Sábado, 11 de Octubre 2025
Cultura | El escritor mexicano acaba de publicar un ensayo sobre los presagios apocalípticos

Padilla, en el fin de los tiempos

El escritor mexicano acaba de publicar un ensayo sobre los presagios apocalípticos y la mercadotecnia en torno al año 2012

Por: EL INFORMADOR

“Para como veo que ha evolucionado el show del apocalipsis maya, creo que no prosperará el pánico apocalíptico”, explica Padilla  /

“Para como veo que ha evolucionado el show del apocalipsis maya, creo que no prosperará el pánico apocalíptico”, explica Padilla /

GUADALAJARA, JALISCO (27/JUL/2012).- “Feliz inicio del fin del mundo”, el mensaje circulaba en las redes sociales durante las primeras horas de este 2012. La influenza humana de 2009, tsunamis, temblores en todo el mundo y desastres nucleares, las imágenes se antojaban para una película más sobre el fin de los tiempos, con un desenlace en diciembre de 2012, de la mano de las profecías mayas o del apocalipsis de Juan de Patmos. Y es en la idea profunda de cuando todo acabe, que el escritor mexicano Ignacio Padilla abreva en su nuevo libro.

“La idea del fin del mundo es una de mis obsesiones permanentes, digamos. Soy como cualquier escritor: una persona de muy contadas obsesiones, casi todas comunes. Entonces, sólo suelo escribir sobre cosas que me han perseguido durante muchos años, durante décadas en este caso”, explica Ignacio Padilla sobre las razones que le impulsaron a escribir su más reciente obra: La industria del fin del mundo (Taurus, 2012).

Padilla es doctor en Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca y es considerado uno de los integrantes de la llamada Generación del Crack, donde están Jorge Volpi, Eloy Urroz, Pedro Ángel Palou, Ricardo Chávez Castañeda y Vicente Herrasti.

Ignacio Padilla está obsesionado por los temas escatológicos, prueba de ello también lo es uno de sus libros anteriores: Cervantes en los infiernos. Le interesa “lo que hay más allá o lo que hay después, siempre me ha interesado mucho. Espiritismo y espiritualidad, infernología y grandes catástrofes”, pero sobre todo es un contador de historias, un narrador, un “cuenta cuentos”.

“Este (La industria del fin del mundo) es un es un ensayo, un ensayo más escrito por un contador de historias que ha perseguido y ha sido perseguido por este tema desde siempre, entonces no se trata estrictamente de una investigación, sino de una recopilación de reflexiones que han ido surgiendo en mí a lo largo de mi vida”.

Padilla tiene una educación “cultígeno católica y tenochca”, razón por la cual el fin del mundo “no podía dejar de interesarme”, reconoce que el hecho de que sea una industria es un descubrimiento reciente y dice que entre más se inmiscuía en el tema fue reparando en que “el fin del mundo es un temor y un deseo, y una emoción, es un estado de ánimo que suele ser capitalizado de muchas maneras, por lo general terribles”.

—¿La sociedad Occidental vive un apocalipsis ahora y siempre?

—Yo estoy convencido de que la cultura Occidental, que es fundamentalmente judeocristiana, así como en el Islam —que también tiene mucho de judeocristiano— el milenarismo y el pensamiento apocalíptico son no una fecha catastrófica indeterminada, sino un determinado estado de ánimo.

—Pero su libro también habla de que el mundo ya pudo haber terminado…

—Esa es una de las variantes posibles del pensamiento apocalíptico Occidental. Por lo general el pensamiento apocalíptico incluye una esperanza, plantea la destrucción para la renovación, es decir, siempre en el arca de Noé sobrevivirán animales y personas. Siempre después de la gran conflagración vendrá o viene un imperio de los mil años o un juicio final y un premio o un castigo en el cielo o el infierno. Esa es la constante, pero hay una variante, que trato en el último capítulo del libro: qué tal si el fin del mundo ya hubiese ocurrido, que tal si el imperio de los mil años de felicidad ya hubiese terminado, qué tal si el juicio final ya hubiese ocurrido, y algunos o todos nosotros nos quedamos fuera del premio o el castigo, en un mundo yermo sin esperanza, sin sentido, un mundo como fue anunciado en los años noventa donde haya terminado la historia, donde haya muerto la poesía, donde haya muerto el sentido, donde haya muerto la palabra y sobre todo donde haya muerto la utopía, la esperanza.

—Entonces ¿Occidente tiene una sociedad masoquista?

—No estrictamente masoquista, pero sí inevitablemente atraída por lo incierto. El fin del mundo es a la colectividad, a la sociedad, lo que la muerte es al individuo: sabemos que va a ocurrir, no sabemos ni cómo ni cuándo, y ante esta incertidumbre de algo tan inaplazable, inventamos cuentos, inventamos máscaras para poderlo hacer más tolerable, incluso parece bello, es la belleza de lo terrible.

—¿Este deseo del final del mundo como motor de cambio es, después de todo, positivo?

