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Viernes, 06 de Diciembre 2019
Cultura | José Martí, Rubén Darío, Juan Montalvo, Enrique Gómez Carrillo son algunos de los que sigueron los pasos del delirio poético

Reivindican faceta de escritor de José María Vargas Vila

Vargas Vila nació en Bogotá el 23 de julio de 1860

Por: NTX

CIUDAD DE MÉXICO.- Uno de los aspectos más olvidados dentro de la literatura de la generación modernista en Latinoamérica es la prosa, eclipsada por el delirio poético de la época, uno de esos hombres olvidados es el escritor José María Vargas Vila, fallecido el 25 de mayo de 1933.

De acuerdo con el artículo "Las peripecias de un sátiro hiperestésico", publicado en el sitio electrónico de La Patria, fue precisamente en esa época (finales del siglo XIX y principios del XX), que por primera vez en mucho tiempo, los escritores se negaron al provincianismo y se perdían en el exilio voluntario, deseosos de conquistar las metrópolis del lujo y el progreso.

Entre ellos figuran autores de la talla de José Martí, Rubén Darío, Juan Montalvo, Enrique Gómez Carrillo, Manuel Gutiérrez Nájera, José Asunción Silva y José María Vargas Vila, que escribieron miles de cuartillas que hoy languidecen en los viejos anaqueles de las bibliotecas del continente.

José María Vargas Vila nació en Bogotá el 23 de julio de 1860; fue escritor, político y periodista colombiano; un defensor incansable de las ideas liberales y de los más desvalidos, por lo que fue perseguido y por mucho tiempo vivió en el exilio.

Desde muy corta edad participó en luchas políticas como informador, agitador y orador; apenas cumplidos los 24 años ya era secretario del general radical Daniel Hernández, durante el alzamiento que éste dirigió contra el presidente Rafael Núñez.

Al fracasar la asonada se refugió en el interior del país, donde escribió su primer libro, "Pinceladas sobre la última revolución de Colombia; Siluetas bélicas", que por su tono crítico le valió que el gobierno colombiano ofreciera recompensa por su cabeza.

Ya refugiado en Venezuela, Vargas fundó el periódico "La Federación", que fue clausurado por las autoridades de ese país a petición del gobierno de Bogotá.

No obstante, continuó la escritura de sus novelas, que publicaba en forma de folletos y por entregas, y en 1891 viajó a Estados Unidos, para establecerse en Nueva York, donde conoció a intelectuales y activistas sociales latinoamericanos, como el cubano José Martí.

Vargas Vila fundó en la Gran Manzana la revista "Hispanoamérica" y el diario "El Progreso", además, publicó su libro "Los providenciales", feroz diatriba contra los dictadores latinoamericanos.

En 1893 viajó a Venezuela, donde participó en el gobierno, pero un golpe de Estado lo regresó a Estados Unidos, de donde partió a París, Francia, en 1895; allí también se acercó a intelectuales y políticos y publicó artículos, ensayos, novelas, narraciones y panfletos.

De los varios libros que escribió en esa época sobresale "Ante los bárbaros", en el que habla contra la expansión estadounidense. Ya entonces era conocido en academias, gobiernos y por intelectuales, que lo mismo lo admiraban que le temían.

Por esta actitud y la vida solitaria que llevaba, desarrolló cierto grado de neurosis, por lo que por recomendación de su médico se fue a vivir a Italia, para regresar a París en 1904, donde continuó el crecimiento de la leyenda negra que en torno a sí crecía.

Su obra política se caracterizaba por sus opiniones tajantes, sin dejar lugar a discrepancias, al tiempo de que carecía de modestia intelectual.

Cuentan sus biógrafos que cumplió misiones consulares para Nicaragua y se asentó en Barcelona, España, donde fueron publicadas sus obras completas con gran éxito, lo que le dio solvencia económica.

En 1923, Vargas Vila inició una gira por América Latina, en la que visitó Argentina, Uruguay, Brasil, México, Cuba y otros países, donde dictó conferencias, ofreció entrevistas y sostuvo polémicas a través de los medios de comunicación impresos.

Fue al final de esa gira, en La Habana, donde contrajo una enfermedad extraña que afectó su vista y que terminaría por dejarlo completamente ciego. Regresó a Barcelona, donde transcurrieron los últimos años de su vida en completa soledad y finalmente murió el 25 de mayo de 1933.

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