/contenidos/2017/12/02/noticia_0085.html
Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Viernes, 22 de Junio 2018

Nostalgia que sabe a café y música

El resurgimiento de un pequeño pero emblemático centro cultural como lo es el Rojo Café, es un ejemplo de que “por amor al arte” es posible reconquistar a un público de nicho

Por: Héctor Fernando Navarro Vázquez

DESDE CERO.  La nueva ubicación se encuentra en la calle Campo Real 809, Fraccionamiento Lomas de Zapopan. CORTESÍA

DESDE CERO. La nueva ubicación se encuentra en la calle Campo Real 809, Fraccionamiento Lomas de Zapopan. CORTESÍA

A principios del nuevo milenio un ingeniero en electrónica dedicado a desarrollar programas de software entró en crisis existencial y se cuestionó qué estaba aportando a la sociedad. Su nombre, Alfredo Saras Rangel. Nerd de profesión, trovador por vocación y pasión, se aventuró sin conocimiento previo en el mercado en un mundo que lo apasionaba: La música y su factor en el entorno social.

 

La odisea tuvo la génesis en 2001, una casa antigua ubicada en Guadalupe Zuno 2027, casi esquina con Avenida Chapultepec, era el restaurante ‘Rojas de Manzano', mismo en que Alfredo fungía como programador de espectáculos artísticos, sin embargo al paso de un año el lugar cambió de dueños y quedó bajo la tutela de Saras Rangel. De tal suerte, en enero del 2002 el mundo conocía el concepto de ‘Rojo Café’, creado y destinado a fomentar, contribuir y facilitar la actividad artística, la sensibilidad como agente de cambio, mismo que tras 14 años tuvo que cerrar sus puertas, pero en el último trimestre del 2017 emana destellos de resurgir cual Ave Fénix y comienza su camino para volver más fuerte y mejorado.

“Al proyecto Rojo Café le tuve que poner pausa más a fuerza que por voluntad. No porque haya querido, sino porque lo tuve que hacer”, confiesa Saras con voz entrecortada pero con la convicción de que en un futuro no muy lejano volver a posicionar al centro cultural como un referente de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Ese que servía para exponer obras, leer prosas, y conjuntar amenas tardes en compañía del cacao.

Sigiloso, discreto, cauteloso, sin mucho aspaviento, apareció un mensaje en las redes sociales del Café: “Rojo Café, Baguettes & Deli... los esperamos” se leía mostrando la fachada de la nueva sede del lugar, pero ¿es un regreso del Rojo Café tal y como estaba ubicado en Chapultepec? ¿Cuál es el concepto? ¿Qué se puede esperar en este nuevo lugar?

“Es una diversificación del concepto, café y comida en el nuevo domicilio y paralelamente llevamos a cabo eventos musicales y culturales en diversos foros”. Deja muy en claro el dueño.

“No es el regreso al 100 como estaba en Chapultepec porque el local no da para eso, pero tenemos la intención en un futuro. Tengo intenciones, tengo ganas, pero es cuestión de la viabilidad. Cumplir con los gastos, con la reglamentación. No descarto la posibilidad de tener un café cultural como hace años, pero vamos poco a poquito”.

¿Por qué bajó el telón?

A finales del 2014, se decretaba que el monto de los gastos excedían los ingresos, por lo cual se tendría que cerrar. Tras ese anunció tanto la comunidad artística como los clientes manifestaron su apoyo. Socios inyectaron capital económica, se implementó una fuerte campaña publicitaria, sin embargo tras un breve repunte en su afluencia y ventas, se tomó la decisión de bajar el telón, apuntando que el público en general inexplicablemente no respondió, y aunque deja muy en claro que no culpa a terceros por la poca afluencia, acepta que no supieron adaptarse al nuevo público que acudía todos los días en la zona. El cierre definitivo llega con tristeza pero con la consigna de que “cumplió su función como espacio de expresión”.

