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Martes, 25 de Septiembre 2018

Suplementos

Óbidos, la urbe de libros

Por: Jorge Alberto Pérez Gómez

Óbidos, la urbe de libros

Óbidos, la urbe de libros

Rincones. Idiomas, temas y tesoros, parte del encanto.

Rincones. Idiomas, temas y tesoros, parte del encanto.

La vista. Los pasillos se desbordan con la literatura presente en el hotel.

La vista. Los pasillos se desbordan con la literatura presente en el hotel.

Los buenos vinos. El vino y el licor, buenos compañeros en toda aventura literaria.

Los buenos vinos. El vino y el licor, buenos compañeros en toda aventura literaria.

Fachada. El encanto y la sencillez se dejan ver en la portada del edificio.

Fachada. El encanto y la sencillez se dejan ver en la portada del edificio.

Una copa. Leer y disfrutar del alimento rodeado de conocimiento.

Una copa. Leer y disfrutar del alimento rodeado de conocimiento.

Los hoteles temáticos son llamativos para quienes buscan experiencias diferentes, y en Óbidos (Portugal) hay un espacio ideal para los bibliómanos. Se trata del Literary Man Óbidos Hotel, un lugar para pernoctar entre miles de libros. No es de extrañar, pues la pequeña localidad al Oeste del país es una “Ciudad de la Literatura”, denominación de la Unesco: fue en 2015 cuando se designó como Ciudad Creativa dentro de la red de la misma organización.

Aunque ningún autor de renombre es oriundo de allí, la localidad ha recibido con gusto la responsabilidad con los libros, como lo demuestra la hospitalidad de Literary Man. Son cerca de 60 mil los libros que se exponen en sus diversas estanterías, en espacios tan acogedores como lo son el restaurante, el bar o los pasillos que nos llevan de un área a otra, además del estudio en el segundo piso.

A diferencia de otros hoteles que utilizan los libros como mobiliario y los huéspedes no pueden leerlos ni mucho menos comprarlos (un pecado “de lesa literatura”), en éste todos los ejemplares están a la venta, con el precio en la primera página. La colocación del precio es a la usanza de las librerías de usados, esto porque el acervo bibliográfico que se ofrece en el hotel es de ese origen. Pros y contras: por un lado la diversidad (libros en portugués, inglés, alemán, español); por otro lado el pequeño caos que impera (pretexto de más para pasarse un buen rato escudriñando los libreros).

En su restaurante principal, un amplio salón rodeado de libreros casi en su totalidad: sólo se reserva una esquina para la cava, cuyo acomodo de botellas combina bien con la disposición de los libros a su alrededor. Entre las mesas hay un par de salas, para pasar con mayor comodidad la velada. Como era de esperarse, las mesas están decoradas con elementos librescos: portadas (seguramente de libros deshojados), pliegos aleatorios (algunos con retratos de escritores). La comida y bebida abogan por un estilo portugués: en la carta abundan los vinos tinto y blanco (en este último con la famosa categoría de los “vinos verdes”), originarios de las regiones más características de Portugal (el Duero al Norte y Alentejo al Sur). Para alimentarnos (pues “no solo de libros vive el ser humano”), la carta ostenta ingredientes ligados a la cocina portuguesa, como el bacalao o las sardinas, pero lo mismo encontramos platillos con ingredientes habituales a nuestra cocina, con el toque luso: puerco, róbalo, cordero o pulpo. Para otra comida, un restaurante recomendable es el llamado A Nova Casa de Ramiro, a tan solo unos pasos del hotel.

La sala de estar en el segundo piso del Literary Man Óbidos Hotel dispone una gran mesa en u, coronada por una gran banca de madera, cual biblioteca de antaño. Allí es el lugar para sentarse a leer o trabajar luego de recorrer la ciudad. En sus pasillos hay otros libreros, menos vistosos pero igual cargados de muchas obras (novela, ensayo, poesía… de todo).

La ciudad

Históricamente, Óbidos es un espacio donde conviven reminiscencias de la época antigua, del gótico, renacimiento y barroco. Buena parte de su historia se centra dentro de la fortificación, con una especie de mirador al que se puede ascender por medio de unas escaleras un tanto estrechas, pero vale la pena para observar desde la altura el verde de la naturaleza, por un lado, y la pequeña ciudad, por el otro (cementerio incluido).

La puerta de entrada a la “villa” data de 1380, mismo siglo que la Iglesia de San Juan Bautista, ubicada al exterior. Ya en el interior los libros seguirán apareciendo a nuestro paso, primero con la Livraria do Mercado Biológico, cuyo nombre evoca la ambientación (algunos libreros son viejas cajas de mercado, reutilizadas). Otro espacio de libros está justo al final del recorrido, con la Iglesia de Santiago, actualmente convertida en librería (una señal de la deificación que hacen ciertos lectores de los libros: los ejemplares resguardados en un templo). El inmueble se construyó en 1186, pero requirió una reconstrucción después de 1755 por el fatídico terremoto (el sismo que inspiró a Voltaire su novela “Cándido o el optimismo”).

Entre las tiendas y los puestos en la calle, dentro de la villa, otros sitios turísticos son la Iglesia de San Pedro, la Galería Novaogiva y un museo de arte sacro (en el Solar de la Plaza Santa María, del siglo XVIII).

Cosecha de sabores

Por las calles amuralladas hallaremos otros atractivos turísticos, con tiendas de recuerdos y pequeños locales para tomar o comer.

Portugal es un país de vinos (vinos y libros, tenemos que decirlo), pero también hay licores que endulzan el paladar, con un buen maridaje.

Dentro de la villa de Óbidos hay una taberna tradicional donde se vende el típico Ginjinha D’Óbidos, un elíxir que se lleva bien con quesos y salchichas ahumadas (al momento). El Ginjinha se prepara con cerezas de ginja, canela y aguardiente, y allí mismo se puede comprar la botella para traerla a casa.

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