Viernes, 10 de Octubre 2025
Cultura | Recientemente presentó su libro ''Betibú''

Hay cosas que sólo puede contar la ficción: Claudia Piñeiro

''La crónica periodística me encanta, pero hay cosas que sólo puede contar la ficción'', asegura

Por: EL INFORMADOR

La escritora argentina Claudia Piñeiro. ARCHIVO /

La escritora argentina Claudia Piñeiro. ARCHIVO /

CIUDAD DE MÉXICO (17/FEB/2013).- La escritora argentina Claudia Piñeiro tiene una historia singular con los premios literarios. Recibió la noticia de que había ganado el Sor Juana Inés de la Cruz, que otorga anualmente la Feria del Libro de Guadalajara, en el mismo momento que estaba entregando una distinción en la Patagonia.

Su novela premiada Las grietas de Jara surgió en Madrid, mientras la autora nacida en 1960 en Buenos Aires, formaba parte de un jurado literario presidido por el Nobel peruano Mario Vargas Llosa.

“Son casualidades que tienen que ver con los premios y me gustó hablar de ellas en un día como hoy, en el que me siento Margo Glantz. Si ella, al recibir el Premio FIL el domingo pasado dijo sentirse Julia Roberts, yo hoy me siento ella, lo que es mucho mejor”, dijo Piñeiro en su breve discurso de aceptación del Sor Juana en 2011.

Claudia Piñeiro es escritora, dramaturga, guionista de televisión y colaboradora en distintos medios periodísticos en su país de origen.

A lo largo de su carrera, ha obtenido diversos premios por su obra. Es también autora de las novelas Las viudas de los jueves, que llevó al cine el director Marcelo Piñeyro (no guarda parentesco alguno con la escritora), Tuya  y  Elena sabe.

Recientemente ha presentado Betibú (Alfaguara), donde con una de esas historias policiales a la que es tan aficionada ha vuelto a poner en jaque los valores y propósitos de la atildada clase media argentina.

Cuando parece que la tranquilidad ha vuelto a reinar en el country “La Maravillosa”, Pedro Chazarreta aparece degollado, sentado en su sillón favorito, con una botella de whisky vacía a un costado y un cuchillo ensangrentado en la mano.

Todo hace suponer que se trata de un suicidio. Pero pronto aparecen las dudas. ¿Acaso algún justiciero habrá querido vengar la muerte de la mujer del empresario, asesinada tres años antes en esa misma casa? ¿Será ésta la última muerte?

La novela es lo que se espera de una autora que cuenta en Argentina con una masa fiel de seguidores, una circunstancia que le resulta grata, a la vez que le otorga “una gran responsabilidad”, dice en entrevista con SinEmbargo.

“De alguna manera siempre tratas de que la novela sea mejor que la anterior. Es una responsabilidad, no repetirse, no escribir siempre la misma novela, imponerse desafíos literarios todo el tiempo. A veces no es fácil, pero es lo que me tocó”, expresa Piñeiro.

A todos nos gusta que nos cuenten una historia
Claudia Piñeiro se enmarca en una corriente que en su país representan también jóvenes autores como Sergio Olguín y Eduardo Sacheri, premio Tusquets y autor de la laureada El secreto de tus ojos, respectivamente, que en medio de la moda de la no ficción salieron reivindicando –queriéndolo o no- el valor de las historias.

“A todos nos gusta que nos cuenten una historia, el asunto es cómo contarlas. Ya se han contado tantas y de tantas maneras, que el desafío es darle una posibilidad a la ficción para que se levante como una serpiente de cascabel y te hipnotice”, expresa gráficamente la autora.

“La crónica periodística me encanta, pero hay cosas que sólo puede contar la ficción”, agrega.

-La crónica tiene un compromiso ineludible con la verdad…

-Exacto. Esa frontera se ablanda en la ficción. La crónica, en cambio, aun cuando busque la excelencia narrativa y el buen uso del lenguaje, tiene que atarse a los hechos. Un cuento o una novela, no necesariamente.

- Cuando salió su primera novela, mucha parte de la crítica pensaba que iba a ser usted un fenómeno de consumo local, pero cada vez tiene más lectores en México y en otros países de Latinoamérica…

- Afortunadamente. Incluso en Europa, hace poco estuve en la Feria del Libro de Gotemburgo, estuve en Italia, y esos hechos te hacen dar cuenta de que si bien estás contando algo local, esa historia puede expandirse y ser comprendida en otros mundos. La cuestión de las barreras de los country y de los barrios privados que trato en mis novelas, no es una circunstancia ajena en otras partes del mundo. El tema de levantar un muro interesa tanto cuando trata el tema de los ciudadanos de clase media que tratan de separarse de la clase baja, como cuando hace referencia a los inmigrantes que se buscan la vida en lugares lejanos a los que nacieron.