El centro cultural donde convergían el teatro, el cine, la música y la danza,  no logró surtir los costos del lugar, que entre renta, pago de servicios como luz, agua, teléfono, internet, insumos y nómina ascendían mensualmente entre 90 y 110 mil pesos, monto que desde durante el último año de existencia no alcanzaba, incluso le dejaba una deuda por casi 300 mil pesos.

Así pues, el 31 de marzo del 2016 se daba un cerrojazo al Rojo Café, sin despedida, sin fiesta, sin un tinto al aire que recordara las decenas de artistas que por su entarimado se curtieron y otros tantos que los acercó a su público: Alejandro Filio, Pancho Madrigal, Marwan, Jaramar, Iván Ortiz, Miguel Inzunza, Paulino Monroy, Virulo, Radio Patías, por citar algunos.

Un regreso con cautela

A más de año y medio de cerrar, quien ahora se emplea como Coordinador de Programación y Acción Cultural de Zapopan, infla el pecho y reboza que el concepto no ha muerto. Con más tranquilidad emocional, menos arrugas causadas por el estrés, recuperando kilos perdidos y con una deuda monetaria mucho menor, acepta el regreso del concepto a paso paulatino, con el ímpetu de resurgir mejor que antes, atacando los puntos flojos y enalteciendo la historia que se fraguó en casi 15 años de existencia y con nuevos bríos.

La  nueva sede se ubica en Campo Real #809 esquina Torre Molino en el Fraccionamiento Lomas de Zapopan, a unas cuadras de lo que será la primera estación de la Línea 3 del Tren Ligero, atendiendo viernes, sábados y domingos de 17:00 a 22:30 horas, pero no es del todo nueva para Saras.

“En 2013 comencé con la idea de ampliar la franquicia y parte de la ampliación fue este lugar. Por aquellos años lo bauticé como ‘Expreso Café’, una extensión del Rojo Café”. Ambos sitios trabajaban paralelamente, sin embargo, debido a la crisis que se vivió en la matriz en 2015, Saras decidió enfocarse en sacar adelante la sede de Chapultepec y dejó de lado la tutela del ‘Expreso’ delegándolo a un familiar quien posteriormente lo convirtió en una pizzería. Ahora retoma el lugar con la consigna de revivir el concepto.

“Empecé a acondicionar el lugar desde hace como dos o tres meses, pero aproveché el 12 de octubre, un día de asueto y ampliamente significativo para terminar de ponerlo a punto y dar la apertura el siguiente día, el 13 de octubre. Es un lugar pequeño, es el punto de partida para reiniciar, por lo pronto sólo contamos con 10 mesas que dan para 40 comensales en total. Es chiquito, pero con toda la esencia y curaduría del Rojo, el mismo grano de café que tanto gustaba para degustar en el sitio o llevar a casa. Tenemos vinos tintos, baguettes y demás comida clásica de nosotros, de ahí el nombre que se lee en la fachada ‘Rojo Café, Baguettes & Deli’, por ahí contamos con un pequeño espacio para un trovador de vez en cuando y para uno que otro músico que podamos programar”.

Este regreso se da con muchas reservas y con cambios significativos, el más, sin duda, es la división del concepto de restaurante y de eventos culturales. “La marca Rojo Café tiene varios tintes, diversos sabores, varios matices. Por lo pronto coexistirán unitariamente los servicios de cocina y eventos por separados; alimentos y café la nueva sede y los eventos en diversos teatros y auditorios por la ciudad como Casa Productora”. De hecho esta última lleva en funcionamiento cerca de un año. Concepto en el que se trabaja de la mano con artistas como Radio Patías, Virulo, El Borlote y demás artistas que tenían como centro de presentaciones el Café. Ahora la Casa Productora hace la función de logística de las presentaciones, teniendo al Club Atlas Colomos, El Foro Periplo, el Auditorio Charles Chaplin y demás recintos, como sede de los espectáculos. 

Este artículo forma parte del SUPLEMENTO TAPATÍO. Búscalo cada domingo en la edición impresa de EL INFORMADOR o navega la edición hojeable a continuación:

 

Temas

Lee También

Comentarios