Martes, 20 de Octubre 2020

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Suplementos | Domingo vigesimooctavo ordinario

Invitados a la fiesta del Reino

Los que somos llamados por Dios gratuitamente no debemos engañarnos con una falsa seguridad de la salvación, porque muchos son los llamados y pocos elegidos

Por: Dinámica pastoral UNIVA

"La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentre". WIKIPEDIA/«Parábola del Gran Banquete»

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Is. 25, 6-10.

«En aquel día, el Señor del universo
preparará sobre este monte
un festín con platillos suculentos
para todos los pueblos;
un banquete con vinos exquisitos
y manjares sustanciosos.
Él arrancará en este monte
el velo que cubre el rostro de todos los pueblos,
el paño que oscurece a todas las naciones.
Destruirá la muerte para siempre;
el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros
y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo.
Así lo ha dicho el Señor.

En aquel día se dirá:
“Aquí está nuestro Dios,
de quien esperábamos que nos salvara.
Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae,
porque la mano del Señor reposará en este monte”».

SEGUNDA LECTURA

Flp. 4, 12-14. 19-20.

«Hermanos: Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza. Sin embargo, han hecho bien ustedes en socorrerme, cuando me vi en dificultades.

Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria a Dios, nuestro Padre, por los siglos de los siglos. Amén».

EVANGELIO

Mt. 22, 1-14.

«En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados».

Invitados a la fiesta del Reino

La enseñanza básica de la parábola de hoy es la vocación universal al reino de Dios que, de acuerdo con la tradición bíblica, se describe como un banquete. Los que somos llamados por Dios gratuitamente no debemos engañarnos con una falsa seguridad de la salvación, porque muchos son los llamados y pocos elegidos. Así se nos invita a dejar que el Espíritu renueve nuestra mentalidad para revestirnos de la nueva condición humana del hombre nuevo, creado a imagen de Dios, justicia y santidad verdaderas.

La Eucaristía es el gran signo del banquete del reino y anticipa el eterno festín mesiánico. Por eso la misa dominical no es ningún deber triste y penoso, sino una participación en la fiesta de Dios y de los hermanos. ¡Dichosos los invitados al banquete de bodas!

Ahora bien, la importancia y alegría de una invitación se mide por la categoría del que nos invita, pues la atención significa entrar en el círculo de sus amigos. Y ¡cómo no ir, si el que nos convida es Dios! A nosotros nos toca dar una respuesta agradecida a la gratuidad amorosa del Señor. Desgraciadamente abundamos con frecuencia en las escusas de los primeros invitados de la parábola, y por la ceguera de nuestros mezquinos intereses nos autoexcluimos de la fiesta.

Tres son las condiciones para una respuesta adecuada a la invitación de Dios.

a) Tener alma de pobre, estar disponible para Dios y los hermanos, vivir con el corazón desapegado del consumismo, compartir con los demás lo que se tiene.

b) Vestir el traje apropiado, es decir, convertir la mente, el corazón y la vida. Dios siempre está dispuesto a cubrirnos con el vestido nuevo del hijo pródigo, que es su amor de Padre, y a contarnos como elegidos entre los llamados.

c) Talante alegre y fraternal. Finalmente, a la invitación de Dios hemos de responder no con la autosuficiencia, ni con la tonta excusa, ni con el voluntarismo ético del mérito y la contabilidad espiritual, sino con un talante incondicional y alegre, porque todo lo podemos en Aquel que nos conforta.

En el tiempo que nos toca vivir hemos de echar mano tanto de la fe como de la caridad, aunando en nuestra vida personal estas dos dimensiones, que son las que nos relacionan decisivamente tanto con Dios-Trinidad como con nuestro prójimo, de manera que todos seamos capaces de vivir la experiencia del «banquete de bodas», al que el Padre del cielo nos invita para celebrar la presencia salvadora de su Hijo Jesucristo, presente realmente en la Eucaristía.

Honrosa invitación

El mensaje de Jesús, el Hijo de Dios, no está circunscrito a cierto tiempo, ni es exclusivo para determinado grupo de personas y/o en circunstancias que lo limitan. Siempre es sabiduría divina, para toda la humanidad y en todos los tiempos.