-Y escribir novela negra y presentarse en Suecia, es todo un desafío…

-Me enteré hace poco que la editorial que me publica allí es la misma de (Henning) Mankell. Cuando lo supe casi me desmayo.

-¿Cómo lleva las tareas de promoción?

-Me cuesta bastante, la verdad, pero tengo esa cosa del deber ser y lo disimulo bastante. Hay que ir a todos lados, poner la cara, conversar con los lectores, con los periodistas, una tarea bastante agotadora y de mucha exposición. Lo que pasa es que tal como funcionan las cosas en la literatura contemporánea, es difícil que el libro circule si uno no lo acompaña.

-Y en Suecia se lee bastante…

-Sí, incluso las conferencias son pagas y siempre están llenas, lo que demuestra el interés de los lectores. De todos modos, eso de que se lee o no se lee de acuerdo a los países, siento que es más una sensación que una estadística científica. El otro día, dando una conferencia con un autor de mi país, dijo algo así como que en Argentina no se lee. No sé de dónde sacó eso. Creo sinceramente que en Argentina se lee mucho. Lo que me gustaría tener en todo caso son estadísticas concretas, cuánto, cuál es la calidad de la lectura, etc., de otro modo, todo se queda en la percepción.

-¿Qué significa ser tan leída en Argentina y al mismo tiempo no formar parte de lo que se considera el canon literario de aquel país?

-Bueno, se vive de distintas maneras. Hay escritores que se enojan mucho, no es mi caso. Las mujeres tenemos como un espíritu de sobrevivir pese a todo. El hecho de vender muchos libros es contraproducente para cierto grupo de lectores y críticos, pero esa circunstancia no me amilana. Lo que me parece más interesante es que el libro se lea igual y luego se opine. No me quejo. Cada uno tiene su batalla que dar y la mejor manera de hacerlo es escribiendo lo mejor posible, haciendo la literatura que quieres y no tanto peleándote o a través de los suplementos. Pero en la Argentina hay mucho de eso: estos grupos que defienden determinada literatura, contra los otros que son distintos, etc. Cuando empiezas a viajar por el mundo, todo eso se diluye bastante, no son discusiones que se estén haciendo en lugares fuera de Argentina.

-Y hay autores olvidados, como Manuel Puig, por ejemplo…

-Bueno, siempre que me hacen entrevistas fuera de Argentina, hablo de Puig, principalmente porque es uno de los  autores que más me gustan, pero además para salir de lo clásico, de siempre hablar de Borges. Claro que Borges es nuestro escritor central, pero también tenemos otros. Es cierto que a Manuel Puig le falta el reconocimiento que merece; su obra me parece extraordinaria, la forma en que desarma el lenguaje, la manera cómo cuenta determinados mundos… Está el caso de Osvaldo Soriano, históricamente ha sido el autor más leído de la Argentina y nunca fue reconocido. Él era de los que se enojaban y esperaba siempre que lo llevaran a la universidad y lo homenajearan.

-¿En su literatura es más importante la historia que el lenguaje?

- No creo eso para nada. Al escritor siempre le importa el lenguaje, por lo menos a la gran mayoría y a mí también. En el prólogo de un libro de Stephen King, que se llama Mientras escribo, donde él cuenta sus cosas relacionadas con la escritura, él cuenta la vez que fue a comer a Tribeca con Amy Tang, una autora tan popular como él y a la que le pidió que le dijera cuál era la pregunta que nunca le había hecho un periodista y que a ella le hubiera gustado escuchar. Y ella dijo que nunca le habían preguntado por el lenguaje. Hay muchas palabras que no encuentras, otras que no son de la historia que estás contando, hasta que aparece la correcta…el lenguaje siempre es un trabajo.

-Lo que sí hay en sus novelas es un fuerte trabajo con los diálogos…

-Sí, me gustan mucho los diálogos. Uno puede elegir hacer un diálogo literario, una opción muy válida y que está presente en novelas que me gustan mucho. Yo opté, en cambio, por los diálogos realistas. Tengo mucho entrenamiento en el tema por mi trabajo en la dramaturgia. Mauricio Kartun, que fue mi maestro en la escritura teatral, nos hacía salir a la calle con una libretita en la mano, para anotar los diálogos que escuchábamos de la gente al pasar. Escribirlo textual, tal cual se dijo, sin ordenarlo en forma sintáctica.

-¿Y sigue con la libretita?

-No, lo que tengo, espero que me dure mucho, es memoria. Me acuerdo de todo. Además, observo mucho, los gestos, las maneras, son detalles que luego sirven a la hora de componer un personaje.

Sinembargo.mx

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