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Jueves, 21 de Noviembre 2019
Cultura | En la campiña que rodea Roma, abundan las villas renacentistas y barrocas

La villas renacentistas de Vignola embellecen la campiña romana

Jacopo Barozzi, llamado Vignola por su lugar de nacimiento, fue uno de los arquitectos más importantes del Renacimiento italiano

Por: EFE

ROMA, ITALIA.- En la campiña que rodea la ciudad de Roma, abundan las villas renacentistas y barrocas que las principales familias de la nobleza romana y los cardenales más influyentes se construían en sus dominios, pero sin duda algunas de las más bellas surgieron de la mente del italiano Vignola.

Jacopo Barozzi, llamado Vignola por su lugar de nacimiento, fue uno de los arquitectos más importantes del Renacimiento italiano, y marcó la arquitectura de la Contrarreforma con la iglesia del Gesù, en Roma.

Pero gran parte de sus mejores obras las realizó en la arquitectura civil, trabajando para la nobleza y, en especial, para la familia Farnesio, de la que fue arquitecto privado.

También trabajó para la familia Boncompagni, para quienes que construyó el palacio que hoy se puede ver en Vignola, su localidad natal, e incluso para el papa Julio III, que le encargó su villa romana, la Villa Julia, en la que hoy se encuentra el Museo Nacional Etrusco de Italia.

Para los Farnesio diseñó dos palacios, el de Caprarola, entre Roma y Viterbo, y el de Vicenza, cerca de Venecia.

El primero, una imponente estructura de planta pentagonal que se alza en la parte más alta del pueblo medieval de Caprarola, es considerado una de las cumbres de la arquitectura renacentista, con su fachada de gran armonía enmarcada por dos torres y cuatro rampas de escaleras simétricas.

Ante el interés del cardenal Alejandro Farnesio, nieto del papa Julio III Farnesio, Vignola se basó en los diseños de Antonio da Sangallo el Joven, quien había proyectado allí un castillo para el papa, pero conservó solamente la planta.

En vez de un castillo, Vignola concibió un gran palacio rodeado de torres de distintas alturas y con un patio circular en el centro.

En el interior, una amplia escalera helicoidal que inspiró a artistas barrocos tan importantes como Francesco Borromini, en la escalera del Palacio Barberini, da acceso a la zona noble.

Se cuenta que la anchura de la escalera permitía que el cardenal subiera por ella a caballo hasta los salones del palacio.

En la parte trasera de éste, tras el torreón que se encuentra en la parte opuesta de la puerta principal, Vignola diseñó dos jardines, uno de invierno y uno de verano, que constituyen uno de los mejores ejemplos de jardín italiano.

Pero a pocos kilómetros de allí, en la localidad de Bagnaia, el propio Vignola se superó en este aspecto, con la Villa Lante, quizás el jardín a la italiana más perfecto.

Proyectada como Villa Gambara por ser un miembro de esta familia quien la encargó, no pasó a tener su nombre actual hasta que el duque de Bomarzo, Ippolito Lante, compró el lugar, en el siglo XVII.

Con varios niveles por los que baja el agua a través de fuentes y canales, el jardín es un gran recorrido por los elementos naturales clásicos: el agua, el fuego, el aire y la tierra.

Partiendo de la fuente más alta, la del Diluvio Universal, el visitante pasa por la de los Delfines, que representa el Agua, y desciende al lado de la fuente de la Cadena, en realidad un canal que transporta el agua hasta la impresionante fuente de los Gigantes.

Ésta, junto a la llamada Mesa del Cardenal -una gran canalización de agua en forma de mesa-, representa la Tierra, mientras que la sucesiva fuente de la Velas es el Fuego.

Finalmente, se llega a la explanada en la que se encuentra la última fuente, la del Cuadrado, que se le eleva en vertical (hacia el Aire), rodeada por un laberinto de setos que componen complicadas formas.

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