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Martes, 19 de Noviembre 2019
Cultura | Publicación de “Los tres santos”

Eduardo Mendoza presta su pluma al cuento

El autor español reúne en un volumen los relatos La ballena, El final de Dubslav y El malentendido

Por: EL INFORMADOR

CIUDAD DE MÉXICO.- El escritor Eduardo Mendoza (Barcelona, España, 1943) ha abandonado por un momento la novela que tantos éxitos le ha procurado y se ha inspirado en el maestro Gustave Flaubert para prestar su pluma al cuento. Un año después de publicar el exitoso El asombro viaje de Pomponio Flato, el autor regresa con Los tres santos, su primera incursión en el género de Chéjov o Lovecraft.

A pesar del título de la obra, Mendoza resalta que los personajes son “parasantos”, es decir, personas “marginadas del mundo” obcecadas con una única idea en la vida.
Las vidas que persigue el autor en los tres relatos que conforman su nueva obra publicada por Seix Barral -La ballena, donde un obispo accede al cargo de “mala manera”; El final de Dubslav, sobre un hombre rico y a la vez vacuo; y El malentendido, retrato de un delincuiente- tienen como “nexo de unión” al propio Mendoza, que se identifica con aquellas personas que siguen ciegamente las convenciones sociales temerosas de pertenecer a otro mundo.

En estos textos, el autor español, que no sabe si éste será su primer o último acercamiento al cuento, utiliza su lenguaje personal y su capacidad de reflexión con toques de humor.
“En cada uno de los tres relatos intervienen varios personajes. Me costaría señalar con precisión cuál de ellos es el santo al que alude el título. En todo caso, quiero creer que todos ellos, si no son santos, tampoco son malas personas”, manifiesta.

El autor de títulos como La ciudad de los prodigios y Una comedia ligera descubre que los tres relatos que componen Los tres santos fueron escritos en momentos muy distintos, pero que se resistía a publicar, sobre todo el tercero, porque “tiene todo lo que he reprobado siempre en literatura, es decir, es teoría y es discursivo”. Pero no ha podido evitarlo: “es que llevo mucho tiempo reflexionando sobre la ansiedad que parece dominar estos tiempos inciertos para la literatura. Porque todos los años me preguntan qué hay que leer en verano, por ejemplo, o cómo seleccionar entre 70 mil novedades... Y hay que romper ese discurso”.

- ¿Así que comparte las opiniones del protagonista, que considera “Rayuela”, de Cortázar, una “fantasmada”?


- “Bueno, si las opiniones las diera yo las matizaría, pero me gusta mucho ponerlas en boca de alguien que es contundente: lo que dice de Henry James, de Proust, de Cortázar... Soy tan estúpido que se me ocurrió decir en Buenos Aires, hace unos 25 años, que se estaban equivocando porque despreciaban a Borges por razones políticas, reales o atribuidas, y en cambio estaban poniendo por las nubes a Cortázar. Les dije: ‘Cortázar pinchará, y Borges cada día escribirá mejor’. Y el tiempo me ha dado la razón: Borges, que es un disparate, nos ha dado todas las metáforas que estamos utilizando en este milenio, y de Cortázar no queda nada, un París polvoriento y bohemio, su intelectualismo. Es un buen escritor, claro, pero es que yo sólo me peleo con los talentos, no pego a los niños.”

- ¿Por qué ha reunido tres relatos escritos en momentos tan distintos de su vida?


- “No sé, como decía antes, cuando acabé el tercero no quería publicarlo, pero tampoco entendía por qué lo había escrito... Luego encontré el de enmedio y pensé lo mismo, así que rehice el primero, el más antiguo, y los pasé a mis asesores de imagen, que son Pere Gimferrer, y todos los demás, Balcells, Elena Ramírez. Quise publicarlos, porque hasta que no están impresos no los has terminado, y a mí me gusta hacer lo que no se espera de mí”.

- ¿Por eso no ha vuelto a escribir novelas como “El laberinto de las aceitunas” o “La verdad sobre el caso Savolta”?


- “Desde luego. Hace poco estuve en Polonia, donde soy un best seller pero sólo por mis novelas de risa, y entonces me preguntaban sin cesar por qué decidía, de vez en cuando, escribir cosas larguísimas, pesadísimas, que no tienen ningún interés, y pensé, claro, tienen razón, que si sacase cada año una de risa me forraría, y mis editores y los lectores y mi agente estarían contentísimos. Y no lo voy a hacer porque no me da la gana, porque quiero hacer lo que no he hecho. Ahora no sé lo qué va a pasar, no sé si me van a decir muy bien o muy mal, pero hay que estar siempre apostando por algo nuevo”.

- ¿Algún tópico sobre la literatura que le resulta cercano?

- “Quizá el de escribir para que te quieran, porque creo que hay que ser humildes, aunque básicamente uno escribe porque quiere escribir. ¿Para quién? Para el libro, para que quede bien. Yo en realidad escribo para justificar mi presencia en el mundo. Puedo haberlo hecho mal todo en esta vida, pero, no sé, tal vez en el último momento recordar que Sin noticias de Gurb o El laberinto... entretuvieron a varios enfermos... eso quizá me salve, y me digan que pase... y que les dedique un libro”.


Sobre las historias


La ballena es el relato más cercano a las crónicas barcelonesas que han hecho célebre a Eduardo Mendoza y arranca en el Congreso Eucarístico de 1952. El cuento fue escrito hace tres décadas, coincidiendo en el tiempo con su ópera prima, La verdad sobre el caso Savolta.
 
El final de Dubslav, mientras, tiene lugar en África y se sumerge en la vida de un hombre rico que vive de forma banal. También fue escrito hace tiempo, unos 20 años.
El malentendido, por último, es una reflexión sobre la creación literaria y el difícil diálogo entre clases sociales. En este cuento, además, Mendoza da una nueva versión del personaje del lumpen que inspira otras obras suyas.
En los tres relatos, Mendoza reconoce influencias de los “grandes cuentistas que siempre he admirado, de Henry James a Joseph Conrad o la muy recomendable Alice Munro”.


“No voy a repetir novelas de risa. Hay que estar siempre apostando por algo nuevo”

Eduardo Mendoza, escritor

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