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Miércoles, 16 de Enero 2019
Cultura | El recinto fue abierto el 17 de septiembre de 1964 por el arquitecto Pedro Ramírez

Museo Nacional de Antropología, listo para celebrar 50 aniversario

El recinto fue abierto el 17 de septiembre de 1964 por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez

Por: SUN

CIUDAD DE MÉXICO (15/SEP/2014).- El Museo Nacional de Antropología está listo para festejar su 50 aniversario, este 17 de septiembre, mismo día, pero de 1964 en que abrió sus puertas por primera vez y fue ubicado como un recinto innovador.

Esta obra del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, la proyectó de tal manera que es de los pocos en el mundo que permiten la libre circulación de público por cualquiera de sus salas, según declaraciones de Antonio Saborit.

Lo que hay que resaltar de este museo es que los elementos de su patio central: bronces, celosías y mármoles, se mantienen en óptimas condiciones, al haber un programa mensual de limpieza que se estableció a partir de su intervención hace dos años.

Ramírez Vázquez concibió el patio central como eje rector del discurso arquitectónico, un lugar de solaz donde los materiales de construcción son una reflexión sobre la diversidad medioambiental del país, refiere Laura Filloy Nadal, restauradora del museo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

En un comunicado del INAH, la especialista, quien coordina junto con su colega Gilda Salgado Manzanares el proyecto de conservación de la arquitectura y escultura del patio central que se ejecutó hace dos años, refiere que lo mismo fueron seleccionados elementos provenientes de la zona calcárea (Puebla, Querétaro o la península de Yucatán) que de la región volcánica, en el centro del país. Además se proveyó al espacio de obras creadas por connotados artistas del siglo XX en México.

En la plaza interior o patio central del museo que se concibió para que el visitante no se sienta atrapado dentro de una construcción de grandes dimensiones, se localiza la columna de bronce conocida como el Paraguas -obra de los hermanos José y Tomás Chávez Morado-, cuyo volumen y luminosidad se recuperaron hace un par de años.

“Tanto el Paraguas como la escultura del caracol de Iker Larrauri, titulada Sol del Viento, tenían problemas asociados al tiempo y a su exposición a la intemperie. Esto repercutía en el color que presentaban”, agregó Filloy.

En una segunda etapa del proyecto se atendieron las gárgolas que desalojan el agua de lluvia hacia el patio central; “en este caso, al igual que con la placa metálica del friso de la Sala Mexica, se pudo determinar (a través de la consulta documental) que desde su colocación en 1964 tenían una coloración azul-verdosa, por lo que se decidió respetarla”.

Junto con el Paraguas, la celosía serpentiforme que decora el segundo piso del museo cohesiona su patio principal. Laura Filloy comenta que Manuel Felguérez hizo bien en elegir aluminio como material para esta obra. A pesar del tiempo y las inclemencias no presentaba mayores deterioros, por lo que sólo se hizo una limpieza cuidadosa de los motivos que aluden a las grecas del cuadrángulo de las Monjas en Uxmal y se aprovechó para hacer sujeciones donde había pérdida de elementos.

Los mármoles de Carrara que revisten los muros son fundamentales en la claridad que se proyecta sobre los espacios abiertos del recinto. Pero, esas superficies habían perdido su brillo original debido a 40 años de estar a la intemperie.

En una última etapa se realizó la limpieza de la Tira de la Peregrinación o Códice Lorenzo Boturini, que representa la migración del pueblo mexica desde Aztlán a la Cuenca de México, finalizó Filloy.

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