Cultura | El escritor tapatío presenta “Toda la sangre”, su nueva obra Bernardo Esquinca, entre el género policiaco y el fantástico En su reciente libro el escritor tapatío conecta a los dioses prehispánicos con el presente de la Ciudad de México Por: EL INFORMADOR 1 de agosto de 2013 - 23:16 hs Enigma. En su novela reúne elementos históricos, policíacos y fantásticos para crear un thriller pleno de emoción y sorpresa. ESPECIAL / GUADALAJARA, JALISCO (02/AGO/2013).- Camina el siglo XIX y la capital de la Nueva España tiembla debido a que, por accidente, se desenterró un monolito, representación de Coatlicue, la diosa azteca de la muerte. La ciudad, construida sobre las ruinas del antiguo imperio mexica, se ve castigada por fuerzas ocultas que traen la herencia enterrada por los conquistadores. En la Ciudad de México ronda un loco que practica ritos prehispánicos en sus asesinatos. Lo actual se tiñe de lo prístino. ¿Qué pasaría si la ciudad antigua y sus prácticas regresaran? Esa respuesta se encuentra escondida en la novela Toda la sangre (Almadía, 2013), escrita por Bernardo Esquinca. “Considero a Toda la sangre como una novela que hace una mezcla entre el género policiaco y el género fantástico. Es una mezcla que no es común en el género, que suele ser más ‘realista’. A mí me gustó explorar estas posibilidades de mezclar géneros. Creo que lo que se van a encontrar los lectores en esta novela es algo distinto a quienes están acostumbrados a leer la novela policiaca tradicional, o que incluso, en México últimamente, tiene resonancias muy claras hacia el narcotráfico. Aquí van a tener una lectura muy distinta que les va a conectar con los dioses prehispánicos y con el pasado del Centro Histórico de la Ciudad de México”. Fiel a sus obsesiones y siempre moviéndose entre misterios, enigmas y cuestiones anómalas, el escritor tapatío confiesa que le gusta asomarse al lado oscuro del alma humana, en parte por su propia naturaleza y porque le parece que literariamente es mucho más interesante explorar el lado oscuro y lo siniestro, que indagar en la bondad o en las cosas bonitas de la vida. Conflicto con el pasado prehispánico “Con Toda la sangre me interesaba mucho explorar la parte en la que los mexicanos no nos hemos reconciliado con nuestro pasado. Tenemos un conflicto con nuestro pasado prehispánico, sobre todo con su parte violenta, de sacrificios, rituales que hoy en día se siguen negando. Mucha gente no acepta que los aztecas, como parte de su cosmovisión, realizaban estos sacrificios sangrientos”. El autor quería poner a discusión que si el lector se sumerge más en esa cultura que le antecede, podría comprender que los aztecas no eran unos salvajes, sino que tenían una visión muy ligada a los mitos. La sangre tenía que alimentar al sol para que venciera todas las noches a la luna, y así la maquinaria del cosmos pudiera seguir funcionando día a día; los sacrificios humanos tenían que ver también con una cuestión política, bélica y económica, no sólo sangrienta. Resalta que el actual rechazo hacia el pasado prehispánico se debe a la manera violenta y sangrienta en que se llevó a cabo La Conquista. Una vez que se instaló el gobierno de la Colonia, los españoles hicieron todo lo que estaba en sus manos para borrar las huellas de la cultura que sojuzgaron: destruyeron las pirámides, enterraron a los ídolos y castigaron a los indígenas que intentaban conectarse con su pasado. Casasola, reportero del Semanario Sensacional y protagonista de la historia, nació gracias a la formación periodística de Esquinca. Antes que decantarse por elegir un detective o un policía, intentó hablar de un mundo conocido para él, pero desconocido para muchos: las redacciones de los periódicos, las vicisitudes de los reporteros culturales. Su idea era que en el texto, Casasola se sumergiera en el mundo de crimen y abandonara el periodismo cultural por el de nota roja. “A través de este personaje que cambia de ser un periodista cultural a ser un reportero