Cultura | El artista catalán, reconocido mundialmente, falleció ayer a los 88 años El último trazo de Antoni Tàpies El artista catalán, reconocido mundialmente, falleció ayer a los 88 años Por: EFE 7 de febrero de 2012 - 01:39 hs Imagen de Tàpies tomada en octubre de 2004, cuando el Museo Reina Sofía de Madrid le dedicó una retrospectiva. AFP / BARCELONA, ESPAÑA (07/FEB/2012).- Antoni Tàpies, el pintor que decidió abandonar el surrealismo al considerar que los artistas de este movimiento continuaban haciendo “pintura académica”, resolvió, como opción personal, tirar “por otros caminos” de mayor libertad, caminos que después nunca ha abandonado. Tàpies, quien murió ayer a los 88 años, se reconoció en numerosas ocasiones más interesado por la pintura primitiva y el misticismo oriental que por cualquier otra tendencia contemporánea, y recordaba que en sus inicios en el mundo del arte, allá por los años cuarenta, su pintura era muy intuitiva y rebelde, como un reflejo de la situación dramática de la España de aquella época. La muerte de Antoni Tàpies supone la desaparición del último pilar de la vanguardia española de posguerra, que tuvo su eclosión en el movimiento Dau al Set y en el informalismo. Las huellas de cruces, letras, números, nombres que forman parte del universo del artista son constantes en una obra en la que eleva a obra de arte objetos cotidianos como sillas, puertas, libros, camas o partes del cuerpo humano que para él no eran trozos del cuerpo sino trozos del alma. “Tàpies creó un lenguaje propio capaz de hacernos ver la realidad de un modo distinto. Él lo consiguió y lo hizo no sólo quedándose circunscrito a un lenguaje fijo sino que fue capaz de desarrollarlo y evolucionar con él. Así las pinturas matéricas de los 50 se transformaron en elementos conceptuales en los 70 y en los 80 evolucionaron hacia los barnices”, en opinión de Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía de Madrid. Su representación de la cotidiano responde a una pequeña filosofía que fue haciendo con los años y que, según consideraba el propio artista, no era muy original. “Se trata de estimular que la gente vea con mucho respeto cualquier cosa de la vida, no solamente los grandes hechos o las grandes retóricas, sino que la profundidad de la conciencia, del espíritu, puede estar en las cosas más pequeñas y banales”. Una gran exposición de su obra vino a la ciudad en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2004, montada en el Museo de Arte de Zapopan. El poder de transformar Tàpies (Barcelona, 1923) nació en el seno de una familia burguesa, culta y catalanista, involucrada desde mediados del siglo XIX en una tradición editorial y librera, que quedó inoculada también en el artista. Progresivamente Tàpies se dedicó con mayor intensidad al dibujo y la pintura, y acabó dejando sus estudios de Derecho para dedicarse plenamente a su pasión. Unido a la revista de vanguardia Dau el set, a partir de 1948, con Joan Brossa, Joan Ponç, Modest Cuixart, Joan Josep Tharrats, Arnau Puig y Juan Eduardo Cirlot, obtuvo dos años más tarde una beca para estudiar en París donde hizo su primera exposición individual (1956). Ese mismo año obtuvo el Premio de la República de Colombia Bienal de Hispanoamérica de Barcelona, y fue presentado por Salvador Dalí en Estocolmo, donde Tàpies expuso junto a Tharrats. Partícipe de una sensibilidad generalizada que afectó a los artistas de ambos lados del Atlántico, a raíz de la II Guerra Mundial y del lanzamiento de la bomba atómica, Antoni Tàpies expresó muy pronto su interés por la materia, la tierra, el polvo, los átomos y las partículas, que se plasmó formalmente en el uso de materiales ajenos a la expresión plástica academicista y en la experimentación de nuevas técnicas. Las pinturas matéricas han formado una parte sustancial de la obra de Tàpies y han constituido un proyecto en evolución hasta su muerte. En la visión de Tàpies, la noción de materia debía entenderse también desde la perspectiva del misticismo medieval como magia, mimesis y alquimia y en ese sentido se entendía su deseo de que sus obras adquirieran el poder de transformar nuestro interior. Durante los años cincuenta y sesenta, Antoni Tàpies fue elaborando una serie de imágenes, generalmente extraídas de su entorno inmediato, que se fueron sucediendo en las distintas etapas de su evolución. Obra permeada por lo político La obra de Antoni Tàpies ha sido siempre permeable a los acontecimientos políticos y sociales del momento y a finales de los años sesenta y principios de los setenta, su compromiso político contra la dictadura se intensificó, con obras de un marcado carácter de denuncia y protesta. Coincidiendo con la eclosión del ‘arte povera’ en Europa y el posminimalismo en Estados Unidos, Tàpies acentuó su trabajo con objetos, pero sin mostrarlos como eran, sino imprimiéndoles su sello e incorporándolos a su lenguaje. A principios de los ochenta, el interés de Tàpies por la tela como soporte adquirió una fuerza renovada y durante esos años realizó obras con gomaespuma o con la técnica del aerosol, utilizó barnices y creó objetos y esculturas de tierra chamoteada o de bronce, al tiempo que se mantuvo muy activo en el campo de la obra gráfica. A finales de los años ochenta, Tàpies reforzó su interés por la cultura oriental, una preocupación que ya se había ido gestando en los años de la posguerra y que se convirtió cada vez más en una influencia filosófica fundamental en su obra. Paralelamente a la producción pictórica y objetual, Tàpies desarrolló desde 1947 una intensa actividad en el campo de la obra gráfica, con gran número de carpetas y libros de bibliófilo en estrecha colaboración con poetas y escritores como Alberti, Bonnefoy, Du Bouchet, Brodsky, Brossa, Daive, Dupin, Foix, Frémon, Gimferrer, Guillén, Jabès, Mestres Quadreny, Mitscherlich, Paz, Saramago, Takiguchi, Ullán, Valente o Zambrano. Ensayista consumado No ha sido menor su trabajo como ensayista, que ha dado lugar a una serie de publicaciones, algunas traducidas a distintos idiomas, como La práctica del arte (1971), El arte contra la estética (1977), Memoria personal (1983), La realidad como arte. Por un arte moderno y progresista (1989), El arte y sus lugares (1999) y Valor del arte (2001). En abril de 2010, el Rey Juan Carlos de España le concedió el título nobiliario de marqués de Tàpies por su “gran contribución a las artes plásticas de España y del mundo”. De su obra principal destacan Gran pintura gris (1955), Óvalo blanco (1957), Puerta gris (1958), Cuadros grises sobre marrón (1959), Forma triangular sobre gris (1961), Gran equis (1962), Relieve ocre y rosa (1965), Incrustación y cifras (1974), Huella de silla (1980), Díptico de campaña (1991), Inspiración (1991), Rinzen (1998) y el cartel del centenario del Fútbol Club Barcelona (1999). Ha realizado también numerosas piezas de cerámicas, tapices y esculturas, las esculturas públicas “Homenaje a Picasso” (1990) y “Nube y silla” (1990), ambas en Barcelona. FRASE"Lo trascendente está en lo inmanente. Es decir, frente al más allá yo apuesto por el más acá. El cosmos somos usted, yo, esta mesa, el cuadro... Cuando hablo del cosmos me refiero siempre a ese cosmos próximo. De lo demás no sabemos nada "Antoni Tàpies, artista plástico. Temas Artes Plásticas Decesos personalidades del arte Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones