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Lunes, 23 de Julio 2018

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El viaje heroico de Alicia al País de las Maravillas

A 120 años de la muerte de Lewis Carroll, exploramos los simbolismos que caracterizaron a una de sus obras cumbre

Por: Ruth Romero

El viaje heroico de Alicia al País de las Maravillas

El viaje heroico de Alicia al País de las Maravillas

Lewis Carroll, seudónimo por el cual es mundialmente conocido Charles Lutwidge Dogson, nació en 1832 y tan sólo 33 años después, publicó la novela que pronto se convirtió en un clásico de la literatura infantil gracias a la original y exitosa combinación de fantasía, locura y absurdo con paradojas aparentemente lógicas, “Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas”.  

Pese a trascender por dicha obra y su continuación, “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí” (1871); el autor inglés no se dedicó puramente a la literatura, a los 25 años ya tenía una plaza como profesor de matemáticas, aunque un par de años antes colaboró en revistas cómicas y literarias.

Su obra más popular es sin duda alguna su primera novela, sin embargo, ésta ha sido objeto de múltiples especulaciones respecto a la sexualidad del autor, así como al contenido inapropiado para los niños. Sin embargo, estas ideas no han logrado desprestigiar a la obra, por lo que hoy en día, 120 años después del fallecimiento de Lewis Carroll, “Alicia en el País de las Maravillas” es una obra literaria de culto, leída tanto por niños y adultos, y reeditada una y otra vez.

De cero a heroína

Los motivos de su éxito y trascendencia son variados, y dependerán bastante de la perspectiva y gusto del lector, quien podrá encontrar simbolismos que representan historias o enseñanzas diferentes en cada lectura, pues la novela está llena de éstos, por lo que aquí proponemos un breve recorrido por la historia de Alicia a través del tema que prevalece durante toda la narración: la transformación.

Desde la estructura de la novela se indica el cambio que vivirá el personaje principal, ya que utiliza lo que Joseph Campbell definió como “el viaje del héroe” en “El héroe de las mil caras” (1949). Éste consta de un ser que se aleja de su hogar para vivir aventuras, que dejarán aprendizajes en él, para después de un espiral de crecimiento, retornar a su lugar de origen transformado interiormente.

Es una organización de la trama fácilmente reconocible en otras, puesto que se trata de una progresión de la historia junto con el protagonista, quien, de ser un personaje común, se convierte en el héroe de la historia al sortear obstáculos; está presente tanto en mitos y leyendas milenarios, como la historia de Ulises u Odiseo o todavía más antigua, la historia de Gilgamesh, hasta éxitos recientes, como Harry Potter.

Sucede con Alicia, pues en un principio de la historia es una niña normal que se encuentra en compañía de su hermana mayor bajo un árbol. Es la primera etapa del viaje del héroe: el protagonista se encuentra en su ambiente natural.

Enseguida, un conejo peculiar pasa, como símbolo del llamado para que el protagonista salga de su hogar y se embarque en un viaje. El animalito atrae la mirada ociosa de Alicia, por lo que lo persigue. Entra por la madriguera del Conejo Blanco, cruza así el primer umbral; cae en un salón iluminado rodeado de puertas cerradas que Alicia no consigue abrir debido a su estado de no-iniciada.

Ayudantes fantásticos

La iniciación consiste en las pruebas que se le aparecerán a Alicia, parte importante de ellas, son los personajes que conoce durante su recorrido que la ayudan a continuar su viaje. Campbell llama al personaje que ayuda al protagonista como “la ayuda sobrenatural”; Harry Potter tiene a Dumbledore, por ejemplo, y Alicia tiene al Ratón, primeramente, quien la ayuda a salir de la laguna de sus propias lágrimas.

Después, aparece el Gato Cheshire, quien le brinda la información esencial a Alicia respecto al lugar donde se encuentra, así como el Conejo Blanco, aunque éste suele ser más sutil. El Grifo, la Falsa Tortuga, la Duquesa que la llena de moralejas esópicas; el Sombrerero Loco, la Liebre de Marzo y el Lirón que ofrecen la noción de no-tiempo; son algunos de los personajes que cumplen la función de ayudantes, cada uno en diferentes maneras y con diferentes conocimientos o aportes.

Y por supuesto, la Oruga, quien le explica el funcionamiento de los hongos para crecer o empequeñecer. Chevalier, en su “Diccionario de los símbolos” (1986), rescata que la oruga es un símbolo de la transmigración, lo cual, brinda al lector otro nivel de lectura, así como el propio viaje del héroe, ambos indican la transformación que Alicia está viviendo.

Ser uno mismo

El cambio que vive Alicia durante su recorrido por el País de las Maravillas, se refuerza por sus constantes cuestionamientos de su identidad. Desde las primeras hojas de la trama, cuando crece y empequeñece, la niña se pregunta si no será otra persona. Más adelante, en diferentes diálogos, vuelve a preguntarse acerca de su existencia, su razón de ser y su desconocimiento de ella misma.

Los cuestionamientos que Alicia se plantea sobre sí misma, son indicios para que el lector logre relacionar la trama de la historia con el crecimiento o el paso de la niñez a la juventud del personaje principal, es decir, con la transformación ya mencionada simbolizada tanto en la oruga como en la estructura de la trama en general.

Además, otro símbolo representativo de lo anterior, es la caída con el que el viaje de Alicia comienza para llegar al lugar fantástico. En el inconsciente colectivo de la sociedad occidental, el descenso, está relacionado con el infierno o el inframundo, espacio que, para el simbolismo según Eduardo Cirlot en su “Diccionario de símbolos” (1962), es el viaje al inconsciente. Sin embargo, la caída de Alicia, también se podría relacionar como un viaje al interior de la tierra en lugar del inframundo, espacio que simboliza el retorno al seno de la madre, es decir, a los orígenes.  

De ambas maneras, el viaje de Alicia, como el viaje del héroe en general, se torna en el viaje interior necesario de todo ser humano para el crecimiento personal. Dicha introspección como método del desarrollo íntimo del hombre, es una sabiduría ancestral; basta con recordar la sentencia del Oráculo de Delfos alrededor del siglo V a.C.: “Conócete a ti mismo”.

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