Hoy, una parábola más. El escenario es el mismo que el de los domingos pasados: Son los últimos días de la vida pública de Cristo; ha subido a Jerusalén, de donde ya no saldrá sino al Monte Calvario, llevando a cuestas la cruz, a la muerte redentora y la resurrección.

Está en el templo rodeado de los ancianos, los escribas, los sacerdotes de la antigua alianza, todos ellos interesados en poder encontrar en Jesús el error o la violación a la ley, para tener punto de apoyo para acusarlo, para quitar esa presencia y esa palabra que los inquieta, que denuncia y descubre sus maldades.

Hoy, una parábola más: La del rey que envía a sus mensajeros a invitar a los amigos y conocidos, a las bodas de su hijo. Es honrosa la invitación; es una distinción ser invitado a la mesa del rey.

Esta parábola, como todas las del Evangelio, encierra una profunda enseñanza. Todo es simbólico y los personajes de la parábola hacen inteligible el misterio del amor de Dios, que siempre toma la iniciativa, siempre busca al hombre, siempre lo llama, siempre lo invita, porque quiere que se salve; y espera la respuesta, porque libre es el hombre y, como tal, puede responder que sí va a la boda o que no quiere ir.

La parábola es la imagen de los hombres de entonces y los de ahora; es la apatía, la negligencia, la pereza de muchos, o tal vez la ignorancia de unos que no acuden al banquete de bodas; y de otros, perversos, que trataron mal a unos, los insultaron y los mataron.

Es de nuevo el simbolismo: Es el pueblo de Israel siempre favorecido por la mano bondadosa de Yahvé Señor, aunque algunas veces la respuesta fue de rebeldía o murmuración, y hasta cayeron ciegamente los hebreos en la sima de adorar ciegamente a un becerro de oro.

Los profetas les eran molestos porque eran mensajeros de la verdad, y ésta es dura, es una espada de dos filos. No querían escucharlos, los perseguían y hasta llegaron a quitarles la vida.

Dios es amor, es misericordia, y su permanente actitud es una constante invitación al banquete, a la salvación de todos los invitados.

José Rosario Ramírez M.

De fraternidad y amistad: Fratelli Tutti

El pasado 3 de octubre, “junto a la tumba de san Francisco” y en víspera de la fiesta del pobre de Asís, el papa Francisco firmó su carta encíclica Fratelli Tutti. Este documento, al que se le identifica como la encíclica social de este pontificado, invita a dejar fluir en el corazón un amor profundo y abierto por la humanidad (el “celo por la humanidad” como expresara Clavigero); un amor que conduzca a una “amistad social” y a una “fraternidad abierta” que permita “reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física”, más allá de todos los prejuicios y condicionamientos que muchas veces impiden que nos miremos con cariño, ternura y misericordia.

Aun así, y sin dejar de reconocer varios de los aspectos de la realidad (como el fin de la conciencia histórica, el “descarte” mundial, la falta de universalidad de los derechos humanos, sometimientos, desprecios, guerras, atentados, persecuciones, afrentas a la dignidad humana, falta de rumbo y tragedias sanitarias como la actual pandemia) que nos desdibujan como una “comunidad mundial que navega en una misma barca”, la encíclica presenta e invita a vivir varios “caminos de esperanza”, caminos que conduzcan nuestro espíritu a “la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor”. Es aquí la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37) la que el documento papal presenta “a todas las personas de buena voluntad” como un modelo de inspiración y motivación para animarlos a vivir la dimensión de proximidad, amistad y fraternidad humanas. Para lo anterior, será indispensable comenzar a “pensar y gestar un mundo abierto”, tener apertura de corazón, generar una “caridad política y social”, así como cultivar diálogos y reencuentros que conduzcan a bienes siempre más universales.

Ojalá que el espíritu y las invitaciones que nos presenta la encíclica Fratelli Tutti nos lleven a replantear y recrear más fraternal y cariñosamente nuestra convivencia y comunidad humanas, así como a renovar nuestra esperanza en estos tiempos de vulnerabilidad e incertidumbre, una esperanza, ciertamente en Dios, pero también en esta humanidad en la que el Señor “sigue derramando semillas de bien”.

Arturo Reynoso, SJ - ITESO

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