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Lunes, 22 de Octubre 2018

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Lo que el tiempo se llevó

Movimiento Ciudadano se convirtió en la fuerza hegemónica de Jalisco, apelando más al pragmatismo que a la seducción

Por: Enrique Toussaint

Lo que el tiempo se llevó

Lo que el tiempo se llevó

Hace seis años, la derrota esbozó el camino al triunfo. Enrique Alfaro cayó frente a un PRI ascendente, y Movimiento Ciudadano se convirtió en la segunda fuerza política de Jalisco. Unánimemente pensamos: una semana más de campaña y los resultados habrían sido distintos. Alfaro emocionó y sacudió Jalisco con una campaña que le permitió situarse como el relevo natural en 2018.

Tres años después, la inevitable victoria en la ciudad catapultó al alfarismo. Como una ola imposible de detener, MC se quedó con ayuntamientos, mayoría en el Congreso y un aviso a navegantes: el Gobierno del Estado sería el siguiente paso para el proyecto naranja. El día llegó y MC conquistó todo lo que podía conquistar. La ciudad, el Congreso, la gubernatura, Senado, decenas de municipios y un larguísimo etcétera. Nueve años después de que el grupo político alfarista ganara la alcaldía de Tlajomulco, MC se convertía en la plataforma política hegemónica del Estado.

Sin embargo, a pesar del indiscutible éxito conseguido en poco tiempo, existe la sensación de que la emoción que desató Enrique Alfaro hace seis años, quedó en el camino. MC pasó de ser una máquina ilusionante y seductora a la máquina del pragmatismo y la eficacia. El legitimismo fue sustituido por un realismo inquebrantable.

La victoria suele nublar. Pocos textos transpiran tanta sabiduría política como “fuegos y cenizas” de Michael Ignatieff. Ahí, quien fuera eterno candidato liberal a primer ministro en Canadá, comparte lo que significa el fracaso en la política. La derrota modela más que el triunfo. Las caídas esculpen la resiliencia y permite distinguir lo importante de aquello que es accesorio.

Radicalmente diferente a los triunfos, en donde cualquier ventaja parecería excusa suficiente para eludir la autocrítica.
Aristóteles Sandoval lo entendió tarde. La primera mitad del sexenio del actual gobernador priista conjugó arrogancia, pragmatismo, falta de oídos y concentración de poder. Gobernó con los suyos, con un grupo compacto de leales, que nunca tuvieron la osadía de contradecir al “jefe”. Un gobernador con el 38% de los votos que sentía que no debía escuchar a nadie.

andoval comenzó a corregir tras la debacle electoral de su partido en 2015, salvando así su aprobación como gobernador pero que no podía devolver el tiempo perdido. El resto era historia escrita.

Enrique Alfaro arriba a Casa Jalisco con un innegable bono democrático. El 39% del total de quienes acudieron a las urnas tacharon su nombre en la boleta. MC logra conquistar la totalidad de la Zona Metropolitana de Guadalajara y 14 diputados -más otros 6 perredistas o panistas que lograron su triunfo gracias al empuje de su proyecto político-. Y es que el toque amargo de la victoria de Alfaro no se expresa en números. Sino en “sensaciones”. Cuatro reflexiones que son fundamentales para entender este contexto.

Primero, Enrique Alfaro sustituyó la ilusión y la seducción por una plataforma partidista estatal que le garantizaba la victoria. Me decía un alto dirigente de MC: “en 2012 emocionábamos mucho y perdimos; hoy emocionamos menos, pero ganamos todo”. El pragmatismo supuso para MC el acceso a la cuota de poder más alta que ha tenido ningún partido desde 2006, pero matiza el bono que Alfaro tendrá de parte de los electores. Enrique Alfaro sacrificó el discurso de la legitimidad y el antisistema por la eficacia.

Segundo, MC se ha distanciado de las organizaciones de la sociedad civil y los núcleos de activistas que fueron fundamentales para entender el despegue de un proyecto alternativo con altos niveles de ciudadanización. Un proyecto que nació abierto, poroso, con altísimo protagonismo de la sociedad civil comenzó a volverse más hermético.

Y es que una virtud de MC fue concebirse con un pie en las instituciones y el otro fuera de ellas. Entender que la política no sólo apelaba a los congresos, los cabildos o los palacios, sino también a la calle, las aulas y los colectivos. Sin recomponer la idea de un proyecto poroso, viviremos choques constantes como existieron durante la administración de Enrique Alfaro en Guadalajara.

Tercero, las alianzas lastimaron el espíritu de cambio con el que el alfarismo sedujo en 2012. Su oposición y sus críticas al PAN fueron sustituidas por una alianza en el 60% de los municipios de Jalisco y apoyo, también, a su candidato presidencial; el proyecto rebasó líneas rojas que Alfaro había marcado como el acuerdo con el Grupo político de la UdeG. La política no se hace con puras “almas de la caridad”, pero los acuerdos que ha delineado MC sólo buscan acumular más poder. El proyecto no aparece por ningún lado.

Cuarto: pérdida de identidad. Movimiento Ciudadano nació como un proyecto de regeneración de la vida pública y que nunca entendió su papel dentro de las coordenadas ideológicas. Había, y las hay, gente de derecha y de izquierda, liberales y conservadores. Parte de la transversalidad que logró el alfarismo se debe a dicha amalgama. Empero, al igual que sucede con Morena, la tentación hegemónica erosionó los filtros. Todos caben. Sean priistas, perredistas, panistas, universitarios, activistas, empresarios. Más allá de un compromiso con el combate a la corrupción y la transparencia -algo que debería existir en todos los gobiernos- los distintos gobiernos emanados de MC no comparten nada. Como todo proyecto que se amplía, el riesgo es la pérdida de la identidad y los símbolos que dotaron de sentido a la acción política.

No sabemos cuánto durará la hegemonía naranja. No es descabellado señalar que, por primera vez en nueve años, el partido ya manda signos de desgaste. El primer trienio de la gubernatura de Alfaro será clave porque tendrá todas las condiciones puestas para dar resultado y empujar el proyecto de refundación al que se comprometió en campaña. Más que celebración y euforia, Alfaro debe ser autocrítico y recuperar esas señas de identidad que catapultaron a MC para convertirse primer en la fuerza antipriista más importante de Jalisco y luego en el partido hegemónico. Sabemos que el electorado jalisciense es sumamente severo y ya no otorga periodos de gracia interminables.

 

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