—No sé…  es como la dialéctica generada en la idea del fin del mundo; es decir, la oposición de un imperio del bien, contra el lado oscuro de la fuerza; de Harry Potter contra Voldemort, para generar una síntesis que luego se convierte en una antítesis. Digamos que los pensamientos de Hegel, de Kant, de Marx, vienen de la idea medieval del fin del mundo. La oposición de lo bueno y lo malo para la generación de una nueva época es inevitable y es tan buena o tan mala como queramos hacerla, como la globalización. Digamos que la idea del fin del mundo no es ni buena ni mala, sólo es.

—¿Su obra es ahora parte de la industria del fin del mundo?

—Espero que sí. No lo sé todavía. Tiene este libro un segundo prólogo para húngaros que lo leerían en el año 2025 y la propuesta lúdica es que si hay en el futuro un húngaro leyendo mi libro, quiere decir dos cosas: uno que el mundo no se terminó, y dos que el libro se tradujo, me produjo regalías y eso demostraría que el fin del mundo sí puede ser un negocio.

—¿2012 cumple los requisitos para ser tomada en cuenta como el final?

—No estoy tan seguro que hoy cumpla tanto con los requisitos como cumplía hace unos años o como podría cumplir diciembre; sí creo, estoy convencido sobre todo revisando los grandes movimientos apocalípticos del siglo XX y algunos del siglo XXI que el pánico apocalíptico real —que nunca es real, pero bueno— prospera en efecto cuando hay crisis, cuando hay una tensión, pero por lo general universal, mundial, global. Hasta el día de hoy para como veo que ha evolucionado el show del apocalipsis maya, creo que no prosperará el pánico apocalíptico, porque no hay suficiente tensión, y porque no ha habido suficiente mesianismo profético por parte de los farsantes; no ha habido suficiente eficacia retórica y ha habido por el otro lado excesiva esperpentización espectacular del 2012 como para que se genere un pánico apocalíptico.

—¿Qué papel jugarán las redes sociales para este diciembre?

—Pues lo que ocurre con el pánico generalizado y las medidas del miedo. Lo que ocurre con las redes es que el exceso de información termina por desinformar. La verdad se disuelve, las opiniones y los núcleos generadores de pánico se multiplican, de tal forma que pierde la intensidad: cualquier tipo de liderazgo apocalíptico, cualquier tipo de retórica o mensaje apocalíptico. Entonces, lo que han hecho las redes sociales, particularmente Facebook y Twitter, es disolver, debilitar las posibilidades de una capitalización del pánico apocalíptico.

—El cine, el arte, las letras, ¿cómo han influido sobre la “esencia ficción” actual en Occidente y sobre este diciembre?

—El apocalipsis, en general, está vinculado con el utopismo. Lo que aterrador es bellísimo, puede ser espectacularmente atroz, por lo tanto estimulante. De ahí que haya tantos hermosísimos juicios finales: el de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, todos los juicios finales de Durero; de ahí que haya tantas novelas con títulos o contenidos apocalípticos o postapocalípticos. El apocalipsis es finalmente lo espectacularmente bello y aterrador.

—¿De cuáles películas u obras sobre el fin del mundo gusta?

—Me interesan las buenas películas como las pésimas películas. Creo que todo tiene algo que decirnos. Crecí durante la Guerra Fría y por lo tanto atesoro muchas grandes películas con temas de apocalipsis atómico, nuclear. Kubrick utilizó muchísimo eso, o cuando hizo Doctor Strangelove, o incluso Odisea 2001. Pero hay muchísimas. Lars von Trier —quien es uno de mis directores vivos favoritos—, su última película es sobre el apocalipsis, se llama Melancolía y es una belleza absoluta, es una gran película. Y a esto hay que añadir todas las postapocalípticas: está Mad Max, El camino (The road), basada en una novela magnífica del Cormac McCarthy, en fin todo lo que ocurre en el mundo después del fin del mundo.

—¿Qué hará usted horas antes y el mismo 21 de diciembre?

—Yo creo que voy a tratar de haber resuelto todas mis asignaturas pendientes, y haber utilizado mi tarjeta de crédito hasta que reviente (ríe) y sentarme felizmente a observar el final de mi mundo y el final de todos los mundos. Me interesa mucho porque imagino que en algún lugar, más allá de la hora y más allá del aquí voy a seguir escribiendo.

FRASE

"
El apocalipsis, en general, está vinculado con el utopismo. De ahí que haya tantos hermosísimos juicios finales. Es bello y aterrador "

Ignacio Padilla
, escritor

PERFIL
En la novela, el cuento y el ensayo


Escritor mexicano nacido en México D.F. en 1968. Ha ejercido la docencia de Literatura Inglesa en la Universidad de Edimburgo y es doctor en Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca. Fue uno de los impulsores en 1996 del Manifiesto del Crack, secundado por varias de las más influyentes nuevas voces de la literatura mexicana. En 1994 ganó el Premio Nacional de Literatura en tres categorías distintas: Cuento Infantil, Primera Novela y Ensayo. Son esos, precisamente, los tres géneros que le han ganado el reconocimiento de crítica y público. Es autor, entre otros, de los libros: La isla de las tribus perdidas, La gruta del toscano, El androide y las quimeras, Amphitryon, Los papeles del dragón típico.



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