Jueves, 09 de Octubre 2025
Cultura | ARTES ESCÉNICAS. Una nueva mirada sobre los clásicos y los dramas faro

''El teatro tiene un poder instantáneo''

Mauricio García Lozano, director de la Compañía Nacional de Teatro, es un apasionado, sus fuentes son los viajes, las emociones fuertes; asegura que cada persona va al teatro a verse reflejado en vivo

Por: EL INFORMADOR

A.Ofelia Murguía, Farnesio de Bernal y Ricardo Blume, en Ilusiones, de la Compañía Nacional de Teatro, dirigida por Mauricio García.CNT  /

A.Ofelia Murguía, Farnesio de Bernal y Ricardo Blume, en Ilusiones, de la Compañía Nacional de Teatro, dirigida por Mauricio García.CNT /

GUADALAJARA, JALISCO (20/DIC/2012).- Mauricio García Lozano cerró este 2012 con la puesta en escena Ilusiones, con la Compañía Nacional de Teatro. Es uno de los directores más reconocidos del país. Sus temas, dijo alguna vez, son el teatro y el amor. Así pues, la puesta Ilusiones, de Iván Viripaiev llevada a escena por la Compañía Nacional, clausuró la Muestra del país este año.

Sobre Mauricio se pueden decir muchas cosas, un bucanero que llega illeso a los linderos actuales. En sus inicios fue reconocido por la Asociación Méxicana de Críticos de Teatro por Las Tremendas Aventuras de la Capitana Gazpacho de Gerardo Mancebo del Castillo Trejo, fue director escénico de Opera Prima producido por Canal 22, forma parte del Sistema Nacional de Creadores. Es también actor, diseñador de sonidos y escenarios. Su trabajo al frente del proyecto Don Giovanni, de Mozart le valió los elogios de la crítica internacional.

García Lozano es como una isla, se mantiene en la vanguardia, ya que bien podría encajar en cuanto a sensibilidad y capacidad de cuestionamientos con los treintañeros que mueven el ajo en la escena nacional, sin embargo a esto se le suma, sus propios intereses estéticos que colindan en la belleza (no formalidad) del gran teatro de Compañía, mismo que ha ido desapareciendo. Aún así, mantiene el tono y la elegancia y no deja de ser fresco y actual. Con proyectos en puerta y, viajes temporales finalizó el año no sólo con la dirección de Ilusiones, también con el trabajo La pequeña habitación azul al final de la escalera, con la actuación de Karina Gidi.

—¿Por qué Ilusiones, de Iván Viripaiev para la Compañía Nacional? ¿no son tiempos duros?


—Ilusiones, de Iván Viripaiev trata sobre lo que parece pero no es. En definitiva, la obra trata sobre el teatro, el amor y la vida. Aquello que aparece ante nosotros con la claridad de una certeza y termina siendo un espejismo. ¿Qué mejor manera de explorar la relatividad de la realidad que viéndola a través del filtro de quien tiene buena parte de su vida recorrida y puede (o no) trocar certezas en ilusiones? La CNT me ofreció la oportunidad de hacerla con los más grandes. Trabajar con Far, Adriana, Ricardo y Ana Ofelia me llevó a un proceso de profunda humanidad en el que, paradójicamente aprendí más de la crueldad de lo que no se puede negar -la vejez y la muerte- que de ilusiones, amor o teatro.

Viripaiev se pregunta “¿no debería haber un mínimo de constancia en este universo inmenso y cambiante?” La respuesta pareciera ser: solo la muerte.

Ilusiones es una obra dura. Durísima.

—¿Acabas de regresar de Buenos Aires?

—Cada tanto necesito reconstruirme. Y una de las poquísimas constantes de mi vida ha sido mi insaciable hambre por viajar. Cuando ocurre que puedo realizar esos viajes, me gusta hacerlo solo, en compañía de mi silencio. Estaba en Buenos Aires como preámbulo a una de esas peregrinaciones interiores. Fui a hacer senderismo a la Patagonia. Subí montañas, crucé ríos y me quedé sin patas.

—¿Dónde sitúas el poder del teatro hoy en día?

—En que es el espacio en el cual la gente va a verse reflejada en vivo, viva. En el teatro ocurre lo que ocurre cuando ocurre y luego, simplemente deja de ocurrir para siempre. Ese poder instantáneo, urgente, escurridizo hace del teatro un espacio de honestidad por excelencia. Y hoy en día, eso es como un oasis en medio del desierto.

—De la Capitana Gazpacho y los murciélagos de Gerardo Mancebo a Don Giovanni... ¿qué hay en medio?


—Mucho teatro, pero sobre todo mucha música. Muchas horas en el aula impartiendo clases. Muchos viajes. Algunos extremos… Mucho amor y mucho deseo. Sueños. Pesadillas. Muerte.

Es curioso, entre la Capitana y el el Don Juan median por lo menos 25 montajes, algunos muy importantes para mí como Juan y Beatriz, de Carole Fréchette, Noche Árabe, de Schimmelpfennig o Unos cuantos piquetitos ,de Ximena Escalante… pero al observar la curva, concluyo que en todos ellos la música ha sido esencial. Y al hacer el Don Giovanni – mi primera ópera- me di cuenta hasta qué punto mi forma de trabajar –desde La Capitana- había tenido que ver con esa codificación al tiempo implacable y libérrima que propone la partitura musical. Creo que a pesar de los once años que separan esos dos montajes hay más constantes que diferencias y si observo con atención los resultados, hay algo de desenfado riguroso, de juego de espejos y de deconstrucción caleidoscópica que une inextricablemente mi encuentro con Ger y con Mozart.

—Hemos traspasado la era de la información, el mundo virtual... ¿para qúe vamos al teatro?

—Pues a eso. A dejar la virtualidad de lado y a abrazar el calor irrenunciable de lo que está vivo.

—¿Cuál es la característica o perfil del teatro nacional? ¿la tenemos?

—Ni idea.

—En una entrevista, decía Peter Brook que la catarsis es un concepto que hemos comenzado a olvidar ¿crees que estamos dispuestos a la catarsis?

—Para mí es un concepto esencial. Desde que tengo uso de razón busco motivos para hacer estallar pequeñas o grandes catarsis en mí. Por eso me subo a los cerros o cruzo mares o me abstraigo a llorar sin pensar en nada ante una pintura de Rothko o vibro con esos compases del final del primer movimiento de la séptima de Bruckner… qué se yo… Instantes de purificación de afectos… ahí donde nada existe más que la manifestación sin restricciones de nuestro torrente emocional. Sin conceptos. En el embate de la sacudida.

No me gusta hablar en general… yo no sé si “el mundo” ha perdido su capacidad por hacer catarsis. Te puedo decir que yo no y que el día en que la pierda será porque me morí.

Podemos reflexionar si el teatro, nuestro teatro, mi teatro (mejor)… tiene o no la capacidad de provocar catarsis en su público. Pero claro… eso es harina de otro costal.

—¿La relación marital hoy de los clásicos con lo escénico?

—Más estrecha que nunca. Considero al teatro como un lugar de gran horizontalidad ( o transversalidad, si te quieres poner más a la moda). Entender que todo se construye en relación, que siempre hay un yo y un tu y que el equilibrio entre yo y tu es lo que posibilita (o no) el descubrimiento de un discurso expresivo ha sido la estructura de mi ética profesional. En el teatro –como en la vida- las variables de esta relación yo-tu ocurren a muchísimos niveles. Director-Actor. Personaje-Actor. Personaje-Personaje. Personaje- Lugar. Director-Colaborador creativo (escenógrafo, vestuarista, productor…). Actor- Público. Etc. Etc. Etc. Y por supuesto Director- Autor.

Cuando dirijo quiero poder platicar con el autor desde el centro de mi corazón, de mi entendimiento y de mi piel. Cuando ensayaba el Don Giovanni tenía la sensación de estar cotorreando con Mozart en corto… O el año pasado en España, con la Antígona de Sófocles, lo mismo: en cuanto me puse a trabajarla con los actores entendí la fuerza y vitalidad, la pertinencia y la actualidad de sus palabras y entonces a Sófocles se le cayeron las mayúsculas y se convirtió en cuate y colega. Y entendí que, a pesar de ostentarse en el top ten de la cultura universal es, ante todo, gente de teatro.

Los clásicos son clásicos porque están vivos. Porque contienen material humano incandescente que clama por ser llevado a escena porque para eso está… Si me acerco a los clásicos de tu a tu, sin complejos - pero sin arrogancia- entendiendo el valor necesario de esa relación horizontal, descubro una cantera inagotable de vida escénica.

—El regreso del PRI a los Pinos ¿qué género es?

—Sainete.

—Para nombrar algunas cosas existen las palabras, pero no existen palabras para todas las cosas que se dicen, para evocar otras u otras emociones está la danza ¿para qué se dice el teatro?

—Porque el vehículo expresivo del teatro es el ser humano en su totalidad. Y parte de esa totalidad es la palabra.

—¿Crees que tendremos otros héroes? ¿otra Bausch? ¿Brook?

—Sin duda. Si existe el teatro habrá gente de teatro. Y si hay gente de teatro, ¿por qué no esperar que, de tanto en tanto, aparezcan voces preclaras que catalicen la evolución de nuestro arte?

—La crisis ¿nos hará mejores?

—Siempre.

—¿Para qué sirve la libertad?

—Para ejercerla.

—¿Por qué director? ¿Qué buscas tú en el teatro?

—Libertad.

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