Jueves, 09 de Octubre 2025
Cultura | La obra cosmética del enemigo es el pretexto de esta charla sobre teatro

Delgadillo, cosmética y cosas peores

El reconocido director, ganador de la Muestra Estatal de Teatro 2012, prepara Remedio para melancólicos

Por: EL INFORMADOR

TRÍO PODEROSO. Eduardo Rodríguez, actor, Ricardo Delgadillo, director, y Juan Romo, actor. EL INFORMADOR /

TRÍO PODEROSO. Eduardo Rodríguez, actor, Ricardo Delgadillo, director, y Juan Romo, actor. EL INFORMADOR /

GUADALAJARA, JALISCO (09/ENE/2013).- Todos hablan a la vez pero nadie pide la palabra. Escuchan atentos. Es una tertulia cotidiana entre amigos y uno que otro desconocido. Son actores y directores de su propia vida: Ricardo Delgadillo, Eduardo Rodríguez y Juan Romo. Sus lenguas expiden un conocimiento de lo que los han llevado hasta los aplausos y el reconocimiento.

Aunque ellos se dedican hacer teatro, confiesan no ser espectadores muy constantes. Este trío ganó en noviembre de 2012 el máximo reconocimiento de la Muestra Estatal de Teatro en Jalisco gracias a Cosmética del Enemigo, montaje basado en la novela de la belga Amélie Nothomb, y que desde 2011 se presentó en la ciudad bajo la dirección de Ricardo Delgadillo, y la visceralidad dramática de Eduardo Rodríguez y Juan Romo; vestuario de Ricardo de la Lanza, diseño de iluminación de Eduardo Ruiz Saviñón, y música de la autoría de José Alfredo Sánchez.

Insisten en que el público teatral debe crecer y ser partícipe de las propuestas que hay en Guadalajara. Eso sí, en las producciones que valgan la pena, donde haya actores que se preocupen por el espectador y no por el protagonismo y las fugaces alabanzas.

Este trío pasa desapercibido entre los comensales que comparten el café en este lugar ubicado en la calle Libertad. No tienen pinta de actores, pero basta con pronunciar la palabra teatro para que en un abrir y cerrar de ojos den cátedra de cómo hacerlo y entretener al público, lejos del egoísmo y la falsa humildad.

Eduardo Rodríguez y Juan Romo recibieron el reconocimiento de mejor actor en la pasada muestra teatral. Quien los vea en escena juraría, por su manera de plantarse, que son experimentados, pues la pulcritud y seguridad de su actuar convencen hasta a los conocedores. Paradojas de la vida: son unos novatos.

Juan y Eduardo llegaron al teatro siendo adultos. Ninguno recuerda la primera obra que vieron en su infancia o juventud, pues entre su formación, la cuestión escénica no fue el fuerte: el primero es creador de videos y comerciales; el segundo, locutor, actor de voz y por más de dos décadas profesor de inglés. Pero ambos tienen los pies en la tierra.

En broma, Eduardo asegura que no hay que pecar en los extremos del egocentrismo y la humildad: “Hay un equilibrio muy interesante entre la humildad y la arrogancia, puedes caer en exceso de humildad y no haces las cosas bien porque crees que no lo mereces. Esa postura de humildad es arrogante”, dice, y sus compañeros concuerdan al instante.

“Yo no pienso en premios ni en reconocimientos. Me interesa que la obra pase al público”, comenta Ricardo, quien interpreta en su vida –fuera del teatro– a un gerente de ventas en el rubro la de compra-venta de refacciones automotrices. “Cosmética del Enemigo es un texto que no es fácil de representar porque está escrito como novela, y en la novela el lector tiene un tiempo muy diferente al del espectador”.

Sin jerarquías

Ricardo Delgadillo carga en su nombre una trayectoria memorable como director teatral. Su compañía S Teatro goza de respeto; es sinónimo de un trabajo bien realizado profesional y emocionalmente.

Fue en la Universidad de Guadalajara donde fundó su grupo teatral hace 30 años, pero en 1987 se independizó de la institución para emprender un camino de producciones dirigidas principalmente a los niños y adolescentes.

Eduardo Rodríguez tiene una mirada dura a sus 54 años de edad. Parecer enojado, parece muy serio. Sin embargo al comenzar a hablar esa percepción cambia. Es oriundo de la Ciudad de México y posee una voz potente, de ultratumba, que destaca por el tono común del resto. Sus amigos dicen que es un sabio en la música, pues sus conocimientos radican en su primogénita formación como concertista de guitarra clásica. De ahí, que su perspectiva teatral sea más lineal, más elegante, más del instinto y la pasión.

Juan Romo –de 45 años de edad– es como una combinación temperamental de Ricardo y Eduardo. Es el soñador más emotivo del grupo. Los tres reflexionan y recuerdan. Eduardo aprovecha la reunión para hacer preguntas, para escudriñar en rincones no explorados. Reconoce la excelencia de Delgadillo como director y la camaleónica actuación de Juan.

Los astros de la bienaventuranza se alinearon en el momento menos pensado para este trío que, desde hace más de 17 años, mantiene una relación de amistad más que de trabajo. Una cosa llevó a la otra. Sin quererlo.

Fue la hija de Ricardo Delgadillo quien comenzó todo. Luego de recibir el libro de Amélie Nothomb en un paquete de ejemplares literarios, no dudó en recomendar la obra a su padre pensando en la posibilidad de que Cosmética del Enemigo fuera llevada a escena.

Delgadillo aceptó. Leyó, pensó y tras cuatro años de ausencia en el teatro, echó la moneda al aire. Los papeles principales de Cosmética del Enemigo estaban pensados exclusivamente para sus amigos: “Jérome Angust” para Eduardo Rodríguez y “Textor Texel” para Juan Romo, personajes que profundizan en temas que causan escalofríos y reflexión, en una trama que radica en exponer los demonios internos y las crisis existenciales del individuo del siglo XXI.

Todo lo agradecen: el premio, los halagos, el esfuerzo y la confianza que Ricardo Delgadillo depositó en ellos para dar vida escénica a la narración de Nothomb, sobretodo, a los cacahuates y refresco que fueron piezas clave en cada ensayo nocturno después de sus respectivos deberes laborales.

“Yo no puedo trabajar con alguien con quien no me lleve bien” –explica Ricardo– “Tiene que ser muy cordial el ambiente. No soy tan profesional como para trabajar con alguien con quien no me identifique. Esto es una relación horizontal, ellos tienen su responsabilidad como actores, y yo como director. No hay jerarquías, porque si no surgen todos los vicios y los infiernos que existen en el gremio, como los egos. Yo evito todos esos infiernos”.

El actor, sobrevalorado

Ricardo no duda en afirmar que lo más sobrevalorado del teatro es “el actor, cuando está en su formación, le trabajan mucho el ego, y después no se puede desprender. Es la enseñanza, el método Stanislavski va mucho sobre eso, en ‘tú clávate en ti mismo, eres lo máximo’, y sí van desarrollando una cuestión de competencia. Lo sobrevalorado es creer que lo que se hace es muy interesante, sin pensar en el espectador, el destinatario final del trabajo”.

“En el teatro, la técnica la estudias para luego mandarla a la fregada, porque ya la asimilaste y después viene la tuya. Se vuelve como un instinto todo lo técnico, hay muchos colegas que se clavan en la técnica como fin único de lo que están haciendo. Lo importante es contar bien una historia”.

Ricardo ni se enoja ni se pasa la vida en una competencia por espacios, ni teatros, ni actores. Él hace lo suyo. Tampoco es un dramático empedernido que en cada esquina encuentra la inspiración para sus obras y personajes.

Tras cada ensayo, los tres terminaban hartos, cansados y con ganas de solo llegar a casa y dormir. Juan Romo destaca las problemáticas que enfrentó ante su primera actuación profesional; una de ellas, la memoria que le causó conflictos con sus diálogos. Eduardo lo interrumpe y apresura a decir que eso no es mala memoria, que tanto en el teatro como en cualquier otro oficio se llama instinto.

“Instintivamente sigues lo que debes ser, no hay que memorizar hasta el final. Si tú memorizas el texto, entonces vas a limitar tu imaginación, si por el contario, sabes las ideas y utilizas tu imaginación con ello, al rato puedes enriquecerlo”, explica Eduardo.

Que el público juzgue


No todo es aplauso total. En ocasiones el trío y su equipo de producción se enfrentan solamente ante un par de palmas que han asistido en solitario a sus funciones. Tres, cinco u ocho espectadores, cuando mucho. Hay veces en que el público no se para ni por error.

Eduardo Rodríguez lo acepta: “Una vez no quisimos salir. Yo me agüito menos”. Ricardo Delgadillo replica que el teatro –en su vasta experiencia– padece de un círculo vicioso entre la desinformación y la mala calidad de algunos espectáculos.

“La gente no va a ir al teatro solamente porque hay justamente un teatro a tres cuadras de su casa. A veces no se entera, ni le invitan o simplemente no le parece interesante y no tiene porque ir (…) Te baja la pila (cuando no hay gente), hemos trabajado tanto, tanta energía, tanto tiempo y solo vienen dos personas, chale. Sí desmotiva, pero no es culpa de la gente, es culpa de nosotros que no supimos cómo decirle qué lo que hacemos está padre”, explica Juan Romo.

Ricardo insiste en que la responsabilidad primordial del teatrista, además de presentar un trabajo inteligente, bien planteado y entretenido, es el informar correctamente al público, sea o no conocedor o experto en teatro.

“No hay que echarle la culpa al público. Quien tiene que educar al espectador somos nosotros. Con nosotros han ido espectadores principiantes y salen muy contentos. Hace falta crear una red de información y difundir, pero el público tendrá la última palabra”.

PARA SABER
Estreno próximo


Ricardo Delgadillo opta por innovar en sus fórmulas de éxito. Para este 2013, el director regresa a los escenarios con Remedio para melancólicos, puesta en escena que adaptará cuatro cuentos de Ray Bradbury con estilos diferentes en cada historia. El estreno es el 2 febrero, la puesta en escena dé sus primeras funciones en la Casa Suspendida. Sábados, 20:30 horas, domingos, 18:00 horas.

El director

Ricardo Degadillo nació en California, Estados Unidos. Es uno de los directores más reconocidos de la ciudad y su trabajo se ha enfocado en el teatro juvenil con obras como El rugido de la jirafa o Carmen. Estudió la licenciatura de Actuación Teatral de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y ha  tomado cursos en dirección con Soledad Ruiz y Hugo Hiriart y en dramaturgia con Vicente Leñero y Ángel Norzagaray.  En 1982, fundó la compañía S Teatro y ha trabajado con actores como Lumi Cavazos, Rita Guerrero y Víctor Huggo Martín.

FRASE

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El actor, cuando está en su formación, le trabajan mucho el ego, y después no se puede desprender. Es la enseñanza, el método Stanislavski va mucho sobre eso "

Ricardo Delgadillo
, director escénico

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