Domingo, 09 de Agosto 2020
Cultura | La escritora está a unos días de cumplir 80 años de vida

Periodismo, una droga difícil de abandonar: Poniatowska

La escritora, fiel retratista de los movimientos sociales en México, está a unos días de cumplir 80 años de vida

Por: SUN

Elena Poniatowska hace periodismo desde hace casi 60 años. Ha sido testigo privilegiado de las transformaciones del país. EL UNIVERSAL  /

Elena Poniatowska hace periodismo desde hace casi 60 años. Ha sido testigo privilegiado de las transformaciones del país. EL UNIVERSAL /

CIUDAD DE MÉXICO (14/MAY/2012).- Elena Poniatowska es periodista desde hace 59 años por una ocurrencia de juventud. Al poco tiempo también comenzó su carrera de escritora. Un buen día dijo que era reportera y buscaba una entrevista, así comenzó su historia en este oficio que califica de “ingrato” y al tiempo generoso.

Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor (París, 19 de mayo de 1932) celebrará en unos días 80 años de vida; lo hará convertida en un icono del periodismo cultural y social mexicano; como una escritora con reconocimiento internacional, y una de las más combativas. En su vida, sus discursos y sus libros se ha manifestado a favor de las mujeres, del derecho a decidir de éstas, de la guerrilla y de los indígenas.

En el principio, en 1953, cuando escribió su primera columna, le pareció una osadía lanzarse a entrevistar; cuando fueron pasando los años, se volvió un estilo preguntarles sobre su físico.

“Mis entrevistas son desinformadas, preguntaba casi sobre el físico de las personas porque no sabía nada, venía de un convento de monjas en Estados Unidos y no sabía absolutamente nada de mi país, los entrevistados fueron quienes me fueron enseñando. Ahora con la edad me preparo mucho más y ya no puedo salir así sin saber nada”.

— ¿Su curiosidad la empujó hacia el periodismo?

— No creo nunca haber decidido nada, lo único es que en 1953, en el periódico Excélsior, me inicié como reportera de sociales con “Bambi” (Ana Cecilia Treviño), pero no fue una decisión, simplemente fue una oportunidad que tuve gracias a mi mamá, porque ella le dijo al embajador de Estados Unidos que yo era periodista. Era una mentira, una chiripada, una ocurrencia.

— Ha sido testigo y cronista de muchos movimientos sociales

— Muchos movimientos que son muy importantes y tuve la fortuna de hacer la crónica, por ejemplo, del movimiento del 68, de la toma de tierras de Rubén Jaramillo, del terremoto del 85 y del plantón de Andrés Manuel (López Obrador). Entraba a mundos difíciles, a mundos que te marcan para siempre; tú crees que no pero todo te marca y te deja huella para el futuro; la cosa es que uno esté de acuerdo con su vida y diga qué bonita vida tuve, qué bien estuve, hice lo que mejor pude.

Pero es que a los reporteros siempre los tratan con la punta del zapato, los patean, pero sin reporteros no hay periódicos, finalmente los que hacen los editoriales lo hacen con el trabajo de los reporteros, hacen lo que se llama la obra negra del edificio, las estructuras, las bases, el fundamento de lo que se va a decir después; con todo, los reporteros son siempre a los que desdicen.

— De todos esos acontecimientos ha dejado constancia en la literatura.

— Hice Fuerte es el silencio, La noche de Tlatelolco, Amanecer en el Zócalo, Todo empezó el domingo con Alberto Beltrán; en el periodismo hice entrevistas con gente muy importante que, de no ser periodista, no habría tenido la manera de que platicaran conmigo. Esa fue una oportunidad y una escuela.

— ¿Qué le aportó el periodismo?


— Fue toda mi escuela, fue mi universidad y mi manera de estar en la vida. Mi razón de ser, en cierta manera es una justificación porque uno siempre justifica lo que hace, por ejemplo, creo que me queda mucho tiempo pero no es cierto. Me duele muchísimo no haber ido a la universidad, no tener carrera universitaria no sabes cómo me puede.

— Pero no le ha hecho falta…

— Sí me ha hecho mucha falta porque no soy nada organizada, no sé investigar por eso todo me toma el doble o el triple de trabajo porque no fui a la universidad y no adquirí una disciplina, y luego porque en el periodismo te entra una especie de trepidación interior, de distracción, de hacer todo a la carrera, de ir de un lado a otro y también te pone muy nerviosa pensar en si te van a salir los artículos bien o mal, si te van a tumbar la mitad, si te van a publicar en primera plana o adentro, si se van a tardar tres o cuatro o cinco días o una semana, lo ves y dices esto perdió actualidad pero a nadie le importa, un día por fin sale, entonces te sientes muy desairada; confirmo que el periodismo es una perpetua lección de humildad.

— Ha dicho que el periodismo es una droga.

— El periodismo es una droga y es algo que difícilmente abandonas, yo recuerdo un viejo periodista en el Novedades, creo que se llamaba Escurdia, pero recuerdo que me decía: “Sálgase, Elena, sálgase, no se quede porque esto mata. Le va a pasar lo que nos sucede a muchos que nos agarra el maquinazo”. Él se iba a tomar sus copas a la cantina El Negresco, ahí se iba con sus cuates y luego regresaba a escribir, era una forma de vida.


EL LIBRERO

Algunas de sus publicaciones


“Leonora”, editorial Seix Barral

“La noche de Tlatelolco”, editorial Era.

“Nada, nadie: las voces del temblor”, editorial Era.

“Paseo de la Reforma”, editorial Joaquín Mortiz.

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