Jueves, 23 de Enero 2020
Cultura | Recepción del Premio Alfaguara de Novela por El viajero del siglo

Andrés Neuman, con la literatura en la piel

Nacido en Buenos Aires en 1977 pero residente en la ciudad española de Granada desde 1991

Por: EL INFORMADOR


GUADALAJARA, JALISCO.- Con la mirada atenta del novelista que ignora y quiere saber, Andrés Neuman se sumergió en el siglo XIX -sus conflictos, debates, ilusiones y relaciones sentimentales- para construir El viajero del siglo, galardonada con el Premio Alfaguara de Novela 2009, que el escritor argentino afincado en España recogió ayer.

"Escribí esta novela para explicarme a mí mismo el siglo XIX. Normalmente, los autores escribimos contra la ignorancia", señala Neuman. Hijo de músicos, encontró en una melodía de Schubert sobre un viejo organillero la clave para confrontar a dos personajes y dos ideas antagónicas: el eterno nómada y el eterno sedentario.

El punto de encuentro es la ciudad de Wandernburgo, una ciudad imaginaria con calles y plazas móviles en donde el viajero Hans, que llega accidentalmente para pasar una noche, termina quedándose sin saber realmente cuándo volverá a partir.

Como telón de fondo, Neuman dibuja una sociedad preocupada por la inmigración, las nuevas ideas políticas, las diferencias lingüísticas y culturales o el nuevo papel de la mujer, representado por Sophie, "pionera" para su tiempo, que sufre las consecuencias de una "revolución de hombres, hecha para los hombres", explica el escritor.

Acerca de Hans, el protagonista de El viajero del siglo, su autor dice que "es una especie de ciudadano errante, apátrida; lleva en el arcón el mundo entero, la literatura universal a cuestas". No obstante, en esta historia llena de personajes que se cruzan y hablan en dos cenáculos literarios contrapuestos, un exquisito salón y una cueva, hay voces con mucho peso narrativo.

"La novela tiene estructura musical y el ritmo de la prosa está marcado por ese demiurgo secreto y sucio que es el viejo organillero".

En su discurso de recepción del Premio Alfaguara en la sede del Grupo Santillana en Madrid (España), el escritor hispano-argentino apeló a su condición de inmigrante en Europa e hijo de descendientes de inmigrantes europeos en América para hablar del cosmopolitismo y la falta de prejuicios de su generación: "La literatura en español puede aspirar, al igual que otras grandes literaturas, como la norteamericana, u otras lenguas, como el francés o el alemán, a simbolizar cualquier espacio, a ser una metonimia del mundo. Puede que, desde los años 90, la sensación de muchos nuevos autores sea ésa, el desprejuicio territorial. Eso lo han reflejado situando sus historias en lugares remotos o bien proyectando una mirada extranjera sobre lugares teóricamente propios".

Nacido en Buenos Aires en 1977 pero residente en la ciudad española de Granada desde 1991, Andrés Neuman publicó a los 22 años su primera novela, Bariloche, con la que quedó finalista del Premio Herralde que organiza la editorial Anagrama. Le siguieron La vida en las ventanas, Una vez en Argentina y los libros de relatos El que espera, El último minuto y Alumbramiento. Ha recibido también el Premio Hiperión de Poesía.

No sabe qué será lo siguiente que haga, pero no lo hará como El viajero del siglo. "Tengo una fuerte atracción por el ‘reset’ creativo -afirma-. Cada vez que termino un libro no quiero que se parezca en nada al anterior. Llámalo curiosidad compulsiva. Me gusta sentir cada vez que empiezo un libro que no sé escribir y recobrar esa ignorancia primera para aprender durante el proceso de escritura. Por eso detesto expresiones como ‘dueño de su oficio’ o ‘el dominio del lenguaje’".

Y es que está convencido de que "el lenguaje no se domina, se desconoce progresivamente. Las personas sin curiosidad creen que el lenguaje no tiene misterios. El lenguaje es ambiguo, relativo, imprevisible e inabarcable. Quiero entrar en la nueva novela desmarcado y no poder valerme de cosas que ya sepa".

Para él, la literatura, "más que un disfraz, es una piel" y afirma que "eso te lo da una novela larga con personajes. La poesía o el cuento te da otras cosas, como el placer inmediato. No es placentero escribir una página y media de una novela de 500. Te levantas y te das cuenta de que el argumento no se ha movido más que un centímetro. Tienen que pasar meses para ver un mínimo avance de la novela. Es fácil desanimarse; es un acto insensato de fe continuar con una historia a pesar de que no sabes para dónde avanzas. El cuento es una descarga de adrenalina y de hedonismo inmediata".

 "El lenguaje no se domina, es ambiguo, relativo, imprevisible e inabarcable", Andrés Neuman (escritor)

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