante el periplo y se ve capaz de transmitirlo a sus lectores.

Coelho puntualiza que "cinco" fueron los años necesarios para comprender sus experiencias místicas y bromea con que necesitó "un mes" más para redactar la edición final de la obra, pues revela que la primera versión del libro es "siempre muy compleja" y contiene el "triple" de hojas que la final.

Confiesa que de sus viajes ha aprendido a no cargar con "muchas cosas", a seguir su propio ritmo, a guiarse por las señales y a depender de los demás, porque considera que la dependencia no es un síntoma de fragilidad, sino una "manera de agradecer a la vida y saber que el mundo no es tan amenazador como muchos piensan".

Coelho cree en el destino, en su caso el de ser escritor, si bien sostiene que uno puede desviarse de lo marcado.

"Es tu libre albedrío", dice, "negar el destino y no vivirlo, o vivirlo".

Para el autor de "El Alquimista", las redes sociales y su blog son una "manera de compartir", y asegura que disfruta "muchísimo" de la Red, porque tiene así un mayor acceso a los lectores.

Coelho, que se niega a "delegar" para responder a las preguntas "on-line" de sus seguidores, no entiende a los que ven en internet un "enemigo".

Asevera, en este sentido, que publicar en sus blogs fragmentos de sus libros posibilita acceder a un texto y decidir posteriormente si lo compra o no, si bien reconoce que las editoriales deben buscar una fórmula para generar ingresos con este tipo de iniciativas.

El novelista considera una "tontería" decir que el "mundo virtual no es real", porque, apunta, "hay muchas cosas que uno ve en la realidad que no son reales".

En cuanto al secreto de su éxito, insiste en que desconoce la clave y describe el quehacer literario como una "relación sexual" entre la obra y el autor, por lo que rechaza incorporar sugerencias de sus lectores.





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