Cultura | Maetzin Yaneí es la mejor actriz de la Muestra Estatal de Teatro 2014 Mae: una joven entre actrices experimentadas Con 27 años, fue la mejor actriz de la Muestra Estatal de Teatro 2014, aunque ella esperaba que ganara cualquiera otra de las artistas 'de peso' que vio durante las funciones Por: EL INFORMADOR 3 de noviembre de 2014 - 02:04 hs Talentosa. Maetzin Yaneí cuenta con una amplia trayectoria. EL INFORMADOR / GUADALAJARA, JALISCO (03/NOV/2014).- Mae salió de dar función y fue a la clausura de la Muestra Estatal de Teatro para ver por segunda vez “Beisbol”. Ya sólo la preocupaba el ride de regreso a su casa pero, como la Muestra había estado llena de actrices con experiencia y con peso, le dio curiosidad a quién se refería el jurado cuando describió a la actriz a la que premiaría, “que destaca por la sencillez, la eficacia y la conmovedora sinceridad que construye para el personaje”. No oyó el nombre, hasta que la persona que tenía por un lado la jaló del brazo: “Mae, eres tú”. Maetzin Yaneí tiene 27 años y ahora sabe que, en medio de todas las artistas experimentadas que vio, ella no pasa inadvertida: ganó el premio a mejor actriz de 2014 por su trabajo en “Niño de octubre”, en donde interpreta a un niño con cáncer. Tiene 18 años en los escenarios, protagoniza el duradero montaje “Hazme un hijo” y la conocen en la ciudad porque se gana la vida actuando o como asistente de dirección. Pero la sorprendió el reconocimiento porque hace apenas cuatro que salió de la carrera en la UdeG. ¿Qué hace profesional a una actriz? Nacida en el Distrito Federal pero tapatía desde los dos años, fan del futbol americano y ex velocista en la Prepa Univa, Mae accede a hablar del tema como alguien que empezó en el teatro como si fuera un juego y, un día, se descubrió premiada por un jurado de dos reconocidos dramaturgos y una de las promotoras más activas del país. “Te vuelves profesional cuando te topas con la realidad fuera de la escuela”, opina ahora: “Pedir espacios, luchar contra taquilla, mantener un proyecto por varias temporadas, buscar que haya público porque mi sueldo depende de eso”. “Yo sí creo”, presume, sin embargo. “Tengo ese sueño, guajiro a lo mejor, de que el teatro puede cambiar al mundo”. ¿Cómo ves el nivel profesional de otros actores en la ciudad? Hay sectores que se están esforzando; otros lo siguen demeritando. Creo que se banaliza mucho el hacer teatral en Jalisco: hay muchas actrices muy buenas, pero también hay mucha gente que hace bulla sin generar proyectos. Las juntas que ha hecho la gente del Teatro Diana para ver qué hacemos con el público, y que nos cita en un café, son en una mesa de 13 personas. ¿Y los demás? Vamos hacia un teatro más profesional, pero estamos en el confort de lo profesional: “Ay, es que yo he ido a muestras nacionales…”. Es que allí te puedes quedar toda la vida. La meta es ir a mil muestras nacionales, porque mi chamba sea tan buena que el resto de la República la tenga que ver. Yo quiero viajar con el teatro; me encanta conocer otros teatros, ver otras propuestas. Somos profesionales, pero tenemos que crecer a otros niveles; estamos en una zona de confort por todo lo que ha pasado, por la falta de apoyos, porque el público bajó muchísimo este año. Decimos: “Ay, pero estamos en una compañía chida, y las compañías que hay están unidas”. Pues sí, pero todavía podemos lograr otras cosas. Que se cierre La Casa Suspendida es una decisión de Sara (Isabel Quintero), pero también creo que es un abandono de otras compañías. Ya hay unión, pero sigue habiendo esa competencia. Una competencia por un mercado que además es muy pequeño Pues sí, es pelearse a los pocos públicos que hay. Puede haber para todos y el público decidirá cuál le gusta. ¿Quién te puede decir quién es bueno, quién es malo? El día de la premiación se me acercó gente para decirme: “Pues… sí me gustó tu personajito…”. Entiendo que haya gente a la que no le gusta lo que hago: “Es que Mae no tiene que actuar porque ya se ve muy chiquita. ¿Qué personaje ha hecho? Puros niños y adolescentes”. Y es algo por lo que yo lloraba y luchaba: tengo cuerpo y cara de niña. Le decía a Mauricio Cedeño (su director en teatro infantil): “Es que en toda la carrera nada más me dan papeles de niña”, y me dijo: “¿Y? Tienes una ventaja. Sácale provecho a tu imagen”. Pues sí, hago puros papeles de niña porque doy el gatazo, pero te hago personajes bien chingones. Ahí está el detalle. He aprendido a valorarme, que en esta carrera es bien difícil, porque la gente intenta desvalorizarte mucho. Soy muy buena y muy disciplinada. Para mí, eso es ser profesional. Es aprender a estar en un mundo donde hay gente buena y gente mala y, aun así, seguir firme, sin que te quiten de tu objetivo. No voy a hacer una obra que no vaya con mi forma de pensar nada más porque me van a pagar. ¿Qué te haría renunciar al teatro? Tan así estoy, que te podría decir que nada. Quizá, en un gran futuro, si no fuera sólo yo, sino que tuviera que mantener a alguien y el teatro no me diera para eso. Creo que sí se puede vivir del teatro; a lo mejor muy apretadamente, pero, si te organizas, sí puedes. Y yo soy muy organizada. Ahorraría para esos meses, enero, diciembre, cuando no hay temporada. 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