Martes, 14 de Octubre 2025
Cultura | En su nueva obra, Rosa Beltrán relata la vida de una lectora de libros de autoyuda

La violencia como efecto secundario

En su más reciente novela, Rosa Beltrán relata la vida de una lectora de libros de autoayuda, y retrata la inseguridad

Por: EL INFORMADOR

Esta generación no había tenido la experiencia de estar atravesada por palabras como miedo, persecución y muerte, lamenta Rosa Beltrán.  /

Esta generación no había tenido la experiencia de estar atravesada por palabras como miedo, persecución y muerte, lamenta Rosa Beltrán. /

GUADALAJARA, JALISCO (05/FEB/2012).- En un momento en que la realidad de México supera cualquier novela de terror, los artistas, intelectuales y ciudadanos comprometidos están más movilizados que nunca con el objetivo de sensibilizar a la población y aunar esfuerzos en la construcción de un proceso de paz. Ya sea mediante el apoyo a campañas como la recién lanzada “En los zapatos del otro”, o bien, con invitaciones a la reflexión a través de distintas expresiones artísticas.

Ejemplo de esto último es la novela más reciente de la escritora Rosa Beltrán, Efectos Secundarios (Mondadori, 2011), en la que, a través de la historia de una lectora asidua que se dedica a presentar libros de autoayudaayudaayuda, la autora retrata de manera contextual la situación de violencia que azota al país.

Al tiempo que el personaje cuenta en primera voz las vicisitudes de su peculiar oficio y se refugia en la sabiduría de los grandes autores de la literatura universal, los muertos y descabezados se cuentan por miles a su alrededor. Una cruda realidad que se va colando poco a poco en las líneas de la narrativa hasta secuestrar al personaje de su vida, y al lector de la trama.          

—Se ha dicho que Efectos Secundarios es su novela más original y provocadora, ¿usted cómo la percibe y dónde la ubica en el conjunto de su obra literaria?


—Esta novela es una obra que no es distinta de mis trabajos anteriores en un sentido, porque igual que en Alta infidelidad, en La Corte de los Ilusos, o en muchos de mis cuentos, la obra está  atravesada por una ironía que afirma, al mismo tiempo que niega, aquello que el personaje está sustentando. Es una búsqueda de nuevas formas de expresar lo que nos sucede en un momento en el que la realidad caótica y atroz, pareciera presentarse de forma insensata. Toda mi obra hace referencia a obras anteriores con las que dialogan, y ya sea que se ubique en el siglo XIX, como en el caso de La Corte, o en la actualidad, como Efectos Secundarios, la intención de contestar a una tradición, de contraponer un discurso crítico a esa tradición, es una constante en mi obra.

—¿Por qué utilizar al secuestro como metáfora?

—Toda la novela está compuesta de palabras que tienen más de un significado, dependiendo del contexto en el que se ubiquen. El secuestro es uno de los temas centrales en el libro porque al mismo tiempo que se habla de secuestro de personas, se habla de nuestro propio secuestro.  Creemos que por el hecho de no ser víctimas directas de estos crímenes atroces, podemos movernos con libertad y sentirnos dueños de nuestras vidas. No es así. Cada vez somos menos dueños de nuestras vidas.  Los seres humanos estamos inmersos en un contexto histórico que determina en buena medida nuestros sentimientos, nuestros sueños, nuestras pasiones. Hay palabras que nos marcan para siempre. Nosotros, esta generación, no habíamos vivido la experiencia de estar atravesados por esas palabras. Palabras como miedo, persecución y muerte, que nos acechan a lo largo de nuestro día.

—El personaje de su libro se queja de que hoy en día en México no se escribe más que de narcos y violencia, ¿por qué le surge la necesidad de abordar el tema?

—El personaje lo que resiente es la imposibilidad de vivir en esta otra existencia paralela que es la imaginación creativa. Habla de una ruptura entre el humanismo –o la literatura con L mayúscula—y la literatura de consumo. Se pelea abiertamente con estos libros de autoayuda ayuda y superación que pretenden inocular una suerte de virus de la felicidad, o darnos la ortopedia de la felicidad, como remedio ante la pérdida de valores, la fragilidad, la inestabilidad del mundo en el que vivimos.

El asunto de las mantas, o los encabezados que hablan de cabezas y no de sujetos, de  personas con  historias propias, que tienen que ver con esta realidad dolorosísima que estamos viviendo, es una realidad que entra al mundo del personaje a la manera en que los artista plásticos intervienen una realidad. En esta novela ocurre lo contrario, es ese otro libro que estamos leyendo sin saberlo y sin querer leerlo si quiera, el que acaba por meterse a nuestras vidas, por apoderarse de ellas.

—¿Cree que las letras fungen como válvula de escape ante un problema social de esta magnitud, o, por el contrario, son una manera de enfrentarlo?

—Yo creo que ni la literatura ni el lenguaje son transparentes, y que entonces, al mismo tiempo que el personaje ve en el pensamiento crítico que está detrás de las grandes obras una posibilidad de interpretar lo que le ocurre, de hallar en esas obras literarias lo que nos importa, al mismo tiempo hay una crítica implícita en el libro al hecho de que hemos pensando que la literatura puede ser un asunto ornamental o secundario en nuestras vidas. A la práctica cada vez más habitual de pensar que cualquier cosa que se escriba o se lea en medios electrónicos, y cualquier contenido que esté dentro de la portada o contraportada de un libro es literatura. O de hecho que no es siquiera necesaria la literatura y la cultura para sobrevivir.  

Como el personaje, yo opino que es exactamente al revés, que si no es a través de este pensamiento creativo, y a través de la filosofía y la historia y de las grandes preguntas que se han hecho en las obras que nos anteceden, es imposible encontrar un sentido a la vida materialista y pragmática, a los tiempos “líquidos”  que estamos viviendo.

—Desde su perspectiva, ¿cómo podemos leer el libro de la realidad que vivimos sin caer en la desesperanza?

—Yo creo que la dualidad de significados permite que uno, sin hacer concesiones, sin caer en una literatura complaciente –y ojo, mucho de lo que se escribe sobre el narco puede resultar muy complaciente si nos quedamos en una estructura de héroes contra villanos—, si se hace está otra literatura no complaciente, creo que se puede hallar por supuesto no solamente una esperanza, sino la decisión de hacer algo al respecto. En la sola reflexión de gente crítica de lo que sucede, en el hecho de acudir a las novelas y los cuentos y la poesía y todo este otro mundo donde otros autores han hablado de guerras y de momentos atroces, pero expresando también a través de la sola experiencia poética, una forma de esperanza puede habitarse en ella.

FRASE

"
Se pelea abiertamente con estos libros de autoayuda y superación que pretenden inocular una suerte de virus de la felicidad "
Rosa Beltrán,

escritora

PERFIL
Dedicación


Rosa Beltrán es licenciada en Literatura Hispánica por la UNAM y doctora en Literatura Comparada por la Universidad de California, Los Angeles. Es autora de las novelas La corte de los ilusos (Premio Planeta, 1995), El paraíso que fuimos (2002) y Alta infidelidad (2006), así como de los volúmenes de cuentos La espera (1986), Amores que matan (1996), Optimistas (2006) y del libro ensayos Mantis: sentido y verdad en la literatura posmoderna (2009). Es Directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM.

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