de nota roja, pues yo cumplo ahí una fantasía, que es explorar el mundo de la nota roja que a mí me gusta y que aunque es muy denostado por la élite del periodismo, cumple una función de testimonio social muy importante”. Atrapar al lector, un mandato Esquinca afirma ser un escritor que apuesta por atrapar al lector. En ese sentido, busca un lenguaje que no experimente ni se meta en cuestiones crípticas, ya que no es de su interés ahondar en ese tipo de exploración. Le gusta tener una trama sólida, que intrigue, porque lo que narra son misterios. “En la novela policíaca, de misterio, hay que ir dejando algunos ganchos para dejar intrigado al lector. Aquí tiene también una parte de novela histórica. Cuidé que esto no fuera excesivo y que apareciera muy bien dosificada la parte histórica, porque si me entretenía durante muchas páginas contando anécdotas históricas, iba a distraer la lectura”. El reto de la novela era hacer un tejido muy sutil entre la trama y la parte histórica que no entorpeciera y que dejara un sustrato de contenido para que después el lector pueda investigar por su parte si es que se interesa en algunos temas que se plantean en la narración. La novela negra, pujante El narrador acentúa que la novela negra “y los mal llamados subgéneros en general” han tenido que hacer un largo recorrido para quitarse los prejuicios que nacieron desde la crítica y la academia, que la consideran literatura menor. Resalta que en México, la novela negra ha ganado mucho terreno. “Hay una serie de escritores en México que desde hace tiempo han estado apostando por el género. Para empezar habría que hablar de Rafael Bernal, que hizo El complot mongol, que es la novela que se publicó a finales de los sesenta y que marca el nacimiento de la novela negra en México. Es un clásico absoluto. Todos los que hacemos hoy en día novela negra en México intentamos homenajearlo y nunca conseguimos igualarlo”. Sin embargo, menciona que actualmente hay autores que renuevan el género en el país como Bernardo Fernández “Bef”, que también mezcla géneros y, aunque escriba ciencia ficción, a veces sus novelas tienen un elemento policiaco. | FRAGMENTOToda la sangreCiudad de México, capital de la Nueva España, 1803 La escultura estaba decapitada. De su cuello salían dos enormes cabezas de serpiente que simulaban chorros de sangre. Los reptiles se encontraban de perfil, y sus ojos, sus colmillos y sus lenguas se unían en el centro formando un rostro de pesadilla. Trabajadores de la Real y Pontificia Universidad habían cavado en el patio, dejando al descubierto la colosal estatua que descansaba acostada en su tumba, mirando el cielo cargado de nubes de la Nueva España con una expresión indescifrable, que a Alejandro de Humboldt le pareció ominosa. A su lado, monseñor Feliciano Marín, obispo de Linares —quien no sin cierto recelo había intervenido ante los frailes de la Universidad para que la estatura fuera exhumada—, hacía una serie de ademanes en dirección al pórtico de la Real y Pontificia. Alejandro de Humboldt desvió la mirada del atroz monolito y comprendió lo que sucedía: a la entrada de la Universidad, un grupo de indios observaba la escena con creciente expectación. Los gestos de monseñor consiguieron dispersarlos, pero hubo uno de ellos que permaneció en su sitio y que, tras dirigirles una mirada desafiante, se agachó para dejar la vela que traía en la manos. Alejandro de Humboldt pensó que esos ojos eran tan inescruta-bles como los del ídolo que tenía a sus pies, y tan apremiantes como la amenaza de tormenta que se cernía aquella tarde sobre la capital de la Nueva España. Temas Literatura Escritores Libros Lee También "Lo que no quería era ser nadie": Premio Nobel de Literatura Mariana Etchegaray escribe “Hasta donde suene mi voz” László Krasznahorkai: Libros para adentrarse al mundo del nuevo Nobel de Literatura ¿Cuánto cuestan y dónde comprar los libros del Nobel de Literatura 2025? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones