Jueves, 09 de Octubre 2025
Cultura | Jaime Cama Villafranca es de los primeros restauradores en Latinoamérica

El rescate patrimonial reveló el México profundo

El académico resalta que antes de la creación del Instituto Nacional de Antropología e Historia no se reconocía al país como pluriétnico

Por: EL INFORMADOR

Jaime Cama Villafranca labora en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía desde hace 46 años. S. NÚÑEZ  /

Jaime Cama Villafranca labora en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía desde hace 46 años. S. NÚÑEZ /

GUADALAJARA, JALISCO (03/OCT/2010).- Los restauradores tienen la capacidad de ver detrás de la mugre e incluso de encontrar los secretos más ocultos de este país. Son algo así como cazadores de objetos con valor patrimonial. Y Jaime Cama Villafranca es uno de esos detectives que puede incluso detectar un Goya en un tianguis de cacharros.

Cama Villafranca llegó a México en 1942 en el buque Nyasa junto con su familia expulsada de Barcelona por el franquismo. Ahora, es uno de los restauradores más reconocidos de Latinoamérica.

A más de cuatro décadas de recorrer las profundidades de este país, hay una idea que le ronda por la cabeza en estos tiempos: “Si en el pasado México pudo construir todo lo que construyó, por qué en el presente no puede hacerlo,”.

El académico y uno de los fundadores en 1964 de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRYM) “Manuel del Castillo Negrete” espera en un hotel del Centro de Guadalajara, con su esposa, quien también salió de España por la dictadura. Ambos toman café y relatan que durante su visita a Guadalajara, realizada los últimos días de septiembre, quieren conocer el tianguis de antigüedades de Avenida México. “En el Distrito Federal tenemos 40 años visitando lugares donde venden cosas viejas. Siempre estamos en busca de objetos. Nuestra casa está llena de cachivaches, a excepción del refrigerador y la lavadora”.

El pasado de los objetos

Para iniciar la charla, Jaime Cama Villafranca recuerda una frase de un arquitecto que compara la luz de una estrella lejana que ya murió pero que se sigue viendo en el cosmos, con una obra de arte del pasado, pues las dos vienen de un mundo extinto, sin embargo siguen existiendo en función de que se pueden percibir. Y así como se analiza de dónde provenía una estrella, el restaurador debe hacer lo mismo con una pieza artística.

El docente de la ENCRYM puntualiza que es necesario diferenciar entre los bienes culturales y las obras de arte, pues no es lo mismo una bonita mesa del siglo XIX que un retablo, pues este último tiene carga histórica que debe rescatarse.

“Los criterios vienen de concepciones exógenas a nosotros. Los americanos, por ejemplo, son más limpios. Nosotros usamos más el criterio italiano que busca el punto de equilibrio entre lo que fue y lo que nos queda. Y hay otros, como los chinos, que prefieren cambiar un techo en vez de restaurarlo,  porque no han entendido la carga histórica de la techumbre”, reflexiona.

Entonces, los principios de la restauración incluyen tanto la historia como la estética “y nosotros hemos introducido la función y lo tecnológico, para entender por qué hicieron las cosas. Antes de tocar una obra, debemos establecer un universo de cómo acercarnos a ella. Desgraciadamente, ahora vivimos en el úsese y tírese y poco se valora lo que tiene historia”.

— ¿Cómo ha cambiado la restauración en los más de 40 años que tiene en México?
— También estamos inmersos en un problema político. El tema es quién paga las intervenciones al patrimonio cultural. En una ocasión se transformó una capilla de manera inadecuada y al reclamarle al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la respuesta fue que no había discusión porque las autoridades municipales habían puesto el dinero. ¿Qué pasa con esta autoridad que debería ser rectora? Lo correcto era que el INAH dialogara, dijera que no se podía aceptar. El problema es que el diálogo está perdido porque tenemos gente que desde el poder decide y que no entiende de patrimonio cultural.

— ¿A qué se le ha dado prioridad en la restauración?
— Es producto de una presión social. Y la política que se ha seguido es involucrar a la comunidad, porque son los herederos de este patrimonio. Y resalto que México es uno de los países que más gasta en restauración en el mundo. Que necesitamos más, sí, porque tenemos más que lo que tienen otros países.

— ¿Cómo ha cambiado el rostro del país con la restauración del patrimonio cultural?
— Un momento importante es la creación del INAH en 1939. Cuando fui a la primaria, México no era un país multiétnico y pluricultural. Con el tiempo, la Constitución declara que somos un país pluricultural. Estamos hablando de la década de 1940, son apenas 60 años en la historia de un país y es de una velocidad enorme. Las comunidades indígenas, aunque no se les dé todo lo que necesiten y merecen, ya no se ven desde el mismo ángulo, ya no son los esclavos. Gracias a la investigación antropológica ha surgido el México profundo al que se refería el antropólogo Guillermo Bonfil.

— La UNESCO comienza a sugerir que el rescate del patrimonio esté a cargo de la sociedad
— Es una institución que se crea a nivel internacional y que tiene que invertir centavitos en todos lados. Antes el mundo grecolatino decidía qué es arte y qué no. Gracias a la presión se decreta la Convención de Patrimonio de la Humanidad y hoy cada país decide qué conservar. Ahora, la UNESCO se hace para atrás y les deja a los países la responsabilidad para no participar con dinero.

— ¿Cómo es que se enamora de esta profesión?
— Tengo un problema de base, no soy mexicano. Sí soy, pues, pero nací en Barcelona en 1933. Con el franquismo, México acoge a mi familia. Y entonces hice una especie de compromiso interno por devolverle algo a este país. Ahora ya tengo 45 años en esto. ¿Qué me deja la restauración? La sensación de placer de lo bien hecho.

— ¿Cambió su manera de entender México?
— Por supuesto. Si uno no viaja por México, si uno no trata de resolver los problemas viendo la situación de cada lugar, el concepto del país es distinto. Yo no puedo entender cómo nuestros políticos nos dicen que hay 150 mil millones de dólares de excedentes de petróleo y no los invierten en resolver la miseria, porque la que se vive en este país es inhumana, inmoral.

— ¿Se ha logrado que el rescate del patrimonio cultural detone economías locales a través del turismo?
— No se ha logrado porque no se ha vinculado. Por ejemplo, mi proposición para el Convento de Tetela del Volcán es que me permitan construir un centro de formación que conecte a la comunidad con el patrimonio cultural dentro del templo. Pero no para crear más meseros, se trata de que trabajen en la plata, la talla de madera, que mejoren su cosecha… ésa formación es la que necesitamos como espejo del patrimonio cultural, y entonces sí vale la pena que el Estado invierta en centros de formación, no de deformación.

PERFIL

El pionero


Jaime Cama Villafranca (Barcelona, 1933) vive en México desde 1942. Estudió Ingeniería Eléctrica en la UNAM, pero su rumbo cambió cuando participó en el rescate del templo de Santo Domingo, en Oaxaca, donde ayudó a limpiar muros. Obtuvo una beca de restauración en París y trabajó durante tres años en el Museo Louvre. En Italia tomó otro curso en esta disciplina y años después volvió a México. En 1964 participó en la creación de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración, y Museografía “Manuel del Castillo Negrete”, de la cual llegó a ser director.
Ha participado en algunos proyectos de restauración como Tetela del Volcán, el Palacio de Tetita en Teotihuacán, el rescate de la máscara funeraria del rostro del rey maya Pakal II, en Palenque, el mural El canto y la música de Rufino Tamayo y los murales de La Moreña (La Barca, Jalisco).

''Si el pasado pudo construir todo lo que construyó, por qué el presente no puede hacerlo''
Jaime Cama Villafranca, restaurador

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