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Sábado, 17 de Noviembre 2018
Cultura | El jalisciense es recordado por su sentido del humor y sus reflexiones plásticas

Conaculta evoca a Juan Soriano a 93 años de su nacimiento

Soriano es recordado por su sentido del humor y sus reflexiones plásticas

Por: NTX

Juan Soriano logró enriquecer al arte mexicano. ARCHIVO /

Juan Soriano logró enriquecer al arte mexicano. ARCHIVO /

CIUDAD DE MÉXICO (18/AGO/2013).- El artista plástico Juan Soriano, nacido el 18 de agosto de 1920 en Jalisco, fue un "niño permanente, sin años" para Octavio Paz (1914-1998), y para Carlos Fuentes (1928-2012), "seguirá siendo un diablo en el paraíso modesto de México".

Amante de la poesía, Soriano (1920-2006) contribuyó con su obra a enriquecer los horizontes del arte mexicano nacional, destacó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), al recordar al célebre artista al cumplirse 93 años de su nacimiento.

"Sus reflexiones plásticas y trato de la forma eran tan intensos como su sentido del humor. Evocamos a Juan Soriano a 93 años de su natalicio", escribió, por su parte, el titular del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa en su cuenta de Twitter.

Para muchos, la mejor descripción de Juan Soriano la creó Octavio Paz (1914-1998) en el texto "Rostros de Juan Soriano", publicado en el libro "Las peras del olmo", refirió la institución mediante un comunicado.

"Cuerpo ligero, de huesos frágiles como los de los esqueletos de juguetería, levemente encorvados no se sabe si por los presentimientos o las experiencias; manos largas y huesudas, sin elocuencia, de títere; hombros angostos que aún recuerdan las alas de petate del ángel o las membranas del murciélago; delgado pescuezo volátil, resguardado por el cuello almidonado y estirado de la camisa; y el rostro: pájaro, potro huérfano, extraviado. Viste de mayor, niño vestido de hombre. O pájaro disfrazado de humano. O potro que fuera pájaro y niño y viejo al mismo tiempo. O, al fin, simplemente, niño permanente, sin años, amargo, cínico, ingenuo, malicioso, endurecido, desamparado".

Bautizado como Francisco Rodríguez Montoya, el artista es conocido desde niño con el nombre de Juan Soriano, por el segundo apellido de su padre.

Desde los 12 años fue un asiduo visitante de la casa de Jesús Reyes Ferreira, mejor conocido como Chucho Reyes, donde conoció a Luis Barragán y a Roberto Montenegro y admiró por primera vez la pintura europea en cromos de libros y revistas, también los retratos de José María Estrada, además de comenzar a leer los clásicos que edita José Vasconcelos.

En el texto "Orientación de los gatos" de Julio Cortázar (1914-1984) dedicado a Juan Soriano, narraba esa esencia enigmática.

"Una última transformación hizo de ella una lenta estatua nítidamente separada de los demás, de mí, que me acercaba indeciso buscándole los ojos perdidos en la tela. Vi que el gato era idéntico a Osiris y que miraba a lo lejos algo que el muro de la ventana no nos dejaba ver".

En tanto, el escritor Carlos Fuentes (1928-2012) refería: "Soriano seguirá siendo un diablo en el paraíso modesto de México. Yo asocio personalmente a Soriano con momentos de mi vida y de nuestra historia, sobre todo con ese encuentro, que es el de sus amistades más profundas, Diego de Mesa, María Zambrano, Octavio Paz, entre el Edén subvertido, el México de López Velarde, y la España peregrina, fatigada y reconocida, que ocurrió hace casi cincuenta años".

Para el ensayista y crítico literario Juan García Ponce (1932-2003), "Juan Soriano no busca ni siquiera la pintura, la sola posibilidad del concepto de la obra le estorba. Soriano se busca a través de la pintura, pertenece a la categoría, sin clasificación posible, de los pintores absolutamente singulares y por ello sería inútil tratar de colocar su obra dentro de una determinada evolución de los estilo".

El creador confesaba sentirse agradecido con la vida por haber puesto en su camino a tantas personas y amigos que lo guiaron, apoyaron y con quienes descubrió su propia interpretación de la naturaleza humana, de cuerdo con información difundida por la institución.

Soriano compartió que sólo podía pintar lo que sabía, lo que experimentaba, bajo un hilo conductor entre esos hemisferios: La poesía.

"Cuando se tiene contacto con la poesía, uno se da cuenta que en imágenes se pueden decir muchas cosas, ya sean imágenes literarias, pictóricas, arquitectónicas o simplemente verbales, porque el arte, yo creo que todos lo hacen, según la cultura y según el marco de los conocimientos que se tiene en la vida", indicó